Razas y racismo: nada de tonterías


Fotograma del programa de TV3 Tabú dedicado a “Ètnies”

A vueltas con el tema del racismo, hace poco y relacionado con el COVID-19 apareció un artículo de Javier Sampedro en EL PAÍS “No digas raza” que fue contestado por la Asociación de Antropología del Estado Español  en El Público “Las razas no existen, pero el racismo sí” dónde expresaban su malestar por el tratamiento dado al término de “raza” y el desprecio a la Antropología Social y Cultural y a los antropólogos y antropólogas que hace tiempo  que sostienen que las diferencias culturales no tienen ningún apoyo científico en las diferencias biológicas (sean de base fenotípica o genotípica) de la especie humana, dicho de otro modo: cualquier desigualdad social o diferencia cultural sustentada en una diferenciación racial no tiene ninguna base científica.

Somos diferentes en nuestro color de piel o en nuestro genoma, pero somos iguales en la capacidad de la especie humana de producir cultura, de adaptarnos a distintos medios, de organizarnos en distintos grupos, de crear identidades y diferencias, de generar órdenes, normas, valores, y símbolos que nos unen o nos separan.

Así, por ejemplo, los gitanos no son mejores músicos que los payos o no gitanos porque tengan un gen “flamenco”, sino porqué en su tradición cultural el aprendizaje del cante y del baile se produce desde la más tierna infancia, forma parte de sus formas de sociabilidad y de sus rituales, y hay un saber musical compartido (corporal, emocional, cognitivo) que se transmite de generación en generación, además de que se les permitió ejercer el oficio de artista o músico mientras otros les eran negados, de manera que es mucho más probable encontrar buenos músicos y cantaores flamencos entre los gitanos que entre los payos, pero esto no significa que haya excelentes músicos no gitanos en el mundo del flamenco.  Algo parecido podría argumentarse respecto al jazz o la música pop. Nadie afirmaría con soltura que hay un “gen rockero” que hace que se les dé mejor a los blancos, por ser o nacer blancuchos.

Desmantelar el racismo como ideología es muy complicado porque forma parte de nuestra tradición cultural como una forma naturalizada de asociar desigualdades sociales a diferencias culturales, vinculando las desigualdades sociales a una diferencia cultural ligada a la expresión de un conjunto fenotípico (color de la piel, rasgos faciales, etc.) o incluso de carácter “genético” (inscrito en su ADN). De manera que uno es culturalmente diferente porque físicamente, lo es. Esto es: la diferencia biológica explicaría la diferencia cultural y esta justificaría la desigualdad social.

Esta idea de “raza” que vincula cultura y biología fue apoyada y fomentada por cierta ciencia y antropología evolucionista de los pasados siglos XIX y XX pero actualmente son contados los científicos que sostienen su utilidad para explicar nada, y menos las diferencias culturales;  no podemos afirmar que haya ciertas capacidades cognitivas y emocionales que los individuos posean en función de formar parte de un mismo grupo racial. Al contrario, las teorías sobre la existencia de tales vínculos fueron refutadas, rechazadas y abandonadas por la comunidad científica hace ya tiempo, pero la creencia persiste. Forma parte de un “sentido común” que se perpetúa y reproduce, y por ello es grave que se siga propagando actualmente desde posiciones científicas.

Entonces, las razas existen en la medida que las creamos y nos adscribimos a ellas.  Las razas no existen como una realidad científica capaz de explicar diferencias culturales o predisposición a capacidades personales, sino como categorías sociales; repito, existen en la medida en que las creamos y nos adscribimos a ellas. Y se crean “razas” muy esotéricas. Recuerdo mi consternación cuando tuve que “auto-inscribirme” en una “raza” para poder entrar a una página web de contactos en un estudio que hice sobre relaciones de pareja en Internet a principios de los 2000; tenía varias opciones como “raza” mediterránea, hispana, caucásica, blanca…

Según la Wikipedia, “la raza, definida por la Oficina del Censo de los Estados Unidos y por la Oficina de Administración y Presupuesto (OMB), es un elemento informativo de autoidentificación en el que los residentes escogen la raza o razas con las que se sienten más cercanamente identificados.   Las categorías representan un constructo socio-político diseñado para la raza o razas que se consideran a sí mismas como existentes y “generalmente reflejan una definición social de raza reconocida en este país“.

Entonces, podemos decir que “raza” actua como una categoría socio-política que sigue siendo vigente e importante para clasificar a la población, como lo es el diferenciarse por nacionalidad, etnia, cultura o costumbres, tradiciones, lengua… o por género, edad y clase social. Esta auto-inscripción tiene un sentido cultural, social y político, ya que por una parte, implica procesos de subjetivación y formación de una identidad personal y colectiva, y por otro, campañas políticas, ayudas sociales, etc. además de servir de sustrato a una estratificación social.

En el censo de Ecuador, en 2010 La pregunta 16, sección 4, del censo dice: ¿Cómo se identifica (…) según su cultura y costumbres? 1. Indígena, 2. Afroecuatoriano/a Afrodescendiente, 3. Negro/a, 4. Mulato/a, 5. Montubio/a, 6. Mestizo/a, 7. Blanco/a, y 8. Otro/a. Fíjense ustedes que ha desaparecido la clasificación “racial” o “étnica” y se puede ser “blanco” por cultura y costumbres. En Ecuador, si antes la mayoría de la población se auto-categorizaba como “mestiza”, últimamente crece el número de personas que se identifican como “indígena” ya que ha crecido el sentimiento de pertenencia vinculado a las naciones originarias, la vindicación de una identidad colectiva con unos derechos sobre el territorio, una defensa de las lenguas indígenas, y en definitiva, una lucha política para existir como sujeto político de pleno derecho.

La cuestión es como tratamos todo este embrollo. Estamos de acuerdo de que es un tema delicado, sobre el cuál no podemos decir ni hacer muchas tonterías, porque nos jugamos mucho. En nuestra humanidad, tratar la raza como si pudiera desligarse del racismo es complicado porque nacieron juntos. Y los instrumentos que tenemos para deshacer este entuerto se nos escapan de las manos y solemos caer repetidamente en argumentos falaces como los que expresaba Javier Sampedro, tenazmente contestados por los y las firmantes de la necesaria réplica de la ASAEE.

Otro caso reciente de la vinculación entre etnicidad y racismo puede observarse en un programa de la televisión pública catalana. Se trata de Tabús “un programa que se ríe de personas de las cuales no nos tendríamos que reír” que se arriesga a tratar el tema del racismo en su programa “Ètnies” en el cual afirman que el presentador “convivirá con Bilal, Coumba, Ramia, Santosh y Yutong, 5 personas de etnias distintas y que juntos intentaran romper todos los tópicos que los rodean i constatarán que el racismo está más presente de lo que nos pensamos en su día a día. También hablarán de la lengua, las religiones y los tópicos más divertidos sobre sus orígenes.” (de los orígenes de ellos, de los participantes, se entiende).

El programa pretende “romper tópicos” y al final, la solución que plantea es llegar a “un mundo en el que simplemente podamos confiar el uno con el otro”. Curiosamente, las 5 etnias seleccionadas són sobre las cuales existen “prejuicios” raciales en Catalunya y que parecen construidas “ad hoc” para el programa. Por ejemplo, un personaje dice “yo soy de Marruecos”, entonces, ¿ser marroquí és una etnia? Según la wikipedia “el 10% de los marroquíes son de etnia árabe y el 90% son de etnia bereber.” Eso sin contar con las etnias del Sahara Occidental, o las distinciones étnicas que hay dentro de los bereberes o mejor dicho, los amazigh, como los tuareg.  Otro de los personajes es una joven que se auto-define como “china”, y que en el programa se asocia con “los chinos” como grupo étnico, pero en China sabemos que hay una gran diferenciación étnica y de lenguas.

Los grupos étnicos se crean por oposición a otros, escapan cualquier noción biologista de raza, y sin embargo, se presentan en el día a día como “substitutos” de esta.  El racismo se perpetúa en la etnicidad, a pesar de advertir que la etnicidad no se basa en ningún concepto científico de raza, sino en la auto-afirmación de un colectivo de formar una unidad social, cultural y política, en función de compartir una historia en común, antepasados, lengua y tradiciones comunes, y de querer siendo miembros de esa identidad colectiva. Etnia en su etimología significa “pueblo” o “nación” en un sentido laxo (puede contener elementos de diferenciación fenotípica o no respecto a otros grupos étnicos y puede tener o no una organización política basada en el estado moderno). Los gitanos o romí serían un buen ejemplo, pues su sentido de pertenencia no se basa en rasgos físicos particulares (hay gitanos rubios y de ojos azules) sino en la adscripción al grupo (con todas sus variantes y distintas afiliaciones).

En base a estas consideraciones, creo que el programa Tabús “ètnies” no trata de etnias, sino de racismo. Marca ciertos colectivos o nacionalidades como “etnias” susceptibles de “racismo” y por tanto racializa a unos y blanquea a otros. Es difícil hacer humor de estos temas, como el propio programa admite. Así, al final, el presentador orquestra una serie de chistes “racistas” suaves, que pretenden establecer un tratamiento equidistante, pero que giran en función del color de la piel, la religión o la cultura…, para acabar diciendo que lo que ha aprendido de una semana de conviencia con tal “diversidad étnica” es que “una persona extraña, es una persona que aún no he conocido”.

La solución al racismo se plantea de lectura fácil: todo es cuestión de “conocernos mejor” y de aplicar un sano sentido del humor, pero siendo el eje central a partir del cuál se elaboran los chistes “el catalán” europeo, cristiano, blanco y hombre. El presentador (o sus guionistas) construye la diferencia a partir de un yo incuestionado, homogéneo y hegemónico, frente a un amasijo de “5 etnias distintas” construidas “ad hoc”, ya que tampoco lo son desde un punto de vista antropológico, pero que son escogidas por ser vulnerables a un posible “racismo” en nuestro país. No hay pues una desarticulación de la vinculación entre “etnia”, “raza” y “cultura” sino que se mantiene la racialización de ciertos colectivos frente a otros. La cara amable del racismo no nos salva.

Puntualizo que no ha sido mi intención criticar aquí (y mucho menos culpabilizar) al presentador de Tabús o “denunciar” al programa como “racista”; solo poner un ejemplo de la complejidad del tema y las trampas en las que podemos caer todas. Analizar lo que ocurre en este programa pone en evidencia que la posición desde dónde hablamos cuándo hablamos de estos temas también nos sitúa, queramos o no, en el eje racial.

Recientemente y a raíz del artículo de Sampedro y de la posterior réplica de la ASAEE, un colectivo de académicos y académicas también de la esfera antropológica, ha publicado un artículo en  Salto que añade nueva reflexión al tema: No decir ‘raza’ no elimina el racismo; El que la raza sea una construcción política y social no quiere decir que no tenga efectos reales.

Y es que para la antropología, la relación entre naturaleza y cultura es un tema central,  así como el estudio de los grupos étnicos y sus fronteras, y como no, la cuestión del “racismo” nos atañe a todas. Hay pues que seguir desmantelando entuertos, luchando contra fantasmas, abriendo brechas…

Virtual y real: Los límites de la subjectividad?

Nuevo debate post-traumático en la Sala Beckett:

Somos sujetos porque tenemos conciencia de nuestras acciones y experiencias; para Descartes, este es un rasgo característico de la especie humana, pero para Foucault, es un efecto de poder y de las disciplinas del yo, y en todo caso, el concepto aparece en periodo histórico y contexto cultural específico de los humanos. En esta sesión proponemos una ficción especulativa: en un mundo donde los robots, la realidad virtual y la realidad aumentada forman parte de todos los aspectos de la vida cotidiana, las nuevas generaciones han dejado de distinguir entre lo virtual y lo real. Convocamos a tres expertos en el estudio de la conciencia y de las emociones -un sociólogo, una neurocientífica y un filósofo de la ciencia- para analizar las consecuencias que esto podría tener para el futuro de la especie humana, en la percepción de nuestro cuerpo y en la construcción de nuestra subjetividad.

Intervienen:
Francesc Núñez, Joan Llobera y Jordi Vallverdú

Modera:
Elisenda Ardevol

Fecha: 05/02/2019
Horario: A las 19h
Duración: 1h 30 min
Espacio: Sala de baix
Precio: 3€ | Personajes de la Beckett y Comunitat UOC gratuito

el origen de las redes sociales

Este anuncio de Heineken (la fotografía la he encontrado en Mini-Vit) nos dice que las redes sociales nacen o se consolidan en el bar, frente a unas cervezas, a la vez que la imagen de la botella evoca la imagen típica de los perfiles de facebook (perfil de usuario de medio cuerpo).  La extensión y popularización del software social ha significado el final de una etapa de Internet caracterizada por el anónimato y las comunidades virtuales, hacia una Internet de la gente, en la cual lo importante son las relaciones entre las personas en su vida cotidiana. Para tejer tu red social online no puedes ser una persona anónima, sino un individuo concreto. Si antes podías mantener varias identidades en distintos entornos sociales (online y offline), ahora, tus distintas identidades, roles y redes sociales pueden colapsar en un solo perfil o nodo de red en un entorno virtual como facebook.

El software social puede verse como una respuesta tecnológica a los miedos de anti-socialidad que se esgrimian frente a un Internet hecho para la libertad de ser quien quisieras ser, fuera de los condicionantes físicos, sociales culturales; una afirmación de que Internet no es anómica y descorporalizada, sino profundamente social y que puede contribuir a reforzar los lazos sociales cercanos y la sociabilidad en contextos físicos y bien reales. Los nuevos peligros no son el aislamiento y la anomia social, sino la transparencia, el control sobre los propios datos y falta de privacidad.

Mientras que el software social como wordpress, flickr, vimeo o youtube se centra en el objeto de intercambio (la información, la foto, el video), el software de las redes sociales como orkut, facebook o tuenti en España, se centra en el perfil del usuario y en sus conexiones. Internet no es pues un mundo a parte, sino parte del mundo, y ya no podemos imaginarlo como un cajón de sastre y voces anónimas que flotan libremente en el ciberespacio, sino como una red de redes sociales, una red de personas localmente situadas, para las cuales lo importante no es tanto lo que se intercambia, sino la sociabilidad que se expresa en la comensalidad, en poder compartir unas cervezas en un bar. Heineken lo tiene claro. Littlefield, también.

subculturas technológicas

Los floggers son una tribu nacida en fotolog Argentina que se ha convertido en tribu urbana o subcultura juvenil. Nos lo contó Carles Feixa, emocionado en su reciente visita a Buenos Aires, en la mesa sobre Generación Digital. Lo interesante para mi fue como caracterizó en tres pinceladas las características de las bandas juveniles. Resulta que, segun Carles, los floggers reunen todos los requistos para ser considerados como tal. De un modo síntetico y pasando a limpo mis apuntes, son 8 las características que debe tener una tribu urbana:

1- lenguaje propio -incomprensible para un neofito-
2- estilo característico -estética distinguible, especialmente en la forma de vestir-
3- gusto musical compartido
4- actividad focal -prácticas con un objeto común, en este caso el fotolog-
5- sociabilidad intensiva -jerarquías internas, en este caso también el uso de los ranquings en el fotolog-
6- nombre colectivo propio -pues eso, floggers, se lo inventaron ellos-
7- difusión masiva -que los conozcan las mayorías-
8- adversario -distinguirse de otros grupos hasta cierto punto homólogos-

El 2) y el 3) son propios de las subculturas juveniles, aparte de la juventud de sus integrantes, que se le supone-. El 7) es muy interesante porque para constituir una “subcultura”, un medio cultural más amplio debe reconocerla como tal,  y ahí entran en juego los mass media como productores de subculturas y celebridades en tanto que se hacen eco de su existencia y les dan una relevancia mediática, una singularidad significativa, que a su vez, al visivilizarlos a las mayorías, los legitima en el sentido de “reconocimiento público”. El 8 puede ser el detonante de su visibilización para las mayorías y marcar su bautizo de fuego. Como nos explicaba Carles, es a raíz de una pelea con otro grupo juvenil que atraen la atención de los medios y consiguen el punto 7).

En este caso, se trata de una identidad colectiva relacionada con el uso de una tecnología específica de Internet, el fotolog, a lo que se añaden las otras características, como cierta estética compartida. Lo que se apunta como novedoso es que su actividad focal sea la propia práctica de subir y compartir fotografias en el fotolog y que esta actividad se selecciones para generar su identidad de grupo. Podrían ser fotologgers, pero son “floggers”. No hay que confundir la práctica del fotolog con los floggers.   Se podría decir que hay muchos grupos de este tipo en el propio fotolog o en otros medios como Flickr, pero ellos han conseguido visibilizarse. Otra cuestión es su supervivencia y estabilización como identidad colectiva… y entonces entran en acción los medios y las marcas…. los blogs que se hacen eco de la noticia, como mi propio post o este de interacciones. Algunos medios, como el periódico Clarín, deciden que puede ser ventajoso unirse a ellos y le proponen a su lider -una chica de 17 años capaz de movilizar a 300 jóvenes en la primera quedada- un banner que los conecte. También hay una marca deportiva que decide vincularse a través de ofrecerle a su lider carismático y marcador de tendencias un contrato para promocionar la marca en su fotolog. Fantástico!!!

identidades moleculares

Estoy leyendo trabajos de fin de curso. Estamos en Junio. En concreto uno sobre “identidades en el ciberespacio”, un poco rancio, tal y como suena, pero con elementos interesantes. Cita a un autor portugués que no conocía, Tadeu da Silva, que tiene cosas traducidas sobre educación pero no esta obra del 2000 Identidade e diferença: a perspectiva dos estudos culturais. Una cita extraída del trabajo en cuestión:

“Normalizar significa elegir – arbitrariamente – una identidad específica como parámetro en relación al cual las otras identidades son evaluadas y jerarquizadas. Normalizar significa atribuir a esa identidad todas las características positivas posibles, en relación a las cuales las otras identidades sólo pueden ser evaluadas de forma negativa. La identidad normal es ‘natural’, deseable, única. La fuerza de la identidad normal es tal que ella ni siquiera es vista como una identidad, sino simplemente como la identidad. Paradójicamente, son las otras identidades las que son marcadas como tales: en una sociedad en la que impera la supremacía blanca, por ejemplo, ‘ser blanco’ no es considerado una identidad étnica o racial. En un mundo gobernado por la hegemonía cultural estadounidense, ‘étnica’ es la música o la comida de otros países. Es la sexualidad homosexual la que se ‘sexualiza’, no la heterosexual. La fuerza homogeneizadora de la identidad normal es directamente proporcional a su invisibilidad”

Bueno, lo dice bien clarito. Y esta otra de Hall también me ha gustado:

“Cuanto más la vida social se torna mediada por el mercado global de estilos, lugares e imágenes, por los viajes internacionales, por las imágenes de los medios y por los sistemas de comunicación globalmente interconectados, más las identidades se tornan desvinculadas – desalojadas – de tiempos, lugares, historias y tradiciones específicas y parecen ‘fluctuar libremente’. Somos confrontados por una gama de diferentes identidades, entre las cuales parece posible escoger”.

Pero… a esta tengo peros. Parece ser que esas “identidades fluctuantes” fueran arbitrarias y caprichosas, fruto del azar y del entretiempo, que no hubiera ningún tipo de patrón en ellas, y eso es fruto también de esa “invisibilización” de los mecanismos por los cuales se nos “aparecen” esas nuevas fórmulas identitàrias, libres de constricciones atávicas. Hoy he estado en una conferencia de Lina Casado sobre Cuerpo femenino y malestares encarnados: Símbolos y significados de las prácticas autolesivas entre las jóvenes donde precisamente hemos discutido sobre la identidad organizada al rededor del concepto del “selfinjury” o la “autolesión”, una identidad colectiva que se expresa en la red, en comunidades virtuales de “adictos” a estas prácticas y que es muy difícil que se haga visible de forma colectiva en otros contextos. Parece ser una práctica en solitario que es “puesta en común” en la red. Es una identidad colectiva que se apoya en gran parte en su medicalización, patologización y exclusión social. Pero no quiero entrar en detalles de una investigación tan delicada. Solo la traigo a colación porque me ha parecido sospechar que hay pautas en esa proliferación de identidades por “afinidad” y que esa “libertad” de escoger está regulada socialmente, solo que sus bases están en otro lado, en el consumo, en la medicalización de nuestras sociedades, en ciertas estéticas… en fin, que se corresponden a este mundo fragmentado en el que vivimos, pero que no son aleatorias, son identidades moleculares y solo “parecen fluctuar libremente”. Vuelvo al trabajo.

Josomid i jo

Gràcies, Josomid pel teu comentari sobre les identitats juganeres. Crec que les preguntes que em fas mereixen un post com a resposta, a més, t’ho vaig prometre. El que volia plantejar era precisament que identitat, subjecte i cos són elements que, en el nostre sentit comú, constitueixen la persona. En aquest sentit i com expresses tu mateix, ets una identitat a la xarxa i ets també un cos físic, que vaig tenir el plaer de conèixer quan et vaig visitar a l’exposició, el que no tinc tan clar és que siguis un subjecte. La teva subjectivitat, sospito, és una subjectivitat col·lectiva i distribuïda, potser ets com un Pinoxo que busca la seva fada padrina.

El que em resulta curiós és que en la meva proto-classificació sobre els jocs de la identitat, participes en tots ells. T’amagues darrera d’una màscara fent-te passar per un maniquí anònim, sense rostre. Simules un personatge en un metavers que has imaginat com a “real” -sense comptar amb el teu doble a Second Life- i jugues a expandir i espectacularitzar la teva identitat en diferents plataformes i xarxes socials a Internet. En aquest sentit, penso que estàs complint amb els teus objectius, ja que jugar amb la identitat és una forma pràctica de reflexionar sobre qui som i com ens construïm i ens construeixen en la xarxa i en la nostra vida quotidiana, ja que recorda que vaig intentar mantenir que Internet no és un món a part, sinó una part d’aquest món i de la nostra experiència i per tant, de la vida quotidiana de molta gent. Qui som jo? A mi també m’agradaria saber-ho! Però pel camí… fem bona parella, eh?! 🙂

juegos de identidad en la red

El dia 21 estaré en Palma de Mallorca para compartir ideas y experiencias sobre los juegos de identidad en la red en el marco de la exposición Identitat digital. Me acompañará Bel Llodrà y trataremos de reflexionar sobre como se juega la relación entre identidad, subjetividad y cuerpo en lo que antaño se llamaba “el ciberespacio”, ya que la propuesta es abordar el tema a partir de tomar en su conjunto las distintas tecnologías de interacción social en la red, especialmente las que permiten la interacción abierta entre usuarios. En concreto, baso mi presentación en tres momentos clave de mis investigaciones sobre el tema: un estudio sobre identidad y género en chats, realizada en el año 2002; un estudio sobre relaciones interpersonales en sitos de citas y amistad, realizado en el año 2003; y mi actual interés en explorar la representación del cuerpo en Internet, concretamente en los perfiles de presentación de blogs y redes sociales y en el para mi apasionante mundo del Fotolog. Los primeros planteamientos de la propuesta de estudiar los juegos de identidad en relación con el cuerpo pueden rastrearse en la presentación que esbozamos con Edgar y Adolfo para la AOIR en Vancouver. Una mirada desde una perspectiva histórica sobre la evolución de los juegos de identidad en la red señala tres modalidades básicas: el juego a partir de la ocultación (anonimato y máscara), el juego a partir de la simulación (creación de personajes en universos de ficción) y el juego a partir de la espectacularización o la exhibición y expansión performativa de la propia identidad. Como todos los modelos que se construyen, esta tipología es “ideal”, espero que sirva para ordenar la experiencia juguetona.