visiones

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Antes de seguir con mi trabajo, quisiera fijar la impresión que tuve el domingo pasado en el Museu etnològic, durante la primera sesión de un ciclo de cine etnográfico: “Cròniques pumé. Etnografies de dones indígenes de Veneçuela” a cargo de Gemma Orobitg, de la Universitat de Barcelona, y de Roger Canals, también de la UB.  La sensación de estar ante un proceso de construcción mitológica apasionante, la cosmología de los pumé, y el modo en que los y las pumé explican su experiencia del/en su imaginario, al cual viajan mecidos en sus hamacas.  Su imaginario es constituyente y constituido, al decir de Castoriadis, ya que mantienen con él una relación viva y heterónoma. Castoriadis crítica la heteronomía de los imaginarios colectivos, pero es una manera de reconocer su autonomía. Y esto me recuerda un comentario de Dennis O’Rourke sobre su documental “Cannibal Tours” en el cual expone que una lección del documental es que los aldeanos del rio Sepik en Nueva Guinea experimentan sus mitos como mitos, mientras que los turistas no los reconocen como tales, o los experimentan como síntomas o como histeria. Y es que escuchar a una mujer pumé hablar de su experiencia mítica es toda una lección de antropología, que nos devuelve al “dato” original con el que trabajan los y las antropólogas, y entonces, no podemos ignorar el potencial de la cámara de vídeo, de la grabadora de audio, para registrar los sonidos y las formas -aunque sea parcialmente-, y fijarlos para poder ser disfrutados y examinados, y ampliar así, como diría Malinowski y luego repetiría Geertz, nuestra visión y nuestra curiosidad por lo humano. Es en esos momentos de iluminación en que, para mi, la ciencia antropológica cobra sentido y es una ciencia viva, como la palabra viva de los pumé.

Un toque de atención! La mujer pumé dice en un momento dado de su narración, que lo que cuenta lo ha visto con el pumethó -algo así como su alma-, aunque los jóvenes digan que está “jugando”.

Hace tiempo, con Gemma hicimos una web sobre su trabajo de campo, luego los diseñadores se aplicaron en ponerla “bonita” (la maqueta era rudimentaria pero más  a mi gusto). Aún se puede consultar en la web dels pumé de Gemma Orobitg, como material de curso de la UOC, como funciona el ritual del Tohé y algunas características del universo mítico de los pumé. Espero que cuelgue pronto su material en video sobre su experiencia etnográfica.

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mitológicas: El Mesias y Job

Estrenamos año! Y ya hace un año que por navidades empecé este blog. Como motivo navideño y para celebrarlo, quisiera plasmar (aún que no sé muy bien como) la impresión que me causó la audición de El Mesías de Händel en la iglesia de Santa María del Mar. No sé si es por la música o por los sentimientos que evoca, El Mesías sigue siendo un producto cultural de éxito, llenando las salas de conciertos e iglesias, convertidas en el decorado perfecto para la ocasión. La obra presenta, a mi ver, un texto singular, que la acerca a la opera, ya que el libreto está compuesto a partir de citas bíblicas espigadas de aquí y de allá para presentar un complejo emocional clave del cristianismo: el del mesías (quizás vinculado más estrechamente de lo que parece con otro complejo central en nuestra cultura, el de Edipo) . Y para mí, la esencia de la opera, la que me gusta, es esa: la que presenta complejos emocionales a través de la modulación sonora del sentido de las palabras. Cuando el libreto y la escenografía son tan importantes como la música. La lentitud de la ópera, su parsimonia en la descripción de las emociones que entrañan las relaciones, es imprescindible.

Pero, lo que me llamó poderosamente la atención es la vinculación del tono emocional de El Mesías con las pruebas de Job. No lo había percibido antes y quiero sospechar que se trata de una aportación original del libreto de Charles Jennes y uno de los motivos de Händel. Lo curioso es que durante la audición noté claramente como se entrecruzaban ambas historias, sin saber aún que efectivamente, el aria “Yo sé que mi redentor vive” proviene de una cita del libro de Job. Ambas historias tienen puntos de contacto. Tanto Job como el Mesías son sometidos a una dura prueba por parte de la divinidad, tras ser señalados como sus elegidos. Ambos son vilipendiados, objetos de burla y escarnio por mantenerse fieles a sí mismos; contra toda lógica, más allá de la razón y esperanza humanas, perseveran, confían. El dolor es extremo, físico y emocional: torturados, abandonados por la divinidad y ridiculizados por los hombres. Lo pierden todo. Pero el Mesías no es Job, protegido de la muerte. El Mesías muere, y en el último momento, cede a su propio abandono. Ese es el drama íntimo de el Mesías. La resurrección, su promesa.