prácticas mediáticas y legitimación

John Postill publica en su blog media/anthropology una síntesis muy maja de lo que será nuestro capítulo en un libro que co-edita con Birgit Bräuchler sobre la aproximación desde la teoría de las prácticas al estudio de los medios y la producción cultural. John también nos hace llegar la publicación de un artículo interesante sobre un “deporte de riesgo” que sus seguidores denominan “base jumping”, una práctica que consiste en tirarse en paracaídas desde los sitos más insospechados como edificios, puentes o antenas; una actividad podríamos decir completamente a-legal. Pero, y ahí voy, los autores también analizan el uso de la producción y circulación de videos en Youtube y sitios similares y como estas prácticas mediáticas sirven para competir entre ellos y negociar su estatus social a nivel individual y colectivo -generando orden, pertenencia, identidad personal y colectiva-, además de tener un efecto legitimizador en la frágil dinámica de su reconocimiento social como “deporte”. Lo mismo sucede con otras “nuevas identidades” que se inscriben en el filo de lo patológico y/o la a-legalidad, y que se relacionan de alguna forma con la la cultura del riesgo, como es el caso, si se me permite, de la práctica de la autolesión por parte de jóvenes adolescentes, ya que en este caso y como ya dije en un anterior post, la publicación en la red no es sólo una forma de autoexpresión, sino que estas prácticas mediáticas contribuyen a la visibilización social de identidades colectivas marginales y a aumentar la constelación de comunidades imaginadas.

[Imagen: Voladores de Papantla, fotografia de Anna Maria Dahm]

identidades moleculares

Estoy leyendo trabajos de fin de curso. Estamos en Junio. En concreto uno sobre “identidades en el ciberespacio”, un poco rancio, tal y como suena, pero con elementos interesantes. Cita a un autor portugués que no conocía, Tadeu da Silva, que tiene cosas traducidas sobre educación pero no esta obra del 2000 Identidade e diferença: a perspectiva dos estudos culturais. Una cita extraída del trabajo en cuestión:

“Normalizar significa elegir – arbitrariamente – una identidad específica como parámetro en relación al cual las otras identidades son evaluadas y jerarquizadas. Normalizar significa atribuir a esa identidad todas las características positivas posibles, en relación a las cuales las otras identidades sólo pueden ser evaluadas de forma negativa. La identidad normal es ‘natural’, deseable, única. La fuerza de la identidad normal es tal que ella ni siquiera es vista como una identidad, sino simplemente como la identidad. Paradójicamente, son las otras identidades las que son marcadas como tales: en una sociedad en la que impera la supremacía blanca, por ejemplo, ‘ser blanco’ no es considerado una identidad étnica o racial. En un mundo gobernado por la hegemonía cultural estadounidense, ‘étnica’ es la música o la comida de otros países. Es la sexualidad homosexual la que se ‘sexualiza’, no la heterosexual. La fuerza homogeneizadora de la identidad normal es directamente proporcional a su invisibilidad”

Bueno, lo dice bien clarito. Y esta otra de Hall también me ha gustado:

“Cuanto más la vida social se torna mediada por el mercado global de estilos, lugares e imágenes, por los viajes internacionales, por las imágenes de los medios y por los sistemas de comunicación globalmente interconectados, más las identidades se tornan desvinculadas – desalojadas – de tiempos, lugares, historias y tradiciones específicas y parecen ‘fluctuar libremente’. Somos confrontados por una gama de diferentes identidades, entre las cuales parece posible escoger”.

Pero… a esta tengo peros. Parece ser que esas “identidades fluctuantes” fueran arbitrarias y caprichosas, fruto del azar y del entretiempo, que no hubiera ningún tipo de patrón en ellas, y eso es fruto también de esa “invisibilización” de los mecanismos por los cuales se nos “aparecen” esas nuevas fórmulas identitàrias, libres de constricciones atávicas. Hoy he estado en una conferencia de Lina Casado sobre Cuerpo femenino y malestares encarnados: Símbolos y significados de las prácticas autolesivas entre las jóvenes donde precisamente hemos discutido sobre la identidad organizada al rededor del concepto del “selfinjury” o la “autolesión”, una identidad colectiva que se expresa en la red, en comunidades virtuales de “adictos” a estas prácticas y que es muy difícil que se haga visible de forma colectiva en otros contextos. Parece ser una práctica en solitario que es “puesta en común” en la red. Es una identidad colectiva que se apoya en gran parte en su medicalización, patologización y exclusión social. Pero no quiero entrar en detalles de una investigación tan delicada. Solo la traigo a colación porque me ha parecido sospechar que hay pautas en esa proliferación de identidades por “afinidad” y que esa “libertad” de escoger está regulada socialmente, solo que sus bases están en otro lado, en el consumo, en la medicalización de nuestras sociedades, en ciertas estéticas… en fin, que se corresponden a este mundo fragmentado en el que vivimos, pero que no son aleatorias, son identidades moleculares y solo “parecen fluctuar libremente”. Vuelvo al trabajo.