¿Eliminar a Caperucita Roja?

Había una vez, en una escuela de Barcelona, unos padres y madres preocupados por la educación sexista de sus hijos e hijas que decidieron revisar en clave de género los cuentos que la escuela tenía en su biblioteca. La comisión finalizó su escrutinio aconsejando retirar un 30% de los libros por sexistas (unos 200) y advirtiendo que al menos un 60% de los restantes tenía algún estereotipo de género. Entre los cuentos retirados de la lectura infantil estaba el de La Caperucita Roja.

Aquí una de las noticias aparecidas en prensa sobre el asunto:
Retiran de una escuela pública ‘La Caperucita Roja’ por “sexista”

Mi primera reacción es calcular… el 90% de los libros de esa -o cualquier otra biblioteca infantil- reproducen estereotipos de género. Es decir, podemos deducir que solo un 10% de los relatos promueven una educación igualitaria. Pocos.

Mi segunda reacción es preguntarme porqué esta noticia ha escandalizado a muchos y muchas entendiendo esta medida -retirar los libros más sexistas- como una “tontería” o directamente como una censura, un ataque a la libertad de expresión o incluso como una cruzada contra la literatura universal. Si tuviéramos que eliminar el contenido sexista de la literatura, nos quedaríamos prácticamente sin ella, ya que en la mayoría de las “grandes obras” de la literatura de todos los tiempos podemos encontrar estereotipos de género, sexismo, machismo declarado, e incluso pederastia, y cosas peores.  La solución, se comenta, no es eliminar estos clásicos de la literatura, sino que los niños los aprendan a leer de una forma crítica.

Parece lógico pensar que hay que educar a los niños y niñas con una mirada crítica, ya que es imposible barrer de un plumazo siglos de literatura con contenido sexista. Y por otra parte, aunque lo lográramos, siguen ahí la publicidad -con claros ejemplos de sexismo, y la vida misma, con nuestras formas de relacionarnos, en su mayoría marcadas por relaciones de género desiguales. Entonces, más que eliminar los relatos sexistas, se trataría de educar en la igualdad de género a través de cultivar una mirada crítica. Razonable.

Sin embargo, cabe decir que esas mamás y papás de la historia lo que proponen es limitar el acceso a la lectura de esos cuentos infantiles a los menores de 7 años en el colegio, lo cual no significa censurar toda la literatura universal para todas las edades.  La noticia llama nuestra atención hacia la responsabilidad de la escuela de educar en la igualdad de género a los más pequeños a través de la lectura o el relato oral. Entonces, más que escandalizarse, se trata de analizar el asunto.

Una cuestión reside en la capacidad que le otorgamos a estos relatos de conformar el universo infantil. Suponemos que si ya desde pequeños leemos estos relatos sexistas, aprendemos con ellos una determinada manera de ordenar y valorar el mundo. Los cuentos son nuestros mitos, y los mitos son estructurantes de la imaginación y por tanto, también de la realidad; los cuentos nos enseñan los límites de lo posible y lo pensable, de lo bueno y de lo malo. Hay quien argumenta que los mitos no nos calan tanto, y que aunque haya violencia en las películas, eso no quiere decir que enseñemos a los niños y niñas a ser violentos, o que vayan a reproducir esos comportamientos que ven en la televisión y ahora en Netflix o YouTube. No se trata tanto de llegar a reproducir o imitar esos comportamientos, sino de aceptar o cuestionar sus legitimidades, sus razones, sus argumentos. Los mitos nos piensan y son buenos para pensar.

¿En qué sentido es sexista el relato de Caperucita?

La Caperucita Roja proviene de una tradición oral europea que remonta más allá del siglo XVII cuando Perrault la fija en la escritura, incluyéndola en un volumen de cuentos para niños (1697).  Según la Wikipedia,  inicialmente era una leyenda cruel, que incluía canibalismo y sexo forzado, destinada a prevenir a las niñas de encuentros con desconocidos, y cuyo ámbito territorial no iba mucho más allá de la región del  Loira. Los hermanos Grimm lo transforman un poco y le añaden un final feliz, con la aparición del buen cazador, que libera a Caperucita y resucita a la abuela, que es la versión más extendida. Veamos. El cuento muestra un ejemplo de sororidad entre mujeres de tres generaciones que se cuidan y se quieren,  aunque bien es cierto que la figura femenina aparece como inocente y desvalida a la merced de predadores, hombres-lobo sin escrúpulos, o de salvadores y buenos samaritanos; el cuento también puede entenderse como una iniciación a la sexualidad adecuada o como un rapto y una violación. Sin duda, el contexto es el de una sociedad patriarcal en el cual una mujer sola siempre está en riesgo. Muy actual.

Curiosamente, Disney no ha llevado al cine este relato, quizás por su crudeza original, difícil de endulzar, pero se ha contado a lo largo de muchos años y realizado muchas versiones, incluso mangas japoneses. Entonces,, ¿se trata de eliminar el cuento… o de versionarlo, adaptándolo a un tratamiento más actual e igualitario? Podemos crear otras versiones donde el lobo sea bueno o la Caperucita una karateca… ¿Cuáles son las soluciones que podemos ofrecer a nuestras hijas e hijos ante la eventualidad de un lobo con piel de cordero?

¿Es importante mantener la tradición, el vínculo con la cultura popular europea en este nuevo siglo? Quizás sí, pero no necesariamente toda. Puesto que esta historia ya no tiene mucho sentido, es cruel y refuerza estereotipos, pues, nada, a olvidarla, como ya ha pasado con otros muchos cuentos.  ¿Por qué conservar algo que nos hiere? ¿Por qué darlo a pensar a los niños, si ya no le tenemos ningún apego? ¿Si pensamos que no hay nada bueno que aprender de ella? Vinculada a estas cuestiones esta el tema de la tradición. La idea de inmovilidad de la tradición. Eliminando el cuento para nuestros niños, rompemos con la tradición y con ello, el vínculo de las futuras generaciones con el pasado, con una mitologia con la cual crecimos. La cuestión es si olvidándola podemos contribuir de hecho a cambiar con ello nuestra realidad inmediata, que sigue siendo patriarcal y machista, o inventaremos nuevas caperucitas…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en “¿Eliminar a Caperucita Roja?”

  1. Idealmente, se hace para prevenir un estereotipo a largo plazo. El caso es que si lo hacen solo unos pocos centros y núcleos sociales, luego puede venir una influencia externa, pongamos por caso, como el regetón, con un márqueting desorbitado y un aspecto de ser la cosa más guay de la vida, y desmorona todo aquél universo que hemos creado artificialmente. En cambio, si se estudia la caperucita entre todos los niños y niñas de la clase para que analicen y decidan si la encuentran discriminatoria, es mucho más fácil que cuando llegue el regetón a sus vidas también puedan analizarlo y tomar la decisión correcta al respecto. Una estructura de pensamiento lógica provee a los niños con la capacidad de tener ideas sobre todos los conceptos. Es mucho mejor que darle las ideas directamente porque no vamos a estar ahí siempre para decirles qué pensar. Ni van a aceptar siempre que les digamos cómo hacer las cosas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s