Va de selfies!

Hace tiempo que no escribo de forma regular en el blog y me noto anquilosada y perezosa. Siempre hay otras urgencias. Nunca tengo tiempo. Y sin embargo los temas y los motivos abundan. Entre ellos, un tema que he trabajado repetidamente -y que me encanta- con Edgar Gómez-Cruz en varios artículos y posts. Entre mis posts hay uno  del 2010 sobre los «reflectogramas» de Joan Fontcuberta (genial fotógrafo y crítico cultural), que pueden considerarse como «selfies» realizados en superficies refractantes, y otro del 2007 sobre los «egoshots» que entonces me llamaron la curiosidad y que son claros «precursores» de los «selfies», o el post también del mismo año sobre «fotoposesión» sobre el trabajo de Antoni Abad (explorador y artivista de los selfies antes de que fueran). También hemos escrito varios artículos que tiene que ver con la auto-fotografía o el auto-retrato y con la presentación del cuerpo en la imagen  analógica o digital -ver por ejemplo el post de «ojo fantasma» sobre el auto-retrato, también en el 2007… o el más reciente artículo  Cuerpo privado, imagen pública: el autorretrato en la práctica de la fotografía digital (2912) sobre mujeres auto-retratistas en Internet.

Desde la «apertura» de los medios sociales, parece ser que vivimos -más que nunca- en una sociedad del espectáculo, la vanidad y el exhibicionismo;  de la competitividad y del «branding» personal. Teorizamos sobre el declive del pudor y del decoro, nos preocupa la desaparición de la intimidad  y  la vulgarización (por imitación masiva)  de las imágenes provocativas de la publicidad, que hacen del culto al cuerpo una moda social en una sociedad consumista, individualista y brutalmente competitiva. Pero… qué nos dicen sus autores y sus autoras? Cuáles son los motivos que expresan las personas que se hacen un «selfie»?  Hacerse un «selfie aftersex», es realmente para coleccionar y compartir nuestros «éxitos»? Un plus para nuestra autoestima? Para provocar los celos o la envidia? Para prolongar el placer del aftersex con la amada o el amado? Un guiño a alguien para algo? Es lo mismo hacerse un «selfie» con los amigos que uno con la novia o con el novio, que uno saliendo a correr, uno sobre nuestro culo o uno en un concierto del Primavera Sound? Podemos hablar del «selfie» como de un nuevo género digital? El caso es… tienen todas esas fotografías un mismo significado, un sentido unívoco? Y sólo por el hecho de haber sido tomadas de la misma manera?

Yo creo que la respuesta es un rotundo NO. Como ya comentábamos en «Imágenes revueltas«, para comprender el significado social de una imagen no podemos abstraerla  de su contexto comunicativo y pensar que su significado es independiente de los lazos sociales en los que las imágenes se tejen con otras imágenes, gestos, palabras. Tendemos a generalizar con extremada facilidad. Pensamos que basta tener una buena conjetura para elevarla a categoría de norma.  Lo que nos demuestra que somos una sociedad «individualista» es precisamente nuestra tendencia a categorizar la realidad a partir de una tipificación abstracta del comportamiento humano y explicarlo solamente a partir de motivaciones intrínsecas como el exhibicionismo o el narcisismo. Sacadas de su contexto, las imágenes pueden decirnos cualquier cosa y nos es cómodo prejuzgar los selfies como un comportamiento que responde a un solo impulso (racional o irracional). Pero al perder las imágenes su contexto pierden su sentido comunicativo, para lo que fueron hechas, y en ese momento precisamente pierden su «pathos», su tono emocional, su razón de ser para alguien en un momento y lugar, para metamorfosearse en el nuestro.

Hay sin duda un «efecto selfie» últimamente y que la gente hable de ello, lo provoca y expande. Se trata de un movimiento reflexivo, por el cuál un determinado modo de hacernos fotografías «se pone de moda» y por tanto, buscamos explícitamente, replicar de forma creativa, a nuestra manera, nuestro propio «selfie», pero no necesariamente por vanidad o exhibicionismo, sino quizás, sencillamente por el placer de participar en el juego social, por «estar a la moda», por una especie de «complicidad» con nuestro otro significativo (que diría Alfred Schütz). A parte de este movimiento reflexivo, de hacer un selfie siendo consciente de «estar haciendo un selfie» para «hacer un selfie», y con ello contribuir al juego social, centrar la motivación del gesto en un “deseo” intrínseco e individual de las personas esconde la dimensión social y cultural del fenómeno:  una fotografía hecha para compartir. La forma en que esta práctica transforma nuestra sociabilidad, perfoma nuestra identidad y expresa nuestras emociones,  no es algo que pueda decirse de antemano, de forma universal o solo a partir de las características que atribuimos al objeto. El selfie no tiene sentido si le robamos el contexto, por quien fue dicho y a quien.

antropología zen

Estos días ando pensando en la etnografía y como explicar su metodología y lo que pretende de una forma intuitiva. Hace tiempo que expreso que la antropología es una ciencia paradójica, en el sentido, por ejemplo, de que basa su metodología en la unión de contrarios aparentemente irreconciliables como la misma técnica de la observación-participante… o se observa o se participa… pero ¿por qué se pide que hagamos las dos cosas? Choca con el método clásico de la ciencia empírica que se basa en la observación añadiéndole el mandato de la participación. La antropología no reniega de ser ciencia, pero también se sitúa en las humanidades.

Además, la enseñanza de la metodología etnográfica implica siempre un tipo de enseñanza que va más allá de la enseñanza de los modelos teóricos y que requiere que la persona aprenda a hacer haciendo, es decir, integre los conocimientos de un modo experiencial y corpóreo, además de cognitivo. Son conocimientos procedimentales que implican no sólo entender la lógica de la investigación, sino también su ethos y su pathos. Por eso propongo una enseñanza zen de la antropología, como método o camino de conocimiento.

Según la wikipedia, el zen es un modo de conocer que, apartándose del conocimiento teórico o intelectual, busca la experiencia de la sabiduría más allá del discurso racional. Este conocimiento se practica fundamentalmente a través de dos vías: la meditación postural (zazen) y el planteamiento de problemas aparentemente absurdos (koan).  El zazen puede ser útil para comprender en qué consiste la observación participante. La postura en el campo es importante, es decir, hay que aprender a «estar entre la gente» en un modo de «alerta meditativa»,  estando al mismo tiempo presente, inmerso en las cosas, y distante, tomando nota de ellas. Se adquiere el estado mental adecuado al practicar la forma de estar corporal adecuada. Como en el zazen, no hay separación entre mente y cuerpo en la práctica etnográfica.

Para ahondar en el conocimiento que buscamos en el trabajo de campo, y sobre todo, para saber si vamos bien, necesitamos también el koan. Según la wikipedia, muchas veces el koan parece un problema absurdo, ilógico o banal. Para resolverlo el novicio debe desligarse del pensamiento racional y aumentar su nivel de conciencia para adivinar lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende al sentido literal de las palabras. En nuestro caso, tenemos dos maestros: nuestro maestro «teórico», que nos propone métodos basados en principios aparentemente contradictorios, y que debemos resolver, y nuestro «maestro el campo», es decir, el koan que nos propone el contexto de nuestra investigación y la gente con la que trabajamos, a la cuáles debemos entender de un modo distinto al esperado, literal o de sentido común, y a la vez, desde su sentido común, que puede más o menos coincidir con el nuestro.

El koan tienen el propósito de desconcertar el pensamiento discursivo lógico-racional y provocar un shock mental que lleve a un aumento de conciencia. En una antropología zen, buscamos lo mismo: el chock cultural; hacer familiar lo extaño y extraño lo familiar.  Necesitamos desprendernos del sentido literal y común de las cosas para poder comprender su lógica cultural, a la vez que necesitamos aproximar lo extraño, precisamente para lograr el mismo efecto de conocimiento.

El koan no es un acertijo, no hay necesariamente una respuesta correcta, sino que es útil para evaluar la progresión del discípulo. El maestro no está buscando que el discípulo sepa la respuesta correcta, sino evidencias acerca de sus progresos en la filosofía zen y la aplicación en su vida diaria. Esto es útil para explicar cómo evaluamos un conocimiento metodológico. En nuestro caso, para evaluar la progresión en el conocimiento del método etnográfico, no podemos atender solo al producto o resultado correcto, como en otros métodos, sino que debemos evaluar de una forma indirecta, mediante el koan, que el alumno ha comprendido la técnica de la observación participante. Por ejemplo.

 

 

 

 

lecturas sobre mimesis

Retomando la lectura de Michael Taussig y su ensayo sobre la noción de mímesis a partir de buscar una forma de enlazar distintos tipos de relación entre la persona y sus imágenes.

Siempre me fascinó en ese aspecto, la lectura de Lévi-Bruhl y su noción de «participación mística»: «Para nosotros la semejanza consiste en una relación entre dos objetos de los cuales uno reproduce el otro. Nuestra imagen, lo mismo que nuestra sombra, que es nuestra imagen en el suelo, o el reflejo de nuestra persona en el agua, resulta algo exterior a nuestra persona. La imagen es ciertamente una reduplicación de nosotros mismos y en ese sentido nos afecta muy de cerca. Decimos al mirarla: “soy yo”. Pero sabemos, al mismo tiempo, que experimentamos con ello una semejanza, no una identidad.

Sin embargo, añade: «en la idea que otros pueblos se hacen de la individualidad, ésta no es tan limitada. Las fronteras permanecen indecisas por el hecho de que las pertenencias, las secreciones, excreciones, huellas, restos de alimentos, vestidos, armas, etc. forman parte del individuo y constituyen una “extensión de su personalidad” (…) La semejanza no es simplemente una relación efectuada por el pensamiento. En virtud de una participación íntima, la imagen, lo mismo que la pertenencia, es consustancial al individuo» (Lévi-Brhul 1985: 128-129).

Taussig explora esta misma cuestión bajo el concepto de «mímesis» y conecta las distintas formas de representación en procesos chamanísticos (esculturas, dibujos sanadores) con la cámara fotográfica. Para Taussig, la cámara es una máquina mimética y crea un nuevo sensorium, implica una nueva relación entre sujeto y objeto, y por tanto, una nueva persona. Aboliendo la naturaleza mística y el áurea de los objetos de culto y de las obras de arte, estas máquinas re-emplazan la mística por un nuevo tipo de implicación objetual, como la cirugía, penetrando el cuerpo de la realidad del mismo modo que el del espectador (Taussig, 1993: 24).

Taussig explora la relación entre la visión y el contacto: ver algo o escuchar algo es entrar en relación con ese algo, establecer un contacto. La distinción entre la copia y el contacto, así como la naturaleza de esta relación permanece oscurecida y es una fuente de imaginación. Identificación, representación, expresión, etc. son términos que dependen, o están en relación con, o son conjurados por la noción de mímesis (Taussig, pág.21). Conecta con Benjamin y su ensayo sobre el surrealismo al hablar del “inconsciente óptico”; las imágenes no solo son una producción mental, sino también se vinculan con las reacciones corporales (como por ejemplo, la risa que surge de ver las imágenes surrealistas) y este es su potencial de transformación revolucionaria (pág.23).

Lévi-Bruhl, L. 1985 [1927]. El alma primitiva. Ed. Península.
Taussig, M. 1993. Mimesis and alterity. Routledge.

imágenes revueltas // miradas antropológicas

Leo con sorpresa en El Periódico que el fotógrafo Joan Fontcuberta se ha convertido en un “antropólogo de la imagen” al seleccionar para su más reciente y “programática” obra artística  352 fotografías  “anónimas” y “encontradas en Internet”.  Es una exposición interesante, como todas las de este gran fotógrafo al que sigo con asiduidad, pero me extraña que afirme, según la entrevista del diario,  que como son anónimas y públicamente accesibles, no ha considerado oportuno pedir permiso a sus autores para realizar la exposición en la Galería dels Angels y confeccionar el libro Through the looking glass, que se vende a 40 euros (en promoción). Según la noticia:

… el artista no duda: «La autoría cada vez será más compartida y la idea tradicional de autor debería ser revisada». Y tampoco le preocupan los derechos de imagen de los fotografiados: «Si lo ponen en el espacio público es porque quieren compartirlo». No obstante, reconoce que esto puede ser un problema para el proyecto, pero, dice, «el artista ha de vivir en el riesgo».

En primer lugar, deberíamos cuestionarnos que se entiende por anonimato en Internet y si el hecho de que sean públicamente accesibles significa que las podamos usar como queramos. Como dice Edgar Gómez, una cosa es que las fotos se puedan ver públicamente, y otra que éstas se puedan usar para cualquier cosa. En segundo lugar, deberíamos preguntarnos sobre cómo puede el artista afirmar, en esta misma entrevista al Periódico, que «La autoría cada vez será más compartida y la idea tradicional de autor debería ser revisada» cuando él mismo toma prestadas las fotos de otros para publicar un libro que sí tiene un claro e incontrovertible autor y además, lucrarse de ello sin necesidad de respetar los derechos de autoría  de los demás -supongo que este es el riesgo que asume-.  Pero lo que me preocupa no son las cuestiones legales, sino que no se tome en consideración ninguna problematización ética sobre la descontextualización de las imágenes de otros. Es decir, el artista se apropia de unas imágenes como si Internet fuera un basurero en el cual se puede rebuscar y reciclar lo que otros han echado. Pero no creo que los autores de las fotos piensen que “compartir” sea  eso. En todo caso, no se les ha preguntado ni dado la oportunidad de opinar.

Hay que decir que no se trata de unas fotos cualesquiera, sino autorretratos realizados ante una superficie refractante y en los que la cámara es también visible, cuando no el objeto central de la imagen, y muchos de ellos son retratos íntimos, aunque también los hay artísticos sobre el propio cuerpo, y otros con contenido sexual explícito o directamente pornográficos. ¿De dónde ha sacado estas fotos? ¿Dónde estaban insertas? ¿A quien iban dirigidas? Son preguntas que cualquier antropólogo amateur se haría y debería hacerse para comprender el sentido de su producción y consumo. Las imágenes no están ahí, revueltas, flotando en el ciberespacio, en un mar de nadie, sino que están clasificadas, indexadas, comentadas, forman parte de un proyecto, de un grupo, de una propuesta, de un sistema de comunicación e intercambio.

En la exhibición, el artista no hace distingos, ya que las fotos se muestran en un collage, revueltas y extraídas de sus contextos originales, que pueden ser desde blogs personales, cuentas de Flickr, páginas especiales dedicadas al autorretrato o directamente páginas de porno amateur.  La mayoría de las páginas visitadas por el artista y que cita explícitamente en su libro son páginas directamente y exclusivamente dedicadas a la pornografía, y aunque algunos de los sitos citados se proponen como “veraderamente” de amateurs, otras webs son de pago y declaran explícitamente que las imágenes no pueden usarse libremente. Otras han sido “pescadas de las redes sociales” -según un artículo de La Vanguardia-, pero en todo caso, no son anónimas, sino que la mayoría tienen un autor con el cual se puede contactar, y en Flickr muchas tienen licencia creative commons, es decir, se pueden usar libremente siempre y cuando se citen las fuentes. El hecho de que el autor no sea fácilmente identificable no significa que sean anónimas, el hecho de que sean públicas, no significa que el autor no haya especificado su audiencia, o que no tenga ciertas expectativas sobre su privacidad. Cómo se percibe lo público, lo privado, la intimidad y el propio cuerpo en la comunicación mediada por las tecnologías digitales es una pregunta de investigación antropológica que no se resuelve a partir de la abstracción de un conjunto de fotografías seleccionadas por criterios estéticos.

Internet no es un cubo de basura, ni un archivo disparatado. Aunque haya quien se atreva a construir obras artísticas con su contenido como si de “material troubé” se tratara, no pretendamos con ello una comprensión de Internet  y menos todavía, teorizar sobre la condición humana a partir de una mirada de coleccionista, sin atender al contexto concreto en el cual estas imágenes circulan y adquieren sentido. No es lo mismo un autorretrato en un blog personal que en un grupo dedicado a fotografías de desnudos o en un sito web de porno gratis (no digamos ya de pago). Para Fontcuberta, todas ellos forman parte de un mismo género fotográfico, el “reflectograma” y parecen tener una misma función y significado: el exhibicionismo y la vanidad del yo. Estas y otras reflexiones similares sean quizás su “lectura antropológica” de la “imagen digital”, o al menos, lo que quizás haya llevado a afirmar a  la periodista que este buen fotógrafo se haya convierto en un “antropólogo de la imagen”.

Bueno, como se ve que ahora todos podemos ser fotógrafos y se borran las distinciones entre profesionales y amateurs, también hay que dar paso a los antropólogos amateurs, pero no de cualquier manera.  Para ser antropólogo no basta con recolectar objetos de un vertedero y darles un sentido reflexivo sobre el devenir de la humanidad, hay que aplicar el método y la teoría antropológica, además de desarrollar cierta sensibilidad ética y, porque no, estética.  Este trabajo de Fontcuberta puede ser muy provocador, y ciertamente lo es, pero no nos confundamos, no sigue ni la teoría, ni la metodología ni la deontología propia de la antropología. Así que por favor, no le pongan epítetos que el propio artista dudo que haya solicitado, y dejen a la antropología para quien la trabaja, tenga o no tenga el título de doctor.

(Foto de Pata de Perro)

cuerpos objetos / cuerpos ausentes

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El dia 29 de Enero a las 18 de la tarde Begonya y yo presentamos la comunicación Cuerpos “hegemónicos” y cuerpos “resistentes”: el cuerpo-objeto en webs de contactos en el marco del congreso internacional El cuerpo: objeto y sujeto de las ciencias humanas y sociales, que se realiza en el CSIC de Barcelona del 28 al 31 de enero 2009. La idea surgió de comparar nuestros respectivos trabajos de campo en websites de contacto y de nuestro interés por reflexionar sobre el papel de la representación del cuerpo en la comunicación mediada por ordenador. El abstract está en mediacciones.

Patricia me comenta en otro lado la ausencia del cuerpo para los demás cuando estamos interactuando en la red, en el sentido de que la pantalla nos abstrae de la comunicación con los que están a nuestro alrededor, como si todo nuestro cuerpo estuviera ausente del entorno inmediato, volcado hacia la pantalla y vertido sobre el teclado del ordenador, en el tacto de los dedos y en la mirada cautiva. Al mismo tiempo ( o no) nuestro cuerpo en objeto-imagen está interactuando por y con nosotros, presente en nuestra relaciones mediadas y activo en la comunicación que mantenemos. No hay pues una ausencia del cuerpo en las relaciones de Internet. Al contrario, produce una cosificación del sí mismo. La imagen del cuerpo actúa como presentación de sí antes los otros ausentes y se constituye como objeto de consumo ante los ojos presentes que descubren el objeto integrándolo en la sensualidad del cuerpo enredado. En fin, no voy a seguir por esa vena patafísica!

el trabajo secreto de las palabras

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Hoy ha empezado el congreso sobre el cuerpo en las ciencias sociales y humanas, en el cual presentamos con Begonya una comunicación sobre el cuerpo en las páginas de contacto en Internet. La sesión inaugural ha sido como un viaje en el tiempo, ya que trataba sobre el cuerpo femenino en la edad media y las representaciones del cuerpo femenino en la prehistoria y en la paleoantropologia, pero no solo eso, era como si regresara a los pupitres de mi universidad. Enfrentarse a esas imágenes y a su interpretación por las dos ponentes (Milagros Rivera y Claudine Cohen) ha sido un ejercicio de imaginación retrospectiva.

En el caso de las imágenes medievales, quedan las palabras. En las representaciones prehistóricas, no. El contraste entre lo que podemos decir de ellas es enorme. No sabemos qué palabras ni qué actos acompañaban a las venus prehistóricas y a las pinturas rupestres. Las palabras que acompañan esta miniatura del libro Scivias de Hildegarda, en cambio, nos son todavía hoy accesibles…. Milagros Rivera ha dicho en un momento de su conferencia que el trabajo secreto de las palabras es dar origen a visiones, y más aún, a epifanías, a hallazgos de sentido y orden, de realidad. ¿Pero como entender desde el presente las preocupaciones de Hildegarda?

Milagros Rivera opta por que sí es posible, y lo plantea como la búsqueda de una genealogía de la libertad y del pensamiento femenino, desde un saber de los sentidos, desde una búsqueda experiencial y corpórea, aunque para ello, deba realizar una inmersión hermenéutica. Y se atreve a hacerlo, creo yo, porque tiene palabras a las que agarrarse y porque los símbolos del cristianismo todavía forman parte de la experiencia subjetiva de muchos y de muchas ( y sí, es posible una teología de la liberación!). Claudine Cohen es más prudente porque debe serlo. Solo puede recurrir a la conjetura, a la hipótesis, a la comparación con otras sociedades done se fabrican figurillas parecidas. El sentido se des-prende de la experiencia corporal y su búsqueda está relacionada con la función que tal objeto debía cubrir (culto a una diosa? culto a la fertilidad? amuleto de protección?) . A lo máximo puede examinar también las distintas interpretaciones que le han dado los y las paleoantropólogas y ver como dichas interpretaciones han variado a lo largo de la historia de la disciplina y según las ideologías. Pero, en definitiva, la figurilla de hace unos 25.000 años antes de Cristo no sabemos lo que es. No conocemos qué epifanía la hizo posible.

Josomid i jo

Gràcies, Josomid pel teu comentari sobre les identitats juganeres. Crec que les preguntes que em fas mereixen un post com a resposta, a més, t’ho vaig prometre. El que volia plantejar era precisament que identitat, subjecte i cos són elements que, en el nostre sentit comú, constitueixen la persona. En aquest sentit i com expresses tu mateix, ets una identitat a la xarxa i ets també un cos físic, que vaig tenir el plaer de conèixer quan et vaig visitar a l’exposició, el que no tinc tan clar és que siguis un subjecte. La teva subjectivitat, sospito, és una subjectivitat col·lectiva i distribuïda, potser ets com un Pinoxo que busca la seva fada padrina.

El que em resulta curiós és que en la meva proto-classificació sobre els jocs de la identitat, participes en tots ells. T’amagues darrera d’una màscara fent-te passar per un maniquí anònim, sense rostre. Simules un personatge en un metavers que has imaginat com a «real» -sense comptar amb el teu doble a Second Life- i jugues a expandir i espectacularitzar la teva identitat en diferents plataformes i xarxes socials a Internet. En aquest sentit, penso que estàs complint amb els teus objectius, ja que jugar amb la identitat és una forma pràctica de reflexionar sobre qui som i com ens construïm i ens construeixen en la xarxa i en la nostra vida quotidiana, ja que recorda que vaig intentar mantenir que Internet no és un món a part, sinó una part d’aquest món i de la nostra experiència i per tant, de la vida quotidiana de molta gent. Qui som jo? A mi també m’agradaria saber-ho! Però pel camí… fem bona parella, eh?! 🙂

juegos de identidad en la red

El dia 21 estaré en Palma de Mallorca para compartir ideas y experiencias sobre los juegos de identidad en la red en el marco de la exposición Identitat digital. Me acompañará Bel Llodrà y trataremos de reflexionar sobre como se juega la relación entre identidad, subjetividad y cuerpo en lo que antaño se llamaba «el ciberespacio», ya que la propuesta es abordar el tema a partir de tomar en su conjunto las distintas tecnologías de interacción social en la red, especialmente las que permiten la interacción abierta entre usuarios. En concreto, baso mi presentación en tres momentos clave de mis investigaciones sobre el tema: un estudio sobre identidad y género en chats, realizada en el año 2002; un estudio sobre relaciones interpersonales en sitos de citas y amistad, realizado en el año 2003; y mi actual interés en explorar la representación del cuerpo en Internet, concretamente en los perfiles de presentación de blogs y redes sociales y en el para mi apasionante mundo del Fotolog. Los primeros planteamientos de la propuesta de estudiar los juegos de identidad en relación con el cuerpo pueden rastrearse en la presentación que esbozamos con Edgar y Adolfo para la AOIR en Vancouver. Una mirada desde una perspectiva histórica sobre la evolución de los juegos de identidad en la red señala tres modalidades básicas: el juego a partir de la ocultación (anonimato y máscara), el juego a partir de la simulación (creación de personajes en universos de ficción) y el juego a partir de la espectacularización o la exhibición y expansión performativa de la propia identidad. Como todos los modelos que se construyen, esta tipología es «ideal», espero que sirva para ordenar la experiencia juguetona.

El cuerpo en Internet

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Hoy miércoles a las 19 horas me toca dar una conferència en el CSIC sobre el cuerpo en Internet dentro del cicle III Converses al Raval TAL COM SOM, TAL COM ÉREM en la Sala d’Actes de la Residència d’Investigadors de la calle Hospital, 64 (www.residencia-investigadors.es). El objetivo es hacer un poco de repaso de las ideas sobre la corporalidad en la red, empezando por la «descorporalización» de las primeras interacciones textuales en la red para pasar al uso de las imágenes corporales para la presentación de la identidad online y las nuevas formas de interacción social a través de la exhibición e intercambio de imágenes. Esta mirada tan general sobre la representación del cuerpo en Internet y su vinculación con la actuación de la identidad es una primera aproximación a la investigación que estamos realizando sobre la presentación del cuerpo en Internet como espacio público y el papel de las imágenes en la mediación de la experiencia subjetiva de la percepción de la corporalidad y en la construcción de sociabilidad en la red.

( Fotograma de la película Memento)

your tube

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Viajando en el metro de Londres encontré este cartel y no pude evitar tomar una instantánea pensando en YouTube y en el juego de palabras. He sido «cazada» por este juego de complicidades, ya que el publicista ingenioso espera que haga esta asociación entre ambas expresiones. Otro vínculo que une la ciudad con la «ciberciudad», las redes del metro con las redes de Internet. Otra cuestión, es la de la apropiación del espacio urbanos… obviamente el «we» es el gobierno y el «you» cada uno de los pasajeros (con pasaporte UK?) que transitamos por el metro (o hace referencia a un tu-plural, un vosotros?). La mirada planificadora apela a la mirada paseante del viajero, instándole a «tomar el metro», eso sí, con planificación, ordenadamente (para ello, el anuncio ofrece una página web). El tubo físico por el que transitamos y el tubo por el que transitan nuestra imágenes se entrelazan en nuestra experiencia cotidiana.