la evaluación de las humanidades

El jueves 28 y el viernes 29 de enero se realizaron en la Universidad de Barcelona unas jornadas sobre la evaluación de la investigación en humanidades y en ciencias sociales a instancias de la Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca (AGAUR) de la Generalitat de Catalunya. Esta iniciativa abre un proceso participativo en la discusión sobre cómo evaluar la práctica de la investigación entre el profesorado universitario por las agencias institucionales que responde a un clamor de las investigadoras e investigadores en estos ámbitos para que los criterios de evaluación se adapten a las especificidades de nuestra práctica y no sean simples traslaciones directas de los varemos que se aplican en las ciencias de la naturaleza y experimentales.

La ponencia de Joan Manel del Pozo dejó muy claro que no se trata de que las humanidades y las ciencias sociales sean “otra cosa” que se rija por principios distintos a las demás ciencias y áreas de conocimiento, no hay una división epistemológica, sino una división más bien ontológica -de la naturaleza de nuestros objetos de estudio-, y una distinta valoración social, que ha conllevado distintas narrativas de legitimación que hemos heredado del pasado siglo sobre lo que significa hacer ciencia (ciencia “útil” -produce “técnica”- frente a saber “ornamental” -produce “arte”-), división que actualmente es indefendible. La ponencia de Jurgen Barkhoff, por otra parte, mostró que en Europa, la economía de la cultura mueve actualmente más dinero que la industria del automóvil, por ejemplo. Pero no es solo eso, hay que revisar la importancia dada a las patentes en el modelo “normalizado” de currículum vitae, hablar más bien de “transferencias” y tener en cuenta que una conferencia o un documental es una forma de transferencia de conocimiento a la sociedad, aceptar nuevas formas de publicación como el open acces, la autopublicación en Internet o la práctica blogger.

Sin embargo, hay que revisar los criterios de evaluación de la actividad investigadora desde la visión de la práctica científica del siglo XXI, y no caer en un “revisionismo” que suponga un inmovilismo y a una visión romántica de las humanidades como un mundo a parte o de una idiosincrasia tal que no permita la comparación y una estandarización mínima de criterios consensuados. En esta dirección, las jornadas han sido un paso adelante hacia la necesidad de poner en común lo que consideramos buenas prácticas, nuestros problemas y necesidades, y hacerlo con la participación de los profesionales en distintos momentos de su trayectoria -desde investigadores noveles hasta seniors- que evalúan y deben ser evaluados , pero sobre todo, que contribuyen con su práctica cotidiana a definir qué es eso que llamamos humanidades y ciencias sociales.

Los grupos debatimos sobre los siguientes puntos -apunto mi percepción de las conclusiones en el grupo1-:

1. ¿Cuáles son los principales problemas en la evaluación de la investigación en Humanidades y Ciencias Sociales?
– El principal problema es tomar como modelo las llamadas “ciencias experimentales” y sus patrones de medida de la investigación como referente universal.

2. El papel de los libros o artículos en las Humanidades y Ciencias Sociales y el papel de las lenguas no hegemónicas y temáticas territoriales en la producción y difusión científica. Cuáles han de ser los criterios para determinar el valor de una publicación y cuál es el papel de los distintos listados de referencias y medidas bibliométricas?
– Los libros son importantes en las Humanidades y Ciencias Sociales, y especialmente cuando son monografías que presentan el producto y resultados de la investigación, no pueden “contar menos” que una publicación “ISI”. La base de datos de revistas indexadas “ISI” no es completa en Humanidades y Ciencias Sociales, no puede ser un único referente de calidad. Hay que tener en cuenta otros índices, como el Latinindex, y promocionar tanto la internacionalización de nuestra práctica como su afianzamiento en nuestro contexto local.
– Las publicaciones en lenguas minoritarias o no hegemónicas también deben considerarse parte de la producción científica de calidad, siempre y cuando las revistas cumplan con los requisitos de calidad científica. Hay que tener en cuenta que ciertos ámbitos de conocimiento son más locales y/o territoriales que otros, pero la localidad de la investigación no ha de ir en detrimento en la valoración de  su contribución al conocimiento general.

3. La calidad de la investigación versus la calidad de la difusión. Cuáles deben ser los criterios de calidad en la investigación en Humanidades y Ciencias Sociales?
– Hay que entender la difusión de conocimiento como una forma de transferencia de conocimiento a la sociedad, puede ser en distintos formatos, desde exposiciones, hasta libros, conferencias, películas, blogs o productos multimedia.

4. La evaluación a través de referentes versus la evaluación directa de las contribuciones científicas. Es posible su complementariedad?
– Hay que buscar un equilibro entre las formas directas e indirectas de evaluación. hay que revisar y flexibilizar las formas indirectas en función de la especificidad de cada ámbito de conocimiento.

5. La intensidad de la investigación (volumen de publicaciones) y las figuras de acreditación. Diferentes figuras de acreditación requieren diferentes volúmenes y calidad de la difusión?

6. El papel de los grupos de investigación en la producción y evaluación científica. y el potencial del grupo investigador. Contexto de oportunidades y producción científica.
– Se valora la creación de grupos de investigación con trayectorias más allá de proyectos concretos de investigación, que sean interdisciplinarios y intergeneracionales (el marco de trabajo de investigadores junior y senior).

7. La investigación y la transferencia de conocimiento en las Humanidades y Ciencias Sociales. Problemáticas y potencialidades.

Supongo que pronto estarán colgadas las conclusiones y propuestas de los destintos grupos. Mientras, dejo ahí un meme-tube polémico sobre el asunto de la difusión de las Humanidades y nuevas formas de publicación:
Digital Humanities and the case for Critical Commons

ciencia tranquila

professor

El movimiento Slow Science no es una respuesta resentida al imperativo “publish or perish”, tampoco se trata de volver a la torre de marfil académica, apartada del mundanal ruido, lejos del mundo empresarial y del capitalismo mutante. No niega tampoco el valor de la competitividad en la práctica científica y la gratificación por el trabajo bien hecho. Pero si que de algún modo implica una actitud de resistencia. Resistencia a que la actividad científica sea evaluada exclusivamente con parámetros cuantitativos o que los índices de calidad en su producción se realicen en función de unos ránquings internacionales que no tengan en cuenta la diversidad interna de los ámbitos de conocimiento, las concreciones locales y la pluralidad lingüística. Resistencia a que la producción de conocimiento sea engullida por una política universitaria consistente en potenciar un “star system” que demanda un esfuerzo sobrehumano y que todos seamos como House o Messi, sin aportar además los recursos necesarios para el desarrollo normal de la actividad docente e investigadora. Resistencia a que los objetivos estratégicos individuales o colectivos -conseguir estar en el ranquing internacional de “buenas” universidades, conseguir las horas de docencia y las publicaciones que hacen falta para acreditarse – sean antepuestos a objetivos académicos, que sean las motivaciones principales que orienten nuestras metas. Claro que queremos publicar, claro que hay que ganarse el puesto, claro que hay que colaborar con empresas e instituciones, pero todo eso debería ser una consecuencia de una trayectoria continuada y seria en un campo del saber, no un fin en sí mismo. La metáfora deportiva tiene un límite. Allà las universidades imaginen que són como equipos de futbol compitiendo entre ellas, yo no quiero imaginar que meto un gol cada vez que logro una publicación, en todo caso, si logro un “eureka”! como en el partido de Alemania vs. Grecia de los Monty Phyton. No quiero sentirme culpable por bloggear en vez de estar escribiendo un artículo, gestionando un proyecto, respondiendo a un alumno, preparando una clase, negociando una colaboración, haciendo el balance de los gastos de un congreso o planificando un seminario, porque eso no cuenta para la ANECA, como explica Juan Julián Merelo en su Postear o perecer, de donde he seguido el link al cómic que ilustra este post (y que incluye un artículo trepidante sobre el multitasking del profesor universitario) y al cual he llegado a través de Tiscar. Que me llamen ingenua, o medieval, si quieren, pero abogo por una ciencia tranquila, que me permita echar una canita bloggera al aire.

slow science

De vuelta de Kobenhavn. La conferencia anual de la asociación internacional de investigadores de internet proponía como lema “rethinking comunity, rethinking place”, pero también se podría haber puesto “rethinking internet” y es que el repensar supone ajustar de nuevo el enfoque teórico en relación con las prácticas observadas, y lo que nos dice “el campo” es que internet es un conglomerado de tecnologías interconectadas cuyos dispositivos van más allá de la pantalla y el teclado del ordenador y que las prácticas en torno a ese objeto distribuido trascienden cualquier intento de acotación del campo al estudio a un “lugar” o a una “comunidad” del “ciberespacio”.

En estos días hemos asistido a la presentación de muchas investigaciones “locales” sobre la red. Estudios empíricos sobre una website o sobre una “social network” entendida a mi ver, también como un “site” en el cual la gente inscribe sus perfiles, y generando asociaciones entre perfiles, supuestamente por afinidad electiva, pero poca cosa más, como decía Marianne van den Boomen, se trata de la aplicación de una metáfora de “red”, del desarrollo de una “sociedad” de perfiles, basada en la idea de convertir la wwww en un espacio para la sociabilidad. Lo que sucede “allá” en esas “redes sociales” no puede deducirse de la observación de su interfície, ni a partir de cuestionarios o entrevistas sobre si los “amigos” de tu perfil son amigos físicos o virtuales y a cuales prefieres más. Lo digo con ironía porqué una de las impresiones generales que me llevo del congreso es la necesidad de parar. Las cosas suceden demasiado rápido y las investigaciones apresuradas aportan muchos datos empíricos, pero no una reflexión teórica que posibilite distanciarse de las metáforas incrustadas en los objetos.

Por ello, Martijn Oosterbaan nos proponía en un paseo post-congreso, tomando un café cerca de Christiania, la necesidad de re-emplazar una “fast science” por una “slow science”. No sé si esto debe ser un precepto o un movimiento colectivo, pero a título individual, me apunto a la “slow science”, además, la impresión que me llevo de la ciudad de Kobenhavn, es de un impulso a un paseo tranquilo, a una pausa sosegada, a una conversación delicada, a una apreciación de los detalles.