metodologías de mochila

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Hoy venía pensando en el problema de cómo lidiar con el revoltillo que es este mundo, en la facilidad con que caemos en lo que Whitehead llamó “concreción malsituada, esto consiste en crear conceptos con los cuales delimitar objetos y decir que existen en el mundo que vivimos y tratar de estudiarlos.  Esto me llevó al enlace que he marcado sobre Whitehead que me llevó a un video de Alan Watts, y así recordé que hace mucho tiempo me atrayeron sus palabras y lo había olvidado.

Como decía, el problema es como desarrollar una metodología adecuada para estudiar nuestro mundo reconociendo que nuestro mundo es un embrollo, un lío, un revoltijo de formas de colores y que todos nuestro intento por poner orden van a fallar, a la vez que descubrimos pautas maravillosas y regularidades sorprendentes.

Mi problema no es descifrar que hay detrás de los fascinantes dibujos que los estorninos realizan en el aire, sino intentar comprender las cosas humanas mundanas. El mantra de la etnografía es ir al campo ‘sin prejuicios’ sin querer imponer un significado a cada cosa que vemos, sin identificar lo que vemos con algo que ya conocemos. Margaret Mead lo decía así:

“El hecho de que los antropólogos insistan en conocer todo de nuevo por si mismos incluyendo las teorías que han aprendido es en mi opinión una deformación profesional que tal vez sea inseparable del trabajo de campo.  Sin duda esta es una actividad muy difícil, hay que borrar de la mente todos los presupuestos. Sería ideal que hasta el aspecto de una casa nos produjera una impresión fresca y nueva. En cierto sentido deberíamos sorprendernos ante la existencia de casas…”

Si ‘borramos’ todos los sentidos comunes para entrar en el campo nos queda un enorme revoltillo, el campo como un totum revolutum (conjunto de cosas sin orden).  Entonces ¿deberíamos intentar ver qué ordenes hay en este mundo? qué pautas crean las cosas y las gentes que en él habitan. Pero al buscar sus pautas, ¿no estaríamos imponiendo las nuestras? Utilizaríamos entonces nuestras teorías como un “lecho de Procusto” adaptando lo que observamos y nuestra interpretación de lo que nos dicen a los conceptos que llevamos puestos en nuestra mochila. Así, clasificamos y ordenamos la realidad. Hacemos un todo coherente donde había un todo revuelto… pero, con ello… ¿no estamos forzando a la realidad -las personas, sus ideas, sus cosas, sus quehaceres- a encajar con nuestros supuestos contraviniendo así el dictado de Mead?  Podemos ir al campo y comprender algo sin tener que recortarlo a nuestra medida?

Una solución es buscar conceptos que no recorten. Utilizar los conceptos como instrumentos de apertura, no de clausura. No es que haya cajas negras que debamos abrir para ver que contienen, o pensar que como el mundo es confuso hay que ordenarlo.  o buscar en las pautas que vemos un orden oculto. En nuestra vida cotidiana ordenamos las cosas para poder desordenarlas y para facilitar recordar dónde las pusimos. Pero las cosas tienden a desordenarse una y otra vez y muchas veces no recordamos dónde las hemos puesto. El orden entonces, es una estrategia del conocimiento, no su meta. Nuestros órdenes son pragmáticos, no leyes de la naturaleza.

Entonces, hay que equipar la mochila para ir a entender el mundo, pero no hacer una maleta. Para viajar, no es necesario tenerlo todo planificado, como un turista, saber todo lo que hay que ver, dónde vamos a dejar la maleta, lo que es importante visitar porqué está en todas las guías, sino llevarse lo necesario para el camino y empezar a andar. Necesitamos desarrollar metodologías de mochila.

Las ciudades del futuro que imaginamos en nuestras películas -especialmente las made in USA- son o bien ciudades bien ordenadas, demasiado bien ordenadas, de manera que las personas están presas de ese orden, o bien al contrario, ciudades abrumadoramente caóticas, sin ley. ¿Es posible imaginar esas ciudades del futuro no con otros órdenes, sino con otros desórdenes?

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Un comentario en “metodologías de mochila”

  1. Coincido plenamente con lo expresado. Soy Pablo Espinoza, formado en comunicación social y actualmente desarrollando mi tesis doctoral en Antropología en el Perú. Mi interés son las tradicionales fiestas patronales en los andes de mi país. Son acontecimientos densos y complejos. Me llamó la atención la naturalidad y versatilidad del uso de dispositivos tecnológicos para registrar imágenes durante la fiesta. La gente dice de ella al emplear sus cánaras, tablets o teléfonos. Estoy por viajar al Valle Sagrado de los Incas, en una de sus pequeñas ciudades se realiza la fiesta en honor de una cruz en Urubamba. Mi entrada es a través de la producción de imágenes y videos que hace la gente. Es una forma de estar y participar en la fiesta, registrándola, produciendo imágenes, haciéndolas circular. Leo sobre antropología visual y me llevo conceptos al campo, pero lo que se expresa aquí me refresca en la manera de estar en el campo con capacidad de asombro y real comprensión. Gracias.

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