Imágenes entrelazadas

mosso.jpg

Foto de Boris Llona, Cappont, Lleida. 9:30 1, Octubre, 2017

¿Cómo analizar los millares de imágenes que ayer compartieron ciudadanos y ciudadanas de Catalunya  durante la jornada de referendum del 1-OCT? ¿Nos hicieron bien? ¿Ayudaron a soportar mejor el día o contribuyeron a aumentar los nervios y la incertidumbre? ¿Tuvimos una dosis de sobre-información? ¿Desinformación, quizás? ¿O al contrario, nos ayudaron a estar conectados con nuestros familiares y amigos, a informarnos directamente de lo que pasaba, a sobrellevar con humor la tensión en los colegios de votación, a reafirmar nuestra posición de quedarnos en casa?

El domingo vivimos una sobredosis de imágenes que tienen lecturas muy diferentes según el tono político de cada ciudadano y ciudadana y de cada contexto de recepción y circulación. Incluso las tremendas imágenes de cargas policiales y heridos suscitaron distintas lecturas. ¿Debe cada uno juzgar por sí mismo la gravedad del asunto? ¿Podemos banalizar lo sucedido? ¿Debe haber algún modo de trazar un límite colectivo de lo que es o no es posible en una democracia? Pienso que sí. Muchas de las imágenes de las cargas policiales muestran sin lugar a dudas una desproporcionalidad en el uso de la fuerza, rompiendo cristales y puertas de las escuelas, dando golpes y patadas innecesarias a personas mayores ofreciendo resistencia pacifica, disparando con pelotas de goma -prohibido su uso por las leyes de Catalunya-, hasta llegar a más de 800 heridos. Una desproporcionalidad también en el número de efectivos, ya que muchas imágenes nos muestran un despliegue excesivo de los cuerpos de seguridad entrando en poblaciones pequeñas. Independientemente de la legalidad del acto que se celebraba y de la percepción de su legitimidad por una parte u otra de la población, lo que las imágenes de las cargas policiales nos mostraron es sencillamente de vergüenza democrática. Sin más. Para muchos, la circulación de estas imágenes nos ayudó a convencernos, si cabía alguna duda, de que estábamos haciendo lo correcto: ejercer nuestra ciudadanía.

Sí, durante la jornada, la gente en Catalunya enviamos y reenviamos muchas fotos y videos desde nuestros medios para consumo propio entre amigos y familiares, para constatar que estábamos bien, para saber de primos y hermanos; el whastapp no paraba. Muchos también reenviaron y comentaron las imágenes de violencia policial en twitter o facebook con el convencimiento de que era una forma de hacer llegar al mundo lo que estaba pasando; en parte, para sobrellevar la sensación de indefensión, en parte, para contrarrestar la falta de información que se suponía que tendrían otras personas en distintos puntos de España, y en parte, con la esperanza de que la gente de Catalunya, España, de Europa y del mundo reaccionara.

Si bien es cierto que entre las imágenes que nos llegaban podíamos dudar de la veracidad de algunas y tuvimos que soportar momentos de sobresaturación, ya que la misma imagen nos podía llegar por tres o cuatro canales distintos, la circulación de imágenes supuso para muchos decididos a votar el redoblar las energías para defender sus centros, y para muchos indecisos o convencidos de quedarse en casa, decantarse por ir a votar y hacer las colas que fuera necesario. Otros quizás optaran por apagar el televisor y desconectarse de las redes.

Sin embargo, las imágenes de la brutalidad de las cargas policiales desde primera hora de la mañana contrastaban con las que nos llegaban de serenidad y tranquilidad en otros puntos; imágenes de largas colas bajo la lluvia, de gente que repartía vasos de chocolate entre los madrugadores, de padres de familia saliendo abrazados de las escuelas donde habían pasado la noche, y de jóvenes y mayores depositando su voto con caras de satisfacción, decisión y confianza. Muchas de estas imágenes transmitían alegría y felicidad. Nonagenarios con sus nietos, sonrientes y con una papeleta en la mano, selfies con famosos en las puertas del colegio, videos y fotos y más fotos…

Esas fotos de gente votando o haciendo cola tranquilamente, como cualquier otro domingo, como cualquier otra jornada electoral, confirmaban la tozudez, tenacidad y perseverancia de la gente. Muchos hacían circular y comentaban con orgullo las fotos de heridos en las cargas policiales yendo a votar así que salían del hospital, mientras que las imágenes sobre las argucias de algunos en el arte de esconder urnas y papeletas despertaban las sonrisas ante la capacidad de inventiva de la gente. Así, en ese entrelazamiento de imágenes de normalidad democrática, de represión policial, de solidaridad ciudadana, y de picaresca al más puro estilo Piolín, pasamos el domingo, sin perder nunca el humor. Ni la dignidad.

La imagen que encabeza este post es la que muchos señalan como la más emotiva de la jornada. La de un ciudadano abrazando a un mosso después de una carga policial en un pueblo catalán cuyo nombre no quiero olvidar. Se ve que los catalanes tienen la particularidad de elegir entre las imágenes de conflictos y situaciones de tensión, aquellas en que personas aparentemente contrarias o antagónicas se funden en un abrazo. Mi abuela me enseñó a poner la comprensión siempre por encima del entendimiento. “Niña -me dijo una vez mientras manteníamos una acalorada discusión política- no te entiendo, pero te comprendo” y nos fundimos en un abrazo que tampoco olvidaré nunca.

el-abrazo-entre-el-padre-del-nino-fallecido-en-la-rambla-y-el-iman-de-rubi

El padre de Xavi -el niño fallecido en el atentado terrorista de Barcelona- y el imán de Rubí en una concentración de repulsa a la violencia, Agosto 2017.

mas

El abrazo de Artur Mas y David Fernàndez -de opciones políticas antagónicas conservadores y de izquierdas- después de la consulta del 9-N, Barcelona, 2014.

Es demasiado pronto para hacer un anàlisis académico de lo vivido, aún no puedo. De momento solo se me ocurre que lo mejor en estos días es practicar el “abracing”.

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Participación ciudadana y creatividad en los medios: Liberar a Piolín

 

Estos días en Barcelona y Catalunya se está viviendo un movimiento ciudadano impresionante para cualquier investigador social. Son muchos los ciudadanos y ciudadanas de todas las edades y grupos sociales que salen a la calle en tono pacífico, festivo y vindicativo: quieren ejercer de sujetos políticos; quieren votar.  Esto debería ser motivo de atención para todos aquellos que estudian temas relacionados con la participación de la ciudadanía en asuntos colectivos. Muchas veces nos quejamos de la falta de participación de las personas en el espacio público y muchos son los estudios con fondos europeos que se preocupan por diseñar políticas que enganchen a los ciudadanos en la toma de decisiones y en la vida pública, ante lo que parece ser una general apatía. Pero cuando eso pasa, cuando la gente debate colectivamente en las calles y en las redes sociales cómo quiere su futuro y cuál quiere que sea su modelo de gobierno, parece ser que o se ignora, o nos incomoda, o sencillamente se les tilda de “turba” que solo sabe hacer “algarabía”.  Ya pasó en el 15M. Ahora vuelve a pasar.

Estos días he observado la creatividad de la gente en las calles, cuando acude a las plazas y se reúne con sus conciudadanos para entre todos, inventarse lemas, carteles, frases irónicas, sencillas que casi parecen salidas de un manual de auto-ayuda o de gran profundidad filosófica, o bien tomando aforismos prestados de Gandhi, de Nelson Mandela o de Thoreau. La creatividad popular es desbordante tanto en las calles como en las redes sociales. Hay analistas que solo se fijan en los hilos de insultos o trolls, los hay, pero esto no es suficiente ni lo explica todo. Son una minoría comparados con los hilos humorísticos, los memes, los video virales… una fiesta para los y las estudiosas de la participación ciudadana en la red, la cultura del remix y del mash-up, pero también para la semiología, el análisis del discurso o la antropología visual y de los medios.

El tema querer votar y decidir el modelo de gobierno puede que no guste a todos. Algunos lo pueden incluso considerarlo superfluo y banal, frente a tantos problemas globales a los que nos enfrentamos. Pero la gente es la gente, y no siempre se mueve por los motivos que nos gustaría que se movieran, se mueven por lo que consideran que les atañe profundamente como personas y como colectivo. Y lo hacen con lo que tienen a mano: bolígrafos, papel, fotografías de instagram y whatsapps. Es su libertad de expresión y la ejercen con más o menos tino, pero con gran ironía y sentido del humor.

Un ejemplo es cómo responden a la llegada al puerto de Barcelona y de Tarragona de varios buques que albergan a los cuerpos de la Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía que se han desplazado desde distintos puntos de España con motivo del referéndum del 1-O. Estos buques pertenecen a distintas empresas de cruceros familiares, entre los que destaca El ‘Moby Dada’, atracado en el puerto de Barcelona, que ha llamado la atención por las enormes caras de los personajes de la Warner Bros. que decoran el casco del barco. Entre ellos, Piolín, el Coyote y el Pato Lucas.

A partir de ahí, la gente hace cosas. Uno de los carteles que se podía ver en una de las plazas de Barcelona esta mañana era un dibujo de Piolín diciendo “Me pareció ver un lindo papelito” refiriéndose a las papeletas de votación que han sido buscadas, halladas e incautadas estos días por la Guardia Civil a instancias de la Fiscalía, y que refrasea la frase típica de Piolín en los dibujos animados que todos reconocemos: “Me pareció ver un lindo gatito”.

En las redes sociales la creatividad popular es aún más extensa e ingeniosa. Un video viral toma prestado el trailer de la serie “El barco del amor” para remixearlo con figuras políticas del momento, un meme toma el cartel de la película de Titanic y le inserta el barco, mientras otros inventan diálogos surrealistas…

el caso es que actualmente el barco sigue atracado en Barcelona, pero con lonas que tapan a los de la Warner.

En estos momentos #Freepiolin #FreeTeety es trending topic.

Quien iba a decir que en cuestión de días Piolín se convertiría en adalid de la libertad de expresión en nuestro país.

 

No hay que fiarse de los aparentes cambios en las relaciones de género de algunas series de TV

cast

Una aportación de Pilar Ballarín a la conversación sobre series de TV en respuesta a mi anterior post sobre Big Bang Theory:

En series como Bones y Bron (El puente), entre algunas  otras, se presenta a mujeres como Temperance Brennan o Saga Noren con capacidades intelectuales excepcionales y una importante racionalidad científica pero alejadas de cualquier capacidad empática y afectiva, lo que les genera problemas para relacionarse con el mundo.

En ambas se presenta la doble cara de la moneda: chica más lista que chico, chico más afectivo que chica (inversión del estereotipo) pero que lejos de romper roles de género representan la amenaza de su ruptura.

La moraleja, no es nueva: Mujeres “desnaturalizadas” por el cultivo de la razón. Perdida de las cualidades “femeninas” de afectividad y amor al otro. El varón afectivo/comprensivo va humanizando a su compañera.

Mujeres que “son para sí” y no “para otro” dejan de ser mujeres. Son los varones los encargados de redirigirlas a su estado “natural” el de los afectos. Gracias a ellos se “salvan”.

¿Que vemos cuando en Big Bang Theory son los varones los brillantes investigadores con problemas de relación afectiva?

Sheldon muestra desprecio intelectual por la mayoría de la gente corriente y se relaciona mal con todos y el desprecio a las chicas es notorio. En el ejemplo de Elisenda en Big Bang Theory:

“Sheldon y Penny se ensartan en un juego de Trivial en el que los dos compiten en conocimientos: Penny le hace preguntas sobre temas de las revistas del corazón y Sheldon sobre temas científicos generales. Ambos reconocen en ese episodio que poseen conocimientos distintos y que ambos son “buenos” en sus respectivos campos y no en los del otro.”

No hay rivalidad. Se entiende en el análisis que son buenos “en campos distintos”. No son “pares” por tanto y la relación se matiza por la ternura y amistad. Los estereotipos de género se ven potenciados ya que es ella la versión ”humanista”. En este comentario bien se destaca que es patente “el desprecio intelectual, el desprecio moral, el desprecio de clase y el desprecio de sexo” sin embargo, entiendo que es el desprecio de sexo, no es uno más sino el que atraviesa a los otros tres niveles. Si analizamos cada uno en clave de género vemos que:

El mayor desprecio intelectual es el que se produce hacia las mujeres ya que no se consideran “pares” y todas son “lo otro” y con ellas no es posible la rivalidad individual, sino la asignada al sexo.

El modo de equilibrar la diferencia intelectual pasa por reconocer como dos mundos separados lo “científico” y el “corazón” estableciendo otra forma de desequilibrio sexual que liga a ellos con el mundo civilizado y a ellas con el estado de “naturaleza”. Luego el desprecio moral establece una división claramente sexual.

Poco se puede añadir sobre el desprecio de clase ya que viene marcado por el intelectual y, en consecuencia, también divide en función del sexo.

¿Qué diferencias observamos cuando la ventaja intelectual esta representada por mujeres y cuando lo está por varones?

1) En ambos casos las capacidades intelectuales se presentan ligadas a incapacidades emocionales. Podría pensarse que se pretende con ello, como señala la profesora Ardévol, promover la importancia de la educación sentimental. Sin embargo, considero difícil de aceptar que se entiendan como altas capacidades intelectuales aquellas que se alejan de la sociabilidad y no considerando que, por el contrario, es la sociedad la que excluye y las convierte en “trastorno” lo que no responde a sus normas. Plantear estos desequilibrios no puede ser educación sentimental sino sospechosa reproducción lampedusiana.

La forma de presentar la bipolaridad: capacidades intelectuales/incapacidades emocionales, abunda en la tradicional dicotomia razón-cultura/emoción-naturaleza.

Aunque en ambos casos hay en común que el personaje “más emocional” también es “listo”  y ese es el que vemos como “normal”.

2) Las relaciones de género ¿en que medida se establecen de forma diferente en cada caso?

Podría decirse, en una primera mirada, que el papel de ellos responde  claramente a un modelo patriarcal, aunque en dos versiones diferentes:

Modelo chica lista-chico emocional: es el chico el que muestra a la chica la importancia de experimentar emociones y la necesidad de generar empatía y, en mayor o menor medida, se muestra al fin lo conseguido. Con códigos más sofisticados presenta la clásica inversión de papeles para mostrar sus fatales consecuencias que se resuelven modificando la conducta de ellas.

Modelo chico listo-chica emocional: es la chica la que muestra al chico que existen otros “conocimientos”, es decir, busca traducir a “excelencia” reconocible por el chico, cuestiones más cotidianas.  Al fin lo que consigue es simplemente no ser despreciada por él. Nada cambia pero el no ser despreciada se convierte en un “éxito” para la chica. En definitiva, los estereotipos de género se reproducen dentro de su “freekez” y nada cambia.

Las formas del desprecio en Big Bang Teory

La sit-com Big Bang Theory es una de las series de tv más exitosas estrenada en el año 2007 y actualmente en la décima temporada. Está protagonizada por un grupo de geeks -Leonard, Sheldon, Howard y Raj- investigadores brillantes en los campos de la física y la ingeniería que trabajan en la universidad, apasionados de los cómics, los videojuegos, las películas y las series de ciencia ficción, y con verdaderos problemas para relacionarse con el mundo y muy especialmente con las mujeres.

El personaje central es Sheldon, físico teórico, que no sólo tiene dificultades de relacionarse con los humanos, sino que no lo considera un problema sino una consecuencia lógica de su inteligencia superior. Diríamos que Sheldon encarna una de las formas más auténticas del desprecio: el desprecio intelectual por la mayoría de la gente corriente, incluidos sus amigos. El desprecio intelectual articula sus relaciones con los demás, es su medida de orden social más inmediata, y hace referencia a la meritocracia científica: la excelencia como base en la que se expresa la competencia académica entre pares.

¿Cómo puede soportar Leonard las constantes alusiones de Sheldon a su escasa brillantez intelectual? ¿Cómo puede convivir con un tipo que lo desprecia intelectualmente? ¿Cómo pueden Howard y Raj aceptar esa relación? ¿Cómo soporta Amy, su novia, los continuos desaires a su profesión como neurobióloga? El afecto parece ser la cola social con la que lidiar con las desigualdades.

En el caso de Penny, la vecina estudiante de arte dramático de la que se enamora Leonard, el desequilibrio intelectual con Sheldon se muestra en toda su crudeza, pero a la vez, es el más tolerable, pues viven en mundos separados inconmensurables, y les une una tierna relación -por ejemplo, cuidarse mutuamente cuando están enfermos. Hay un episodio en que Sheldon y Penny se ensartan en un juego de Trivial en el que los dos compiten en conocimientos: Penny le hace preguntas sobre temas de las revistas del corazón y Sheldon sobre temas científicos generales. Ambos reconocen en ese episodio que poseen conocimientos distintos y que ambos son “buenos” en sus respectivos campos y no en los del otro. Se equilibra así el desprecio intelectual que existe entre ambos, porque en el caso de Penny, esta además, puede mostrar también su desprecio por el escaso conocimiento de Sheldon de los temas mundanos, en los que ella es una experta. Sheldon deberá enfrentarse a otras muchas ocasiones de desprecio entre pares en la universidad donde los resultados no estarán matizados por la ternura o la amistad.

En otro episodio en el cual Penny y Leonard se casan, aparece la familia de Penny llamándose a si misma “basura blanca” frente a la intelectualidad de los padres de Leonard, psiquiatra ella, antropólogo él. En este caso, el desprecio se articula en forma de expectativa de clase social (auto-desprecio). El desprecio en función del sexo es una de las constantes de la serie, siendo Penny la que acapara todas las formas de desprecio de lo femenino, incluida la atribución de estupidez, aspecto que no comparte con las otras novias, Bernadette -química que trabaja en una farmacéutica, y Amy. Las Humanidades estan ausentes en el relato, a no ser de forma también peyorativa, ya que los pinitos de actriz de Penny no cuentan ni siquiera como arte dramático. El desprecio moral también es una fuente de humor constante en la serie, especialmente por la incapacidad de Sheldon de mentir socialmente. Pero el desprecio intelectual es el más “auténtico” porque uno “nace así” con ese coeficiente intelectual que desde pequeñito lo hace “rarito”, y no depende de convenciones o construcciones sociales. Por eso sus amigos no pueden odiarlo.  Un buen ejemplo de naturalización de la desigualdad que hace aceptable el desprecio ajeno.

El desprecio es una forma de inhabilitación social en cuanto rompe el equilibrio entre pares, marca una desigualdad al señalar en el otro una carencia. Esta forma de bloqueo social puede responderse con un desprecio equivalente o mediante la creatividad. El desprecio equivalente es el reconocimiento del bloqueo, es un “enroque”. La creatividad irónica acepta el reto y se burla del “bloqueo” como un intento fallido. La creatividad “destructiva” busca vencer la obstrucción destruyendo o negando la diferencia sobre la que se asienta.

Podríamos decir que la serie es un compendio de educación sentimental sobre las formas del desprecio: el desprecio intelectual, el desprecio moral, el desprecio de clase y el desprecio de sexo. El humor se origina cuando estos desprecios se ponen de manifiesto y los personajes luchan por sobreponerse a ellos de forma inesperada. Es una serie educativa en cuanto nos ayuda a desarrollar estrategias innovadoras de desbloqueo ante las formas de desprecio cotidianas, pero no es muy “revolucionaria” en cuanto no nos da claves para destruir creativamente nada.

 

NightFall on Gaia / Anochece en Gaia

CINEMA ETNOGRÀFIC
DILLUNS 11 D’ABRIL
MUSEU DE LES CULTURES DEL MÓN DE BARCELONA
Carrer de Montcada, 12-14, 08003 Barcelona
20.30-22.15 hores.

Projecció del documental Nightfall on GAiA
de Juan F. Salazar, Austràlia-Chile, 2015
Dins de la setmana de l’Antropologia del 11 al 16 d’Abril, 2016

Documental etnogràfic que mostra la vida diària i visions a futur de les comunitats humanes a l’Antàrtica. El documental proposa un gir especulatiu al situar l’acció en el futur, a l’Abril de l’any 2043, quan l’astrobiòloga Xue Noon es troba aïllada a l’Estació Internacional Antàrtica Gaia, mentre la nit polar avança.

El documental ha estat presentat en diferents festivals de cine etnogràfic i documental i ha obtingut el premi al millor documental al Barcelona Planet Film Festival.

Coordina: Elisenda Ardèvol (UOC-ICA)

El laberint de la mirada

laberinto

Interesante propuesta>

30 y 31 de Mayo de 2015

JORNADAS DE DISCUSIÓN EN TORNO A LA IMAGEN EN LA INVESTIGACIÓN ETNOGRÁFICA: REFLEXIONES TEÓRICAS Y PROBLEMÁTICAS PRÁCTICAS

Este encuentro pretende crear un espacio dinámico de discusión en torno a lasproblemáticas a las que se enfrentan estudiantes de postgrado en antropología con investigaciones que incluyen la imagen en sus proyectos etnográficos.

La idea es reunirse en un espacio fuera de la ciudad para conversar y abrir tiempos de compartir experiencias y reflexiones colectivas

Organitzado por>

Adriana Vila Guevara (Doctoranda UB)

Francesca Bayre (Doctoranda UB)

Jorge Moreno Andrés (Doctorando UNED)

Va de selfies!

Hace tiempo que no escribo de forma regular en el blog y me noto anquilosada y perezosa. Siempre hay otras urgencias. Nunca tengo tiempo. Y sin embargo los temas y los motivos abundan. Entre ellos, un tema que he trabajado repetidamente -y que me encanta- con Edgar Gómez-Cruz en varios artículos y posts. Entre mis posts hay uno  del 2010 sobre los “reflectogramas” de Joan Fontcuberta (genial fotógrafo y crítico cultural), que pueden considerarse como “selfies” realizados en superficies refractantes, y otro del 2007 sobre los “egoshots” que entonces me llamaron la curiosidad y que son claros “precursores” de los “selfies”, o el post también del mismo año sobre “fotoposesión” sobre el trabajo de Antoni Abad (explorador y artivista de los selfies antes de que fueran). También hemos escrito varios artículos que tiene que ver con la auto-fotografía o el auto-retrato y con la presentación del cuerpo en la imagen  analógica o digital -ver por ejemplo el post de “ojo fantasma” sobre el auto-retrato, también en el 2007… o el más reciente artículo  Cuerpo privado, imagen pública: el autorretrato en la práctica de la fotografía digital (2912) sobre mujeres auto-retratistas en Internet.

Desde la “apertura” de los medios sociales, parece ser que vivimos -más que nunca- en una sociedad del espectáculo, la vanidad y el exhibicionismo;  de la competitividad y del “branding” personal. Teorizamos sobre el declive del pudor y del decoro, nos preocupa la desaparición de la intimidad  y  la vulgarización (por imitación masiva)  de las imágenes provocativas de la publicidad, que hacen del culto al cuerpo una moda social en una sociedad consumista, individualista y brutalmente competitiva. Pero… qué nos dicen sus autores y sus autoras? Cuáles son los motivos que expresan las personas que se hacen un “selfie”?  Hacerse un “selfie aftersex”, es realmente para coleccionar y compartir nuestros “éxitos”? Un plus para nuestra autoestima? Para provocar los celos o la envidia? Para prolongar el placer del aftersex con la amada o el amado? Un guiño a alguien para algo? Es lo mismo hacerse un “selfie” con los amigos que uno con la novia o con el novio, que uno saliendo a correr, uno sobre nuestro culo o uno en un concierto del Primavera Sound? Podemos hablar del “selfie” como de un nuevo género digital? El caso es… tienen todas esas fotografías un mismo significado, un sentido unívoco? Y sólo por el hecho de haber sido tomadas de la misma manera?

Yo creo que la respuesta es un rotundo NO. Como ya comentábamos en “Imágenes revueltas“, para comprender el significado social de una imagen no podemos abstraerla  de su contexto comunicativo y pensar que su significado es independiente de los lazos sociales en los que las imágenes se tejen con otras imágenes, gestos, palabras. Tendemos a generalizar con extremada facilidad. Pensamos que basta tener una buena conjetura para elevarla a categoría de norma.  Lo que nos demuestra que somos una sociedad “individualista” es precisamente nuestra tendencia a categorizar la realidad a partir de una tipificación abstracta del comportamiento humano y explicarlo solamente a partir de motivaciones intrínsecas como el exhibicionismo o el narcisismo. Sacadas de su contexto, las imágenes pueden decirnos cualquier cosa y nos es cómodo prejuzgar los selfies como un comportamiento que responde a un solo impulso (racional o irracional). Pero al perder las imágenes su contexto pierden su sentido comunicativo, para lo que fueron hechas, y en ese momento precisamente pierden su “pathos”, su tono emocional, su razón de ser para alguien en un momento y lugar, para metamorfosearse en el nuestro.

Hay sin duda un “efecto selfie” últimamente y que la gente hable de ello, lo provoca y expande. Se trata de un movimiento reflexivo, por el cuál un determinado modo de hacernos fotografías “se pone de moda” y por tanto, buscamos explícitamente, replicar de forma creativa, a nuestra manera, nuestro propio “selfie”, pero no necesariamente por vanidad o exhibicionismo, sino quizás, sencillamente por el placer de participar en el juego social, por “estar a la moda”, por una especie de “complicidad” con nuestro otro significativo (que diría Alfred Schütz). A parte de este movimiento reflexivo, de hacer un selfie siendo consciente de “estar haciendo un selfie” para “hacer un selfie”, y con ello contribuir al juego social, centrar la motivación del gesto en un “deseo” intrínseco e individual de las personas esconde la dimensión social y cultural del fenómeno:  una fotografía hecha para compartir. La forma en que esta práctica transforma nuestra sociabilidad, perfoma nuestra identidad y expresa nuestras emociones,  no es algo que pueda decirse de antemano, de forma universal o solo a partir de las características que atribuimos al objeto. El selfie no tiene sentido si le robamos el contexto, por quien fue dicho y a quien.