Eliminar a Caperucita Roja?

Había una vez, en una escuela de Barcelona, unos padres y madres preocupados por la educación sexista de sus hijos e hijas que decidieron revisar en clave de género los cuentos que la escuela tenía en su biblioteca. La comisión finalizó su escrutinio aconsejando retirar un 30% de los libros por sexistas (unos 200) y advirtiendo que al menos un 60% de los restantes tenía algún estereotipo de género. Entre los cuentos retirados de la lectura infantil estaba el de La Caperucita Roja.

Aquí una de las noticias aparecidas en prensa sobre el asunto:
Retiran de una escuela pública ‘La Caperucita Roja’ por “sexista”

Mi primera reacción es calcular… el 90% de los libros de esa -o cualquier otra biblioteca infantil- reproducen estereotipos de género. Es decir, podemos deducir que solo un 10% de los relatos promueven una educación igualitaria. Pocos.

Mi segunda reacción es preguntarme porqué esta noticia ha escandalizado a muchos y muchas entendiendo esta medida -retirar los libros más sexistas- como una “tontería” o directamente como una censura, un ataque a la libertad de expresión o incluso como una cruzada contra la literatura universal. Si tuviéramos que eliminar el contenido sexista de la literatura, nos quedaríamos prácticamente sin ella, ya que en la mayoría de las “grandes obras” de la literatura de todos los tiempos podemos encontrar estereotipos de género, sexismo, machismo declarado, e incluso pederastia, y cosas peores.  La solución, se comenta, no es eliminar estos clásicos de la literatura, sino que los niños los aprendan a leer de una forma crítica.

Parece lógico pensar que hay que educar a los niños y niñas con una mirada crítica, ya que es imposible barrer de un plumazo siglos de literatura con contenido sexista. Y por otra parte, aunque lo lográramos, siguen ahí la publicidad -con claros ejemplos de sexismo, y la vida misma, con nuestras formas de relacionarnos, en su mayoría marcadas por relaciones de género desiguales. Entonces, más que eliminar los relatos sexistas, se trataría de educar en la igualdad de género a través de cultivar una mirada crítica. Razonable.

Sin embargo, cabe decir que esas mamás y papás de la historia lo que proponen es limitar el acceso a la lectura de esos cuentos infantiles a los menores de 7 años en el colegio, lo cual no significa censurar toda la literatura universal para todas las edades.  La noticia llama nuestra atención hacia la responsabilidad de la escuela de educar en la igualdad de género a los más pequeños a través de la lectura o el relato oral. Entonces, más que escandalizarse, se trata de analizar el asunto.

Una cuestión reside en la capacidad que le otorgamos a estos relatos de conformar el universo infantil. Suponemos que si ya desde pequeños leemos estos relatos sexistas, aprendemos con ellos una determinada manera de ordenar y valorar el mundo. Los cuentos son nuestros mitos, y los mitos son estructurantes de la imaginación y por tanto, también de la realidad; los cuentos nos enseñan los límites de lo posible y lo pensable, de lo bueno y de lo malo. Hay quien argumenta que los mitos no nos calan tanto, y que aunque haya violencia en las películas, eso no quiere decir que enseñemos a los niños y niñas a ser violentos, o que vayan a reproducir esos comportamientos que ven en la televisión y ahora en Netflix o YouTube. No se trata tanto de llegar a reproducir o imitar esos comportamientos, sino de aceptar o cuestionar sus legitimidades, sus razones, sus argumentos. Los mitos nos piensan y son buenos para pensar.

¿En qué sentido es sexista el relato de Caperucita?

La Caperucita Roja proviene de una tradición oral europea que remonta más allá del siglo XVII cuando Perrault la fija en la escritura, incluyéndola en un volumen de cuentos para niños (1697).  Según la Wikipedia,  inicialmente era una leyenda cruel, que incluía canibalismo y sexo forzado, destinada a prevenir a las niñas de encuentros con desconocidos, y cuyo ámbito territorial no iba mucho más allá de la región del  Loira. Los hermanos Grimm lo transforman un poco y le añaden un final feliz, con la aparición del buen cazador, que libera a Caperucita y resucita a la abuela, que es la versión más extendida. Veamos. El cuento muestra un ejemplo de sororidad entre mujeres de tres generaciones que se cuidan y se quieren,  aunque bien es cierto que la figura femenina aparece como inocente y desvalida a la merced de predadores, hombres-lobo sin escrúpulos, o de salvadores y buenos samaritanos; el cuento también puede entenderse como una iniciación a la sexualidad adecuada o como un rapto y una violación. Sin duda, el contexto es el de una sociedad patriarcal en el cual una mujer sola siempre está en riesgo. Muy actual.

Curiosamente, Disney no ha llevado al cine este relato, quizás por su crudeza original, difícil de endulzar, pero se ha contado a lo largo de muchos años y realizado muchas versiones, incluso mangas japoneses. Entonces,, ¿se trata de eliminar el cuento… o de versionarlo, adaptándolo a un tratamiento más actual e igualitario? Podemos crear otras versiones donde el lobo sea bueno o la Caperucita una karateca… ¿Cuáles son las soluciones que podemos ofrecer a nuestras hijas e hijos ante la eventualidad de un lobo con piel de cordero?

¿Es importante mantener la tradición, el vínculo con la cultura popular europea en este nuevo siglo? Quizás sí, pero no necesariamente toda. Puesto que esta historia ya no tiene mucho sentido, es cruel y refuerza estereotipos, pues, nada, a olvidarla, como ya ha pasado con otros muchos cuentos.  ¿Por qué conservar algo que nos hiere? ¿Por qué darlo a pensar a los niños, si ya no le tenemos ningún apego? ¿Si pensamos que no hay nada bueno que aprender de ella? Vinculada a estas cuestiones esta el tema de la tradición. La idea de inmovilidad de la tradición. Eliminando el cuento para nuestros niños, rompemos con la tradición y con ello, el vínculo de las futuras generaciones con el pasado, con una mitologia con la cual crecimos. La cuestión es si olvidándola podemos contribuir de hecho a cambiar con ello nuestra realidad inmediata, que sigue siendo patriarcal y machista, o inventaremos nuevas caperucitas…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Por qué seguir?

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Hace tiempo que voy escribiendo de forma esporádica en este blog, que empezó siendo un “divertimento” al que me impulsaron mis estudiantes más avezados y avanzados en medios sociales. En principio era un espacio para dialogar con ellos sobre nuestras cosas, un diálogo a la vez abierto al mundo, porque escribir para todas es mejor que escribir para una.

Además, y ahora lo veo releyendo a Warner (Publics and counterpublics, 2002) , el blog significaba crear un espacio discursivo personal y a la vez público, una de las invenciones culturales de la modernidad, la esfera pública, al alcance de todas. Un hito cultural de la “revolución web 2.0”. (Por cierto, existe una traducción al castellano del libro de Warner en el macba).

La cuestión de la audiencia no ha sido tratada en profundidad desde la antropología, más preocupada en generar conocimiento que en reflexionar cómo lo construye. Los aspectos discursivos y textuales que lo moldean y lo materializan fueron/son problematizados en el momento de la “crisis de la representación”, cuando se piensa la etnografía como texto, pero aún así, se analizan los efectos de representación y sus retórica “en el texto”, pero no en sus relaciones con la audiencia.

Desde la antropología de los medios, la audiencia ha sido  tratada como un concepto problemático, precisamente porque sabemos que la audiencia no es nadie en concreto y puede ser cualquiera que se asome a un texto. Es decir, la audiencia no encarna necesariamente a nadie pre-existente, sino que se concibe como una entidad abstracta a partir de la cual se teoriza sobre la  recepción de una obra o bien responde a una entidad numérica concreta: el número de espectadores de determinado evento o show, y a partir de la cual se justifica su éxito y su valor publicitario.

Por eso me pareció relevante el aporte de Warner sobre audiencia, un público, el público y lo público. La relación entre público y publicación como puesta en circulación de un texto.  Así pues, tenía este blog una audiencia concreta (mi gente, mis interlocutores doctorandos y estudiantes que ahora ya están muy lejos y siguen volando); luego vinieron otros lectores (¡bienvenidos!) que ingresaron en la audiencia concreta de este artefacto (lectores amigos, colegas y también algunas desconocidas interesadas en lo que promete este blog: una antropología de los medios). Algunos de estas lectoras y lectores, además, se supone que reciben una notificación cada vez que se me ocurre publicar algo, y así quizás reclamar su atención (¡pobrets!).  Entonces, ya se genera un público “auto-organizado” al rededor del blog que se materializa en una audiencia identificada y en una audiencia potencial inespecificada (cada una que llega o podría llegar al blog por curiosidad o contingencia).

Quizás la pregunta no es por qué seguir escribiendo en este blog, sino para qué seguir escribiendo aquí. Se ve pues que estoy en mi propia y particular “crisis de la representación”.

Hace tiempo que este blog es un espacio para “mis caprichos”, ya no pretendo ser “profesional”, ni  impartir ninguna enseñanza… Sirve para pensar en voz alta, algunas cosillas, difundir noticias, compartir información, etc. sobre la antropología de los medios, aunque cuando me concierne, escribo sobre las cosas que me interesan, me chocan, me preocupan o me pasan, como es  el uno de octubre en Barcelona, el desembarco de los piolines o la edición del libro sobre Digital Materiality, con Sarah y con Débora. Escribo cuando me apetece, cuando siento que hay algo que me llama a hacerlo, cuando tengo tiempo o algo que decir “desde dentro” y “hacia afuera” … en relación o en diálogo personal interior desde la antropología de los medios (de alguna manera).

Ayer fui a ver una buena película en Quito, en el cine OchoyMedio, un cine que se me aparece precioso, adorable, amable, y también con un toque de capricho. Quizás es lo que tiene Quito, ¿una ciudad muy caprichosa o llena de caprichos? Total, en ese particular y amoroso cine, se presentó la película ecuatoriana Agujero Negro. Estaban allí su director Diego Araujo y co-guionsita y productora Hanne-Lovise Skartveit, y al final de la película estuvieron dialogando con el público. Yo estaba entre el público constituido alrededor de la película, esa noche, en el ochoymedio. Y me sentí parte de cierta intelectualidad quiteña, parte del púbico que ama el cine (y particularmente esa sala de cine), parte de la humanidad, parte de los seres vivos del planeta y del universo.

Yo creo que hace tiempo decidí seguir adelante con este blog por lo que me une a él como espacio de nosequé que me conecta con nosequé, pero que para mi tiene vida. Y decido ahora seguir este blog. Seguir adelante, intermitentemente vivo… quizás precisamente por su valor como espacio constituido (con esfuerzo) de público-personal desde el que escribo cada uno de sus posts. De momento, va a seguir abierto al mundo (Hello World!) porque a veces me gusta recuperarlo y escribir alguna pendejada que me sucede “desde dentro” y “hacia fuera” (hay que ver la película “Agujero negro” para comprender ese movimiento).

En fin, seguimos!

 

 

 

 

Los estereotipos no mienten

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El estereotipo es un atajo para describir el todo por la parte. En si mismos no son falsedades, sino que están basados generalmente en observaciones que se pueden comprobar o que se corresponden con nuestra percepción de la realidad según nuestras convenciones sociales. Los estereotipos sirven para caracterizar un colectivo o un grupo social, o una identidad cultural; Los gitanos respetan a sus mayores, los hipsters son veganos, los millennials son narcisistas, y así. Estos rasgos se entresacan de muchos otros posibles para definir a estos colectivos, generalmente frente a otros colectivos dónde estos rasgos no se consideran como significativos, y por eso se entresacan para su caracterización e identificación. Si vemos a un joven tomarse una selfie, decimos que es lógico, o lo vemos como un comportamiento esperado, porque son millennials y sabemos que los millennials son narcisistas, y por tanto nuestra observación confirma el estereotipo. Así es como un rasgo conjunto de rasgos nos sirven para identificar un colectivo, esto es una parte -erigida en rasgo- nos remite al todo y lo define.

El paso siguiente es otorgar a ese rasgo un valor moral o tonalidad positiva o negativa. Que los gitanos respeten a sus mayores es un estereotipo positivo, porque desde nuestros valores, el respetar a los mayores también tiene una carga positiva, mientras que los millennials sean narcisistas es entonces un estereotipo negativo, porque en nuestra escala de valores el narcisismo es considerado un vicio de autocomplacencia, más que una virtud de autoestima. Es decir, valoramos ese rasgo en función de nuestras propias creencias y escala de valores, independientemente del porqué los gitanos respetan a sus mayores o porqué los millennials se hacen selfies entre otras muchas cosas.

El paso siguiente es el prejuicio, es decir, si caracterizamos a alguien como millennial ya le estamos adjudicando que “de natural” llevará consigo ser narcisista y seguro que se hará muchas selfies, sin necesidad de comprobar o constatar que la persona en cuestión se haga realmente muchos selfies o sea verdaderamente “narcisista”.  De este modo, el prejuicio refuerza el estereotipo sin que necesariamente el caracterizado cumpla con él o muestre ese rasgo activamente, “se le supone” por defecto.

Finalmente, si se constata que ese individuo no se conforma a los rasgos del estereotipo, se le excluye del colectivo o se le señala como una “excepción” que confirma la regla. Si esa persona resulta que no se hace selfies, es porque no es un verdadero millennial, o se trata de un millennial excéntrico, un ejemplar “raro” que escapa a la normalidad de los millennials, pero no se pone en duda el estereotipo.

En esta inversión argumental se produce un cambio en la categoría, que pasa de descriptiva a normativa.

Es más fácil construir estereotipos que desmontarlos. Una vez armados, los estereotipos se hacen fuertes gracias al prejuicio y la excepción. Son resistentes precisamente porque están basados en la comprobación empírica, en como las cosas son.

Los estereotipos no mienten y no son necesariamente falsos o arbitrarios, suelen responder a hechos comprobables y funcionan como sistemas de clasificación de la realidad; son una forma de articular nuestro sentido común. Pero cómo escogemos estos rasgos de exclusión e inclusión tiene consecuencias sociales muy difíciles de desmontar, y alambicados con el prejuicio y la excepción pueden llevarnos por caminos de estigmatización de colectivos y personas.

Una solución es poner atención a nuestros órdenes clasificatorios y complejizar la realidad; deshacer los atajos. Reconocer que, en el origen, no está el hecho observado, sino nuestra forma de clasificar lo que observamos como hecho.

Elisenda Ardévol y Nora Muntañola (2004) Representación y cultura audiovisual en la sociedad contemporánea.

Foto de la autora, Tailandia, 2017

 

 

 

 

Imágenes entrelazadas

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Foto de Boris Llona, Cappont, Lleida. 9:30 1, Octubre, 2017

¿Cómo analizar los millares de imágenes que ayer compartieron ciudadanos y ciudadanas de Catalunya  durante la jornada de referendum del 1-OCT? ¿Nos hicieron bien? ¿Ayudaron a soportar mejor el día o contribuyeron a aumentar los nervios y la incertidumbre? ¿Tuvimos una dosis de sobre-información? ¿Desinformación, quizás? ¿O al contrario, nos ayudaron a estar conectados con nuestros familiares y amigos, a informarnos directamente de lo que pasaba, a sobrellevar con humor la tensión en los colegios de votación, a reafirmar nuestra posición de quedarnos en casa?

El domingo vivimos una sobredosis de imágenes que tienen lecturas muy diferentes según el tono político de cada ciudadano y ciudadana y de cada contexto de recepción y circulación. Incluso las tremendas imágenes de cargas policiales y heridos suscitaron distintas lecturas. ¿Debe cada uno juzgar por sí mismo la gravedad del asunto? ¿Podemos banalizar lo sucedido? ¿Debe haber algún modo de trazar un límite colectivo de lo que es o no es posible en una democracia? Pienso que sí. Muchas de las imágenes de las cargas policiales muestran sin lugar a dudas una desproporcionalidad en el uso de la fuerza, rompiendo cristales y puertas de las escuelas, dando golpes y patadas innecesarias a personas mayores ofreciendo resistencia pacifica, disparando con pelotas de goma -prohibido su uso por las leyes de Catalunya-, hasta llegar a más de 800 heridos. Una desproporcionalidad también en el número de efectivos, ya que muchas imágenes nos muestran un despliegue excesivo de los cuerpos de seguridad entrando en poblaciones pequeñas. Independientemente de la legalidad del acto que se celebraba y de la percepción de su legitimidad por una parte u otra de la población, lo que las imágenes de las cargas policiales nos mostraron es sencillamente de vergüenza democrática. Sin más. Para muchos, la circulación de estas imágenes nos ayudó a convencernos, si cabía alguna duda, de que estábamos haciendo lo correcto: ejercer nuestra ciudadanía.

Sí, durante la jornada, la gente en Catalunya enviamos y reenviamos muchas fotos y videos desde nuestros medios para consumo propio entre amigos y familiares, para constatar que estábamos bien, para saber de primos y hermanos; el whastapp no paraba. Muchos también reenviaron y comentaron las imágenes de violencia policial en twitter o facebook con el convencimiento de que era una forma de hacer llegar al mundo lo que estaba pasando; en parte, para sobrellevar la sensación de indefensión, en parte, para contrarrestar la falta de información que se suponía que tendrían otras personas en distintos puntos de España, y en parte, con la esperanza de que la gente de Catalunya, España, de Europa y del mundo reaccionara.

Si bien es cierto que entre las imágenes que nos llegaban podíamos dudar de la veracidad de algunas y tuvimos que soportar momentos de sobresaturación, ya que la misma imagen nos podía llegar por tres o cuatro canales distintos, la circulación de imágenes supuso para muchos decididos a votar el redoblar las energías para defender sus centros, y para muchos indecisos o convencidos de quedarse en casa, decantarse por ir a votar y hacer las colas que fuera necesario. Otros quizás optaran por apagar el televisor y desconectarse de las redes.

Sin embargo, las imágenes de la brutalidad de las cargas policiales desde primera hora de la mañana contrastaban con las que nos llegaban de serenidad y tranquilidad en otros puntos; imágenes de largas colas bajo la lluvia, de gente que repartía vasos de chocolate entre los madrugadores, de padres de familia saliendo abrazados de las escuelas donde habían pasado la noche, y de jóvenes y mayores depositando su voto con caras de satisfacción, decisión y confianza. Muchas de estas imágenes transmitían alegría y felicidad. Nonagenarios con sus nietos, sonrientes y con una papeleta en la mano, selfies con famosos en las puertas del colegio, videos y fotos y más fotos…

Esas fotos de gente votando o haciendo cola tranquilamente, como cualquier otro domingo, como cualquier otra jornada electoral, confirmaban la tozudez, tenacidad y perseverancia de la gente. Muchos hacían circular y comentaban con orgullo las fotos de heridos en las cargas policiales yendo a votar así que salían del hospital, mientras que las imágenes sobre las argucias de algunos en el arte de esconder urnas y papeletas despertaban las sonrisas ante la capacidad de inventiva de la gente. Así, en ese entrelazamiento de imágenes de normalidad democrática, de represión policial, de solidaridad ciudadana, y de picaresca al más puro estilo Piolín, pasamos el domingo, sin perder nunca el humor. Ni la dignidad.

La imagen que encabeza este post es la que muchos señalan como la más emotiva de la jornada. La de un ciudadano abrazando a un mosso después de una carga policial en un pueblo catalán cuyo nombre no quiero olvidar. Se ve que los catalanes tienen la particularidad de elegir entre las imágenes de conflictos y situaciones de tensión, aquellas en que personas aparentemente contrarias o antagónicas se funden en un abrazo. Mi abuela me enseñó a poner la comprensión siempre por encima del entendimiento. “Niña -me dijo una vez mientras manteníamos una acalorada discusión política- no te entiendo, pero te comprendo” y nos fundimos en un abrazo que tampoco olvidaré nunca.

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El padre de Xavi -el niño fallecido en el atentado terrorista de Barcelona- y el imán de Rubí en una concentración de repulsa a la violencia, Agosto 2017.

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El abrazo de Artur Mas y David Fernàndez -de opciones políticas antagónicas conservadores y de izquierdas- después de la consulta del 9-N, Barcelona, 2014.

Es demasiado pronto para hacer un anàlisis académico de lo vivido, aún no puedo. De momento solo se me ocurre que lo mejor en estos días es practicar el “abracing”.

 

 

 

 

 

 

Participación ciudadana y creatividad en los medios: Liberar a Piolín

 

Estos días en Barcelona y Catalunya se está viviendo un movimiento ciudadano impresionante para cualquier investigador social. Son muchos los ciudadanos y ciudadanas de todas las edades y grupos sociales que salen a la calle en tono pacífico, festivo y vindicativo: quieren ejercer de sujetos políticos; quieren votar.  Esto debería ser motivo de atención para todos aquellos que estudian temas relacionados con la participación de la ciudadanía en asuntos colectivos. Muchas veces nos quejamos de la falta de participación de las personas en el espacio público y muchos son los estudios con fondos europeos que se preocupan por diseñar políticas que enganchen a los ciudadanos en la toma de decisiones y en la vida pública, ante lo que parece ser una general apatía. Pero cuando eso pasa, cuando la gente debate colectivamente en las calles y en las redes sociales cómo quiere su futuro y cuál quiere que sea su modelo de gobierno, parece ser que o se ignora, o nos incomoda, o sencillamente se les tilda de “turba” que solo sabe hacer “algarabía”.  Ya pasó en el 15M. Ahora vuelve a pasar.

Estos días he observado la creatividad de la gente en las calles, cuando acude a las plazas y se reúne con sus conciudadanos para entre todos, inventarse lemas, carteles, frases irónicas, sencillas que casi parecen salidas de un manual de auto-ayuda o de gran profundidad filosófica, o bien tomando aforismos prestados de Gandhi, de Nelson Mandela o de Thoreau. La creatividad popular es desbordante tanto en las calles como en las redes sociales. Hay analistas que solo se fijan en los hilos de insultos o trolls, los hay, pero esto no es suficiente ni lo explica todo. Son una minoría comparados con los hilos humorísticos, los memes, los video virales… una fiesta para los y las estudiosas de la participación ciudadana en la red, la cultura del remix y del mash-up, pero también para la semiología, el análisis del discurso o la antropología visual y de los medios.

El tema querer votar y decidir el modelo de gobierno puede que no guste a todos. Algunos lo pueden incluso considerarlo superfluo y banal, frente a tantos problemas globales a los que nos enfrentamos. Pero la gente es la gente, y no siempre se mueve por los motivos que nos gustaría que se movieran, se mueven por lo que consideran que les atañe profundamente como personas y como colectivo. Y lo hacen con lo que tienen a mano: bolígrafos, papel, fotografías de instagram y whatsapps. Es su libertad de expresión y la ejercen con más o menos tino, pero con gran ironía y sentido del humor.

Un ejemplo es cómo responden a la llegada al puerto de Barcelona y de Tarragona de varios buques que albergan a los cuerpos de la Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía que se han desplazado desde distintos puntos de España con motivo del referéndum del 1-O. Estos buques pertenecen a distintas empresas de cruceros familiares, entre los que destaca El ‘Moby Dada’, atracado en el puerto de Barcelona, que ha llamado la atención por las enormes caras de los personajes de la Warner Bros. que decoran el casco del barco. Entre ellos, Piolín, el Coyote y el Pato Lucas.

A partir de ahí, la gente hace cosas. Uno de los carteles que se podía ver en una de las plazas de Barcelona esta mañana era un dibujo de Piolín diciendo “Me pareció ver un lindo papelito” refiriéndose a las papeletas de votación que han sido buscadas, halladas e incautadas estos días por la Guardia Civil a instancias de la Fiscalía, y que refrasea la frase típica de Piolín en los dibujos animados que todos reconocemos: “Me pareció ver un lindo gatito”.

En las redes sociales la creatividad popular es aún más extensa e ingeniosa. Un video viral toma prestado el trailer de la serie “El barco del amor” para remixearlo con figuras políticas del momento, un meme toma el cartel de la película de Titanic y le inserta el barco, mientras otros inventan diálogos surrealistas…

el caso es que actualmente el barco sigue atracado en Barcelona, pero con lonas que tapan a los de la Warner.

En estos momentos #Freepiolin #FreeTeety es trending topic.

Quien iba a decir que en cuestión de días Piolín se convertiría en adalid de la libertad de expresión en nuestro país.

 

No hay que fiarse de los aparentes cambios en las relaciones de género de algunas series de TV

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Una aportación de Pilar Ballarín a la conversación sobre series de TV en respuesta a mi anterior post sobre Big Bang Theory:

En series como Bones y Bron (El puente), entre algunas  otras, se presenta a mujeres como Temperance Brennan o Saga Noren con capacidades intelectuales excepcionales y una importante racionalidad científica pero alejadas de cualquier capacidad empática y afectiva, lo que les genera problemas para relacionarse con el mundo.

En ambas se presenta la doble cara de la moneda: chica más lista que chico, chico más afectivo que chica (inversión del estereotipo) pero que lejos de romper roles de género representan la amenaza de su ruptura.

La moraleja, no es nueva: Mujeres “desnaturalizadas” por el cultivo de la razón. Perdida de las cualidades “femeninas” de afectividad y amor al otro. El varón afectivo/comprensivo va humanizando a su compañera.

Mujeres que “son para sí” y no “para otro” dejan de ser mujeres. Son los varones los encargados de redirigirlas a su estado “natural” el de los afectos. Gracias a ellos se “salvan”.

¿Que vemos cuando en Big Bang Theory son los varones los brillantes investigadores con problemas de relación afectiva?

Sheldon muestra desprecio intelectual por la mayoría de la gente corriente y se relaciona mal con todos y el desprecio a las chicas es notorio. En el ejemplo de Elisenda en Big Bang Theory:

“Sheldon y Penny se ensartan en un juego de Trivial en el que los dos compiten en conocimientos: Penny le hace preguntas sobre temas de las revistas del corazón y Sheldon sobre temas científicos generales. Ambos reconocen en ese episodio que poseen conocimientos distintos y que ambos son “buenos” en sus respectivos campos y no en los del otro.”

No hay rivalidad. Se entiende en el análisis que son buenos “en campos distintos”. No son “pares” por tanto y la relación se matiza por la ternura y amistad. Los estereotipos de género se ven potenciados ya que es ella la versión ”humanista”. En este comentario bien se destaca que es patente “el desprecio intelectual, el desprecio moral, el desprecio de clase y el desprecio de sexo” sin embargo, entiendo que es el desprecio de sexo, no es uno más sino el que atraviesa a los otros tres niveles. Si analizamos cada uno en clave de género vemos que:

El mayor desprecio intelectual es el que se produce hacia las mujeres ya que no se consideran “pares” y todas son “lo otro” y con ellas no es posible la rivalidad individual, sino la asignada al sexo.

El modo de equilibrar la diferencia intelectual pasa por reconocer como dos mundos separados lo “científico” y el “corazón” estableciendo otra forma de desequilibrio sexual que liga a ellos con el mundo civilizado y a ellas con el estado de “naturaleza”. Luego el desprecio moral establece una división claramente sexual.

Poco se puede añadir sobre el desprecio de clase ya que viene marcado por el intelectual y, en consecuencia, también divide en función del sexo.

¿Qué diferencias observamos cuando la ventaja intelectual esta representada por mujeres y cuando lo está por varones?

1) En ambos casos las capacidades intelectuales se presentan ligadas a incapacidades emocionales. Podría pensarse que se pretende con ello, como señala la profesora Ardévol, promover la importancia de la educación sentimental. Sin embargo, considero difícil de aceptar que se entiendan como altas capacidades intelectuales aquellas que se alejan de la sociabilidad y no considerando que, por el contrario, es la sociedad la que excluye y las convierte en “trastorno” lo que no responde a sus normas. Plantear estos desequilibrios no puede ser educación sentimental sino sospechosa reproducción lampedusiana.

La forma de presentar la bipolaridad: capacidades intelectuales/incapacidades emocionales, abunda en la tradicional dicotomia razón-cultura/emoción-naturaleza.

Aunque en ambos casos hay en común que el personaje “más emocional” también es “listo”  y ese es el que vemos como “normal”.

2) Las relaciones de género ¿en que medida se establecen de forma diferente en cada caso?

Podría decirse, en una primera mirada, que el papel de ellos responde  claramente a un modelo patriarcal, aunque en dos versiones diferentes:

Modelo chica lista-chico emocional: es el chico el que muestra a la chica la importancia de experimentar emociones y la necesidad de generar empatía y, en mayor o menor medida, se muestra al fin lo conseguido. Con códigos más sofisticados presenta la clásica inversión de papeles para mostrar sus fatales consecuencias que se resuelven modificando la conducta de ellas.

Modelo chico listo-chica emocional: es la chica la que muestra al chico que existen otros “conocimientos”, es decir, busca traducir a “excelencia” reconocible por el chico, cuestiones más cotidianas.  Al fin lo que consigue es simplemente no ser despreciada por él. Nada cambia pero el no ser despreciada se convierte en un “éxito” para la chica. En definitiva, los estereotipos de género se reproducen dentro de su “freekez” y nada cambia.

Las formas del desprecio en Big Bang Teory

La sit-com Big Bang Theory es una de las series de tv más exitosas estrenada en el año 2007 y actualmente en la décima temporada. Está protagonizada por un grupo de geeks -Leonard, Sheldon, Howard y Raj- investigadores brillantes en los campos de la física y la ingeniería que trabajan en la universidad, apasionados de los cómics, los videojuegos, las películas y las series de ciencia ficción, y con verdaderos problemas para relacionarse con el mundo y muy especialmente con las mujeres.

El personaje central es Sheldon, físico teórico, que no sólo tiene dificultades de relacionarse con los humanos, sino que no lo considera un problema sino una consecuencia lógica de su inteligencia superior. Diríamos que Sheldon encarna una de las formas más auténticas del desprecio: el desprecio intelectual por la mayoría de la gente corriente, incluidos sus amigos. El desprecio intelectual articula sus relaciones con los demás, es su medida de orden social más inmediata, y hace referencia a la meritocracia científica: la excelencia como base en la que se expresa la competencia académica entre pares.

¿Cómo puede soportar Leonard las constantes alusiones de Sheldon a su escasa brillantez intelectual? ¿Cómo puede convivir con un tipo que lo desprecia intelectualmente? ¿Cómo pueden Howard y Raj aceptar esa relación? ¿Cómo soporta Amy, su novia, los continuos desaires a su profesión como neurobióloga? El afecto parece ser la cola social con la que lidiar con las desigualdades.

En el caso de Penny, la vecina estudiante de arte dramático de la que se enamora Leonard, el desequilibrio intelectual con Sheldon se muestra en toda su crudeza, pero a la vez, es el más tolerable, pues viven en mundos separados inconmensurables, y les une una tierna relación -por ejemplo, cuidarse mutuamente cuando están enfermos. Hay un episodio en que Sheldon y Penny se ensartan en un juego de Trivial en el que los dos compiten en conocimientos: Penny le hace preguntas sobre temas de las revistas del corazón y Sheldon sobre temas científicos generales. Ambos reconocen en ese episodio que poseen conocimientos distintos y que ambos son “buenos” en sus respectivos campos y no en los del otro. Se equilibra así el desprecio intelectual que existe entre ambos, porque en el caso de Penny, esta además, puede mostrar también su desprecio por el escaso conocimiento de Sheldon de los temas mundanos, en los que ella es una experta. Sheldon deberá enfrentarse a otras muchas ocasiones de desprecio entre pares en la universidad donde los resultados no estarán matizados por la ternura o la amistad.

En otro episodio en el cual Penny y Leonard se casan, aparece la familia de Penny llamándose a si misma “basura blanca” frente a la intelectualidad de los padres de Leonard, psiquiatra ella, antropólogo él. En este caso, el desprecio se articula en forma de expectativa de clase social (auto-desprecio). El desprecio en función del sexo es una de las constantes de la serie, siendo Penny la que acapara todas las formas de desprecio de lo femenino, incluida la atribución de estupidez, aspecto que no comparte con las otras novias, Bernadette -química que trabaja en una farmacéutica, y Amy. Las Humanidades estan ausentes en el relato, a no ser de forma también peyorativa, ya que los pinitos de actriz de Penny no cuentan ni siquiera como arte dramático. El desprecio moral también es una fuente de humor constante en la serie, especialmente por la incapacidad de Sheldon de mentir socialmente. Pero el desprecio intelectual es el más “auténtico” porque uno “nace así” con ese coeficiente intelectual que desde pequeñito lo hace “rarito”, y no depende de convenciones o construcciones sociales. Por eso sus amigos no pueden odiarlo.  Un buen ejemplo de naturalización de la desigualdad que hace aceptable el desprecio ajeno.

El desprecio es una forma de inhabilitación social en cuanto rompe el equilibrio entre pares, marca una desigualdad al señalar en el otro una carencia. Esta forma de bloqueo social puede responderse con un desprecio equivalente o mediante la creatividad. El desprecio equivalente es el reconocimiento del bloqueo, es un “enroque”. La creatividad irónica acepta el reto y se burla del “bloqueo” como un intento fallido. La creatividad “destructiva” busca vencer la obstrucción destruyendo o negando la diferencia sobre la que se asienta.

Podríamos decir que la serie es un compendio de educación sentimental sobre las formas del desprecio: el desprecio intelectual, el desprecio moral, el desprecio de clase y el desprecio de sexo. El humor se origina cuando estos desprecios se ponen de manifiesto y los personajes luchan por sobreponerse a ellos de forma inesperada. Es una serie educativa en cuanto nos ayuda a desarrollar estrategias innovadoras de desbloqueo ante las formas de desprecio cotidianas, pero no es muy “revolucionaria” en cuanto no nos da claves para destruir creativamente nada.