nativos digitales

Hay tags que son resultones, como el de “nativos digitales”, que ya es habitual encontrar en los medios de comuniación, y que ya ni se discute ni causa mayor polémica, es útil. Incluso hay blogs que lo utilizan para indicar su temática: “nativos digitales: niños y jóvenes frente a la tecnología“.  Según la wikipedia, Éste término fue acuñado por Marc Prensky, apareciendo por primera vez en su libro Inmigrantes Digitales en 2001 y en el 2008 Enrique Dans le dedicaba un post diciendo  que se utiliza en contraposición  a “inmigrante digital” y que se utiliza para definir a los integrantes de generaciones recientes, personas que han nacido completamente rodeadas por un entorno digital. Se trata de una brecha generacional que no solo separa a los jóvenes de los adultos, sino que además implica modificaciones en los estilos cognitivos profundos, como señalaba Alejandro Piscitelli en el año 2005 en el blog Educación y TIC: “Lo que realmente interesa es saber hasta qué punto las funciones intelectuales, las habilidades cognitivas y las capacidades para volver inteligible el presente complejo, difieren o no en la generación digital respecto de sus padres o abuelos.”

El problema del uso de este término consiste en una “naturalización” de procesos de aprendizaje, como si el hecho de estar en contacto desde pequeños con las tecnologías digitales nunca hubieran tenido que “aprender” a usarlas y a darles un sentido, sino que se relacionan con ellas de forma “natural”, no mediada por el aprendizaje y las prácticas culturales.  Frente a ese uso natural y espontáneo se proponen entonces medidas educativas: adaptar la educación a este nuevo estilo cognitivo, o enseñar a los niños un uso “responsable” de la tecnología.  Además, el término suscita la idea de que están en la “vanguardia”, que marcan “tendencia” y que son de “otro mundo” (El País, 2005), simplemente por el hecho de “militar” o de “habitar” en un mundo distinto de sus mayores pre-digitales que  son “inmigrantes” y tienen un mundo “analógico” con el que comparar el presente “digital” y del cual se sienten “extraños” porque han tenido que aprender a usarlas y adaptarse a ellas. Estos argumentos conllevan explicaciones unidireccionales de cambio social e intergeneracional, y marcan la causa de la diferencia en las propias tecnologías, no en los distintos modos de aprendizaje, de apropiación de las mismas y creación de nuevas. También podría decirse, siguiendo la misma metáfora, que padres y abuelos fueron los “pioneros” de este mundo digital, los primeros inventores, descubridores y colonizadores de este “nuevo mundo” que abrieron nuevos futuros a sus hijos.

El peligro que veo yo en el uso de estas categorías es, por una parte, el innatismo o naturalismo que invisibiliza los procesos de aprendizaje y de socialización en las tecnologías digitales, y por otra, las connotaciones del término “nativo” como opuesto a “inmigrante”.  Finalmente, se utiliza como “tipo ideal” al que se le otroga una serie de características o rasgos de personalidad, atributos, pericias y capacidades, un ethos y un cognoscer diferenciado que se atribuye  a una nueva cultura digital, digna de un estudio antropológico, según danah boyd citada por Juan Freire en el año 2007. Aproximándose a Margaret Mead y la corriente de cultura y personalidad, cada cultura tendría su ethos, su individuo “típico” y unos rasgos de personalidad que l0 definirían. El problema es que para ser “nativo” digital basta con haber nacido después de 1982 (en España) y descargarse videos de Internet. Es decir, el considerar la cultura digital como un todo homogéneo que puede definirse por un conjunto de rasgos o características que la definen frente a otras no-digitales. Pero además, considerar que esos rasgos, y ahí Mead nunca estaría de acuerdo, son consustanciales a todo un colectivo.

Antropología Digital

Foto en Flickr de Patadeperro (tesista)

Antropología digital, antropología virtual, ciberantropología… más o menos son etiquetas -digital, virtual, ciber- que quieren decir la misma cosa: un nuevo campo de estudio para la antropología, sin embargo, no son exactamente equiparables, hay matices.  Yo diría que la “ciberantropología” fue la primera y hacía referencia al estudio de las relaciones humano-máquina, y por extensión, a la re-definición o emborronamiento de las fronteras entre humano/no humano, naturaleza/cultura, biología/robótica, y por tanto incluiría Internet, pero también a la tecnociencia y la biotecnología, los nuevos caminos de intervención humana en la propia genética y composición bioquímica de la especie, y por ende, estudiaría todas las transformaciones en el ámbito de la naturaleza humana y no humana.  En esta dirección, la ciberantropología apunta al estudio del cambio social y cultural de finales de milenio, pero también a las raíces de la ciencia antropológica.

Por otra parte, la ciberantropología suele ir acompañada de otros términos como la cibercultura o el ciberespacio o incluso, la ciberetnografia. Mientras que la “cibercultura” como concepto puede apuntar también a la cultura que surge de las trasnformaciones cibernéticas de finales de milenio, es decir, a una nueva cultura “global” y a un nuevo modelo cultural (Pierre Lévy).  Se ha utilizado más bien a finales de los años 90 del pasado siglo para referirnos a las “culturas de Internet“, es decir a las formas culturales que emergían de la interacción social mediada por ordenador (David Porter).  Pero… también se podía etiquetar así al estudio de las comunidades virtuales, y de ahí, lo de “antropología virtual” para indicar un campo de estudio centrado en Internet y el “ciberespacio”.

Mi percepción es que la “antropología virtual” no triunfó tanto como la “etnografía virtual” que sí que hizo más fortuna a raíz del libro de Christine Hine sobre la Etnografía Virtual (pdf), donde sistematizaba sus principios.  La etnografía “virtual” siguió adelante, a pesar de las críticas al término “virtual” y al hecho de que los investigadores sobre los aspectos sociales y culturales de las tecnologías digitales se decantan cada vez más en ampliar el campo de los trabajos sobre Internet y no limitarse a los entornos “virtuales”, sino que siguen a los actores en sus múltiples actividades cotidianas, de manera que la etnografía “virtual” es un componente más del trabajo de campo etnográfico de toda la vida. Un componente que requiere una reflexión y revisión a fondo del modo de hacer etnográfico, pero eso ya es otra cosa.

Total, que llegamos a la “antropología digital“, que en principio se usa indistintamente con los otros términos citados, pero que suele centrarse en el estudio de las prácticas y artefactos relacionados con las llamadas tecnologías digitales de la información y de la comunicación.  Para algunos, sigue siendo en gran parte, el estudio de las culturas de Internet, como el informe realizado por la Universidad de Kent (pdf) para Talktalk que realiza una tipologia de “tribus”  según  su relación con las tecnologías digitales.  Estas “tribus”  pero, son completamente “etic”, ya que no se analiza si existe una identidad colectiva asociada, siendo entonces tipologías más propias de otras ciencias que no se ocupan de la perspectiva de los actores.  Más interesante es la propuesta del University College London, que ha propuesto un Master en Antropología Digital liderado por Daniel Miller -entre otros- de reconocido prestigio internacional en su aproximación etnográfica al estudio de Internet a partir de un extenso trabajo de campo en Trinidad  (2000).

El master en Antropología Digital no se orienta directamente a la profesionalización (no han sufrido Bologna) pero si a la necesidad de que los estudiantes de antropología se pongan las pilas en materia digital. En el programa se alude a la ubiquidad de las nuevas tecnologías y a la necesidad de una aproximación antropológica para entender sus consecuencias locales, y además, hoy en día los estudiantes necesitan ponerse al día en estas tecnologías como medios de investigación y de comunicación. Además, el master propone trabajar los  componentes clave para el estudio de la “cultura digital”:  1) la habilidad de manejar estas nuevas tecnologías, incluyendo la edición de video digital 2) el entrenamiento en el manejo de teorías antropológicas clave relacionadas con la materialidad y la digitalización, 3) la aplicación del método etnográfico para la comprensión de los efectos de la cultura digital a nivel local. En definitiva, un programa realmente apetitoso. Por qué? Por que supone una actualización de los temas y métodos antropológicos, que ya no pueden escapar por más tiempo al centrifugado o al turmix cultural de estas tecnologías de la comunicación llamadas “nuevas” o “digitales”. Ah! Y no es “profesionalizador” en el sentido de que marquen salidas profesionales “directas”… pero… estos estudios de investigación pura y dura en antropología están patrocinados por Bristish Telecom, Microsoft research, Nokia, British Museum y departamentos de informática y ciencias de la computación de la misma universidad!

Acompañando a esta “antropología digital“, hemos visto aparecer a la “cultura digital” y también, aunque no en el master mencionado, una etnografía digital.  La etnografía digital creo yo que tiene una vida más larga y anterior a la anttropología digital, ya que en un principio hacía referencia a la presentación del trabajo etnográfico en formato digital, y luego, al uso de las tecnologías digitales en el trabajo de campo de toda la vida (es decir, sin que implique necesariamente el estudio de Internet o fenómeno relacionado).  La universidad de Cardiff y Bruce Mason y Bella Dicks son pioneros en el desarrollo de la etnografía digital o hipermedia e hipermediada. Pero quizás el éxito más rotundo a nivel de microcelebridad de youtube ha sido Michael Wesch, que ha introducido la etnografía digital en sus clases, y que realizó el yutubero The Machine is Us/ing Us (2007).

Total, que yo me decanto por la terminología que me parece que está más “cool” en estos momentos, y que es “digital”. Antropología digital  para referirme al campo de estudio de las relaciones a través y con las nuevas tecnologías de la comunicación, y Etnografía digital pare referirme a la práctica etnográfica cuando su campo, método y técnicas se entrecruzan con las susodichas tecnologías. Ahora bien…. y por último…. los campos de estudio nunca son “puros” en sus fronteras y son múltiples las intersecciones dentro y fuera de la disciplina. Personalmente, considero que mi campo de estudio actual no es el de la “antropología digital”, sino el de la “antropología de los media“… pero de ello mejor hablo otro día.

el origen de las redes sociales

Este anuncio de Heineken (la fotografía la he encontrado en Mini-Vit) nos dice que las redes sociales nacen o se consolidan en el bar, frente a unas cervezas, a la vez que la imagen de la botella evoca la imagen típica de los perfiles de facebook (perfil de usuario de medio cuerpo).  La extensión y popularización del software social ha significado el final de una etapa de Internet caracterizada por el anónimato y las comunidades virtuales, hacia una Internet de la gente, en la cual lo importante son las relaciones entre las personas en su vida cotidiana. Para tejer tu red social online no puedes ser una persona anónima, sino un individuo concreto. Si antes podías mantener varias identidades en distintos entornos sociales (online y offline), ahora, tus distintas identidades, roles y redes sociales pueden colapsar en un solo perfil o nodo de red en un entorno virtual como facebook.

El software social puede verse como una respuesta tecnológica a los miedos de anti-socialidad que se esgrimian frente a un Internet hecho para la libertad de ser quien quisieras ser, fuera de los condicionantes físicos, sociales culturales; una afirmación de que Internet no es anómica y descorporalizada, sino profundamente social y que puede contribuir a reforzar los lazos sociales cercanos y la sociabilidad en contextos físicos y bien reales. Los nuevos peligros no son el aislamiento y la anomia social, sino la transparencia, el control sobre los propios datos y falta de privacidad.

Mientras que el software social como wordpress, flickr, vimeo o youtube se centra en el objeto de intercambio (la información, la foto, el video), el software de las redes sociales como orkut, facebook o tuenti en España, se centra en el perfil del usuario y en sus conexiones. Internet no es pues un mundo a parte, sino parte del mundo, y ya no podemos imaginarlo como un cajón de sastre y voces anónimas que flotan libremente en el ciberespacio, sino como una red de redes sociales, una red de personas localmente situadas, para las cuales lo importante no es tanto lo que se intercambia, sino la sociabilidad que se expresa en la comensalidad, en poder compartir unas cervezas en un bar. Heineken lo tiene claro. Littlefield, también.

imágenes revueltas // miradas antropológicas

Leo con sorpresa en El Periódico que el fotógrafo Joan Fontcuberta se ha convertido en un “antropólogo de la imagen” al seleccionar para su más reciente y “programática” obra artística  352 fotografías  “anónimas” y “encontradas en Internet”.  Es una exposición interesante, como todas las de este gran fotógrafo al que sigo con asiduidad, pero me extraña que afirme, según la entrevista del diario,  que como son anónimas y públicamente accesibles, no ha considerado oportuno pedir permiso a sus autores para realizar la exposición en la Galería dels Angels y confeccionar el libro Through the looking glass, que se vende a 40 euros (en promoción). Según la noticia:

… el artista no duda: «La autoría cada vez será más compartida y la idea tradicional de autor debería ser revisada». Y tampoco le preocupan los derechos de imagen de los fotografiados: «Si lo ponen en el espacio público es porque quieren compartirlo». No obstante, reconoce que esto puede ser un problema para el proyecto, pero, dice, «el artista ha de vivir en el riesgo».

En primer lugar, deberíamos cuestionarnos que se entiende por anonimato en Internet y si el hecho de que sean públicamente accesibles significa que las podamos usar como queramos. Como dice Edgar Gómez, una cosa es que las fotos se puedan ver públicamente, y otra que éstas se puedan usar para cualquier cosa. En segundo lugar, deberíamos preguntarnos sobre cómo puede el artista afirmar, en esta misma entrevista al Periódico, que «La autoría cada vez será más compartida y la idea tradicional de autor debería ser revisada» cuando él mismo toma prestadas las fotos de otros para publicar un libro que sí tiene un claro e incontrovertible autor y además, lucrarse de ello sin necesidad de respetar los derechos de autoría  de los demás -supongo que este es el riesgo que asume-.  Pero lo que me preocupa no son las cuestiones legales, sino que no se tome en consideración ninguna problematización ética sobre la descontextualización de las imágenes de otros. Es decir, el artista se apropia de unas imágenes como si Internet fuera un basurero en el cual se puede rebuscar y reciclar lo que otros han echado. Pero no creo que los autores de las fotos piensen que “compartir” sea  eso. En todo caso, no se les ha preguntado ni dado la oportunidad de opinar.

Hay que decir que no se trata de unas fotos cualesquiera, sino autorretratos realizados ante una superficie refractante y en los que la cámara es también visible, cuando no el objeto central de la imagen, y muchos de ellos son retratos íntimos, aunque también los hay artísticos sobre el propio cuerpo, y otros con contenido sexual explícito o directamente pornográficos. ¿De dónde ha sacado estas fotos? ¿Dónde estaban insertas? ¿A quien iban dirigidas? Son preguntas que cualquier antropólogo amateur se haría y debería hacerse para comprender el sentido de su producción y consumo. Las imágenes no están ahí, revueltas, flotando en el ciberespacio, en un mar de nadie, sino que están clasificadas, indexadas, comentadas, forman parte de un proyecto, de un grupo, de una propuesta, de un sistema de comunicación e intercambio.

En la exhibición, el artista no hace distingos, ya que las fotos se muestran en un collage, revueltas y extraídas de sus contextos originales, que pueden ser desde blogs personales, cuentas de Flickr, páginas especiales dedicadas al autorretrato o directamente páginas de porno amateur.  La mayoría de las páginas visitadas por el artista y que cita explícitamente en su libro son páginas directamente y exclusivamente dedicadas a la pornografía, y aunque algunos de los sitos citados se proponen como “veraderamente” de amateurs, otras webs son de pago y declaran explícitamente que las imágenes no pueden usarse libremente. Otras han sido “pescadas de las redes sociales” -según un artículo de La Vanguardia-, pero en todo caso, no son anónimas, sino que la mayoría tienen un autor con el cual se puede contactar, y en Flickr muchas tienen licencia creative commons, es decir, se pueden usar libremente siempre y cuando se citen las fuentes. El hecho de que el autor no sea fácilmente identificable no significa que sean anónimas, el hecho de que sean públicas, no significa que el autor no haya especificado su audiencia, o que no tenga ciertas expectativas sobre su privacidad. Cómo se percibe lo público, lo privado, la intimidad y el propio cuerpo en la comunicación mediada por las tecnologías digitales es una pregunta de investigación antropológica que no se resuelve a partir de la abstracción de un conjunto de fotografías seleccionadas por criterios estéticos.

Internet no es un cubo de basura, ni un archivo disparatado. Aunque haya quien se atreva a construir obras artísticas con su contenido como si de “material troubé” se tratara, no pretendamos con ello una comprensión de Internet  y menos todavía, teorizar sobre la condición humana a partir de una mirada de coleccionista, sin atender al contexto concreto en el cual estas imágenes circulan y adquieren sentido. No es lo mismo un autorretrato en un blog personal que en un grupo dedicado a fotografías de desnudos o en un sito web de porno gratis (no digamos ya de pago). Para Fontcuberta, todas ellos forman parte de un mismo género fotográfico, el “reflectograma” y parecen tener una misma función y significado: el exhibicionismo y la vanidad del yo. Estas y otras reflexiones similares sean quizás su “lectura antropológica” de la “imagen digital”, o al menos, lo que quizás haya llevado a afirmar a  la periodista que este buen fotógrafo se haya convierto en un “antropólogo de la imagen”.

Bueno, como se ve que ahora todos podemos ser fotógrafos y se borran las distinciones entre profesionales y amateurs, también hay que dar paso a los antropólogos amateurs, pero no de cualquier manera.  Para ser antropólogo no basta con recolectar objetos de un vertedero y darles un sentido reflexivo sobre el devenir de la humanidad, hay que aplicar el método y la teoría antropológica, además de desarrollar cierta sensibilidad ética y, porque no, estética.  Este trabajo de Fontcuberta puede ser muy provocador, y ciertamente lo es, pero no nos confundamos, no sigue ni la teoría, ni la metodología ni la deontología propia de la antropología. Así que por favor, no le pongan epítetos que el propio artista dudo que haya solicitado, y dejen a la antropología para quien la trabaja, tenga o no tenga el título de doctor.

(Foto de Pata de Perro)

pensamiento visual y twitter

Edgar Gómez me ha pasado un link interesante sobre pensamiento visual, audiovisual thinking, la primera revista electrónica dedicada exclusivamente a la publicación de vídeos académicos, vinculada, parece ser, a la Universidad de Copenhagen (no podría ser de otra manera!).  De momento es una iniciativa para los estudios de comunicación, aunque aceptan videos de todas las disciplinas. Entre ellos, hay dos que me  llaman la atención, uno precisamente se trata de definir qué és y en qué consiste un video académico, que es el que está en la portada. Y viene a cuento porque justamente en el último congreso de la EASA en Maynooth, la red de antropología visual se planteaba la posibilidad de una revista electrónica que aceptara videos y la discusión giró en torno a como se evaluaban, ya que hasta ahora, la publicación-edición de videos no se considera como una actividad académica en antropología, es decir, no cuentan para el curriculum académico y evaluación del profesorado o acreditaciones de investigación.

El otro es curioso, se llama hidden stories, de Sandra Abegglen, son fotos realizadas con el iphone de la autora en las puertas de los lavabos, ya hay investigaciones sobre esta práctica, pero no había visto aún que la compararan con una práctica parecida al micro-blogging y twitter. Son mensajes “privados” dejados en un lugar “público”, que a veces contienen pequeñas conversaciones. Obviamente, los o las usuarias del sitio no están suscritas, pero lo “visitan” cotidianamente, y a veces contestan o añaden comentarios.  En este caso, el video solo muestra las fotos de los lugares y los signos y es necesario leer el texto que lo acompaña para realizar tamaña asociación de ideas, pero en todo caso, es sugerente tal asociación. Video, audio, texto… micro-ensayos para reclamar la atención del pensamiento visual en la investigación y docencia en ciencias sociales.

El próximo número va sobre “Rights and Wrongs in the Digital Age”, y está abieryo el “call for videos”!


no pongas los pies encima de la mesa

“No pongas los pies encima de la mesa”  era uno de esos imperativos culturales que se oían a menudo en mi casa y que todos incumplíamos sistemáticamente.  La casa es sin duda uno de los objetos antropológicos más preciados.  Margaret Mead lo ponía como ejemplo cuando quería explicar eso de ir al campo con la mente libre de presupuestos, de manera que para poder responder a la pregunta sobre qué es una casa para alguien, debemos olvidar lo que ésta significa para nosotros:  “sería ideal que hasta el aspecto de una casa nos produjese una impresión nueva y fresca. En cierto sentido, deberíamos sorprendernos ante la existencia de casas, cuadradas, redondas u ovaladas: con paredes o sin ellas; que permitan entrar el sol y protejan del viento o la lluvia; que la gente cocine y coma o no dentro de las mismas. En el trabajo de campo nada se da por sentado”.

En el pequeño trabajo de campo que hemos realizado para la exposición Domestic buscábamos la conexión entre el espacio doméstico e Internet a través de las fotos que cuelgan los usuarios en la red sobre su vida d0méstica, en muchas de las cuales la misma pantalla del ordenador y su disposición en la casa es un elemento clave.  La intimidad del hogar se escenifica y se comparte en Internet de diversas maneras, desde el o la adolescente que fotografía su habitación, hasta la familia reunida en una fiesta de cumpleaños o los objetos cotidianos de los cuales nos rodeamos.  Incluso hay un grupo en Flickr dedicado al espacio doméstico.  El espacio doméstico se expande en Internet. La casa es un lugar vivido por excelencia, donde transcurre lo más mundano, lo cotidiano, nuestra fuente de experiencia y de sentido:  por la vivencia corporal y explosión de los sentidos, de la sensorialidad que impregna cada rincón; por el orden que imprimen los objetos y sus emplazamientos; de sentido, por los significados que evoca; por los múltiples juegos transgresores que lo atraviesan; por la realidad que materializa. De alguna manera, al mirar las fotografías de los otros, encontramos de forma renovada lo que significa para nosotros.

DOMESTIC reúne fotos de 80 fotógrafos profesionales y abre una ventana a los miles de fotógrafos amateurs o caseros que abren su casa a Internet a través de nuestro Flikr y canal Youtube, además del Fotolog donde quienes quieran participar pueden enviarnos sus fotos directamente (la mayoría se van colgando también en una de las paredes de la exposición).  Su objetivo:  interrogarnos sobre la naturaleza del espacio doméstico en nuestra sociedad occidental urbana.

El 26 de mayo se presenta el catálogo de la exposición y hay una mesa redonda en la cual participo como mediacciones junto  con las comisarias de la exposición, sobre fotografía profesional y fotografia amateur del ámbito doméstico.

La exposición, mesa redonda y otras actividades es en el Espacio Cultural Caja Madrid de la Pza. Cataluña ,9  en Barcelona. Si vais, nos gustaría conocer vuestras impresiones.

Cita: M. Mead Experiencias personales y científicas de una antropóloga, 1994, ed. Paidós, Barcelona, p. 138
Foto: Living room de Cℓea tecℓea en Flickr

lo visual como objeto social (o un viaje a Buenos Aires)

De vuelta de vacaciones y después de nuestra presentación con Adolfo Estalella en Visual Methods en Leeds, ahora casi a punto de salir para Buenos Aires, al congreso del RAM, Reunión de Antropología del Mercosur. La comunicación parte de una reflexión sobre el estudio de lo visual en y a través de Internet, y se basa en mi propia experiencia de campo y en la etnografía que está llevando a cabo Edgar Gómez como parte de su tesis doctoral.  Ahí va parte del abstract que presentamos:

En nuestras sociedades, el uso de las tecnologías de la imagen forma cada vez más parte de la vida cotidiana y se articulan con otras tecnologías digitales de la comunicación y de la información. Sin embargo, no hay que considerar internet o los celulares únicamente desde la perspectiva de la emisión y distribución de contenidos visuales, ya que un elemento importante de estas tecnologías es la interacción social y la creación de redes sociales a través de este intercambio de “contenidos”. En este contexto de  producción y circulación de objetos visuales, la autoproducción adquiere un nuevo sentido y nuevos significados culturales.

La propuesta de esta comunicación es doble en tanto que, por una parte, nos proponemos reflexionar sobre lo visual como objeto de estudio de la antropología desde un marco teórico que va más allá de la representación y apropiaciones de la imagen, para centrarnos en la fotografía como un conjunto de prácticas sociotécnicas. El objeto fotográfico no como representación, sino como un entramado de tecnologías, discursos y prácticas. Por otra, nos proponemos reflexionar sobre el estudio de lo visual desde una perspectiva antropológica en un contexto cultural y sociotécnico definido por la integración de las tecnologías de la imagen en la vida cotidiana y por su imbricación con otras tecnologías de la información y de la comunicación (computadores, internet, celulares) que está modificando los circuitos de la producción cultural y el mismo orden cultural de la visualidad.

Para ello, utilizaremos como base empírica la etnografía sobre prácticas de fotografía digital que estamos terminando en Barcelona. Durante un año de observación participante, en línea y cara a cara, entrevistas y recopilación y análisis de material fotográfico, hemos podido observar la forma en la que la producción de imágenes se inserta en relaciones complejas de sociabilidad e identidad. Tomando como punto de entrada al campo la plataforma flickr, nuestro trabajo se ha propuesto el análisis de las redes sociales en su conjunto y como, teniendo la creación de imágenes como elemento central, éstas cruzan distintas plataformas y dispositivos.

El estudio de lo visual en el contexto sociotécnico contemporáneo plantea una serie de retos para la antropología relacionados con un enfoque holístico en la definición del objeto de estudio que no aisle en categorías de análisis separadas producción y consumo, texto y medio, offline y online, visual y social, del mismo modo que el trabajo de campo etnográfico debe introducir estas complejidades metodológicas e incorporar lo visual y lo “virtual” en la práxis antropológica.