Siria en ruinas

Impresionante ensayo fotográfico [38 fotos] sobre la situación actual en Siria en “The Atlantic: in Focus“:

“Mientras gran parte de la atención del mundo se centra en una posible guerra con Corea del Norte, la guerra que actualmente se libra en Siria la está literalmente demoliendo. Marzo de 2013 fue un mes de hitos sombríos en Siria. Marcó dos años desde el inicio de las hostilidades, el número de refugiados de la guerra pasó de un millón, y  fue el mes más sangriento hasta la fecha, con más de 6.000 muertos. Ni las fuerzas pro-Assad, ni el grupo de rebeldes que se oponen a ellos han ganado mucho terreno recientemente, y poco o nada se ha hecho por parte de los organismos internacionales para detener el derramamiento de sangre. Las siguientes fotografías provienen de toda Siria, mostrando la devastación en Aleppo, Deir al-Zor, Homs, Deraa, Idlib y Damasco.”

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¿cómo analizar una imagen?

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Esta es una FAQ de aquellas que si te toman por sorpresa te quedas muda. Recuerdo que en mis pinitos en antropología visual me hice una pregunta parecida: “¿Cómo analizar un film? Y vino a mí el libro de Franchesco Casetti y Federico De Chio que precisamente llevaba ese título. Y me fue bien para empezar a comprender cómo se analiza un film desde cierta perspectiva narrativa y cinematográfica… pero poco me decía sobre lo que yo andaba buscando, que era “¿Cómo analizar un film… antropológicamente?

La pregunta ¿Cómo analizar una imagen? tiene truco. Y es precisamente que la pregunta no indica desde dónde estamos hablando y qué es lo que nos interesa analizar. Parece que la imagen tenga unas cualidades intrínsecas y un método propio a ellas que es el que hay que conocer y aplicar. Hay que hacer entonces la pregunta siguiente… pero… ¿qué narices es una imagen? Depende de lo que respondamos continuaremos por un camino o por otro. Si decimos, por ejemplo, que la imagen es un patrón sensorial por el cual distinguimos una forma sobre un fondo, el análisis que hagamos (y método que sigamos) tendrá que ver con la percepción, nuestro sistema cognitivo y nuestros códigos de aprendizaje -social y cultural- sobre como moldeamos y damos sentido a esos patrones sensoriales. Si la respuesta es “un objeto” deberemos saber en qué consiste ese objeto, en qué conetxto y para quien.  Si concretamos y decimos, bueno, por ejemplo, una  fotografía, los caminos que se bifurcan pueden ser varios, entre ellos, considerar la técnica de la fotografía y el lenguaje desarrollado para describir los componentes de una fotografía como el encuadre o el enfoque. También podemos vincular nuestro análisis a las cualidades estéticas de la fotografía, como la composición. Pero también cabe pensar cómo definimos nuestro objeto de análisis y en el contexto de qué tipo de investigación.  Otra opción es el análisis de la imagen (o la fotografía) como objeto cultural.  

Desde esta perspectiva, lo que nos interesa es contextualizar el objeto. Si tomamos una fotografía, cabe dudar incluso de si es una imagen. De momento,  hay que examinar como se ha construido ese objeto, como circula y distribuye, si es objeto de intercambio y como se regula su uso, como se consume o se utiliza y para qué, qué significado le dan los actores sociales que lo manipulan, que distinciones establecen, que valor le dan, en qué contextos de interacción y qué prácticas sociales organiza. Luego cabe pensar en relación con qué nos interessa saber todo eso… es decir… cual és nuestro objeto teórico, nuestras propias preguntas de investigación.

No hay pues una sola forma de analizar una imagen. La fotografía “en sí” no es analizable.  No creo que sea útil una ciencia positiva de la fotografía, una fotología, para la antropología.

La foto es de Spencer Platt, World Press Photo 2006, Beirut.

ojo fantasma

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Me ha interesado especialmente el artículo del País que nos ha remitido Adolfo sobre el fotógrafo que da la cámara a sus modelos… Es curioso el juego de miradas que se puede establecer entre un fotógrafo y sus modelos, puesto que no se trata de un “hazlo tu misma” (“Do it yourself” es el título de la publicación que ha resultado de la operación) sino de un “hazlo para mi”. La idea, dice Uwe Ommer, le vino de ver las fotos que la gente (las chicas?) se hacen con sus cámaras de teléfono y les propuso darles a ellas la cámara para que se fotografiasen, “solo” aconsejándolas en el ángulo y la luz. Lo más chocante de las declaraciones de este fotógrafo desprendido es que se sorprenda de que las modelos sigan posando como si hubiera “un ojo fantasma” que las guiara en sus elecciones fotográficas, una mirada a la que parece que no pueden escapar. Pero es que también hay que tener en cuenta la relación que establecen con el fotógrafo a través de su ojo delegado (la cámara), y hay que entender esas fotos no como “auto-retratos” ensimismados, sino a partir del juego que establecen las modelos con su fotógrafo, relación mediada a través de la cámara-objeto y las convenciones fotográficas de su profesión. No es pues que ellas pretendan escapar de una mirada “voyeur”, sino que ésta alcanza su máxima expresión en la complicidad que crea la cámara con la que acepta auto-representarse para ser mirada. El autor propone a las modelos un juego de representación en el que ellas se retraten para él, un juego que sin duda genera un divertido y atrevido diálogo fotográfico. Pero luego se esconde y pretende que las fotos las han hecho “ellas mismas”, com han querido, sin su intervención. Lo que no dice el fotógrafo es que ha dejado a su ojo fantasma de guardia. Este detalle es importante para comprender el sentido de las fotografías y el sentido de los experimentos participativos.