Antropología Abierta

llibres
Estos días estoy en Madrid en un Taller sobre “La economía política de las publicaciones en antropología y más allá: Preguntas Frecuentes sobre Acceso Abierto” y me han entrado ganas de volver a mi viejo blog!

La primera sesión: de què hablamos cuando nos referimos a “abierto”? Ha planteado los ejes del debate sobre la complejidad que entraña el actual sistema de publicaciones académicas y su relación con la producción de conocimiento, en general, y con la práctica de la antropología en particular. No quiero hacer un resumen, sino intentar digerir “en abierto” lo vivido.

En principio, publicar en acceso abierto supone que no hay ningún tipo de restricciones para acceder a los artículos académicos y por tanto, cualquiera en teoría, puede descargarse un artículo de la red sin recargo, es decir, de forma gratuita para el lector. Sin embargo, alguien debe asumir los costes de la publicación, almacenaje, curadoría, etc. El conocimiento académico no se produce en el “vacío”  sino en el contexto de las instituciones universitarias y de los sistemas de publicación académicos basados en la revisión entre pares, es decir, la producción de este tipo de conocimiento sigue una serie de protocolos y reglamentaciones definidos por la “comunidad científica” en cuanto a la calidad de la información producida (el conocimiento es “avalado” entre pares) y por la comunidad de biblioteconomía, que son los que “avalan” la calidad de las revistas científicas (periodicidad, consejo editorial, etc.) y los que definen las métricas (índices de impacto, etc.) por las cuales luego es evaluado el currículo académico de los productores, y es por tanto, una “infraestructura” de filtro y validación de conocimiento muy específica y corporativa, en la que intervienen diferentes actores.

Uno de los problemas que se plantea la “comunidad científica” es que este sistema se ha encarecido enormemente y no todas las universidades pueden acceder a las mismas bases de datos, de manera que se genera una desigualdad de acceso entre distintas comunidades académicas: según en qué universidad estés, puedes o no acceder libremente a los artículos que te interesan y si estas fuera de la universidad, no tienes acceso a la mayoría de estas bases de datos y debes afrontar el pago (nada barato) por descargarte el contenido. Contenido que al estar en general bajo licencias de copyright, luego tampoco puedes distribuir libremente. La cosa es complicada. Tan complicada como que es además, una industria que mueve millones y que si se te ocurre “liberar” estos contenidos estás incurriendo en un delito, como le ocurrió a Aaron Swartz, condenado a más de 35 años de prisión por  la descarga sistemática de artículos de JSTOR como acto de protesta y de denuncia de una parcelación económica del conocimiento científico, que él creía que debía ser igualmente accesible para todos (y del cual solo se lucraban los intermediarios). Con lo cual, la apertura de las publicaciones académicas va más allá de una cuestión corporativa, ya que se trata de un tipo de conocimiento (el “saber científico”) que debería ser accesible a todos independientemente de nuestra capacidad económica, y más, si en su mayoría, se trata de resultados de investigación financiados con fondos públicos.

Total, que la cuestión de la publicación en abierto (Open Acces) es una cuestión que va más allá de los pequeños reinos de taifas de las universidades para plantear cuestiones de mayor alcance, si consideramos el “saber científico” como un bien común de la humanidad. Y entonces es cuando la cuestión del “Open Acces” traspasa la línea roja y deja de ser un problema de “los académicos” para convertirse en un problema social y de debate público. Si los y las académicas sostenemos que nuestro conocimiento es “para toda la humanidad”, entonces, quizás no se trate sólo de “abrir” los artículos científicos al público, sino de hacer una ciencia “abierta”.

¿Cómo sería esta apertura?  Mientras que para Willinski la cuestión es “abrir”  el acceso para diseminar del conocimiento (el conocimiento científico nace y debe defenderse como un bien público), David Zeitlyn discute la posibilidad de extender esa “apertura” a  nuestros archivos de datos o a publicar en abierto nuestro cuaderno de campo (el piensa que ahí si hay restricciones, al menos no en 70-100 años!) Para Alberto Corsin, no se trata tanto de “abrir” archivos, sino de “abrir” la propia metodología etnográfica, incorporando a las personas en el campo con las cuales trabajamos y rediseñando el proyecto etnográfico como una infraestructura colaborativa. Sánchez-Criado planteaba el dilema en el debate de que en el trabajo de campo etnográfico en el contexto de la cultura digital, los datos ya no son lo que eran; muchas veces son los propios actores sociales los que generan archivos y registran los acontecimientos, incorporando en sus prácticas e “infraestructuras” las que parecieran tareas antes privativas del etnógrafo y el etnógrafo se encuentra “enredado” participando en la construcción de estos archivos.

La cosa se lía aún más cuando situamos “nuestro problema” en el contexto de la producción cultural digital. Y encontramos resonancias con otros y otras  “productores de conocimiento” (y de creadores, diseñadores, artistas, músicos, etc.) que quieren crear o producir para “el bien común” o que quieren “abrir” sus obras no sólo en cuanto al acceso, sino en cuanto a que se puedan compartir y remezclar libremente  (licencias de Creative Commons). Es el movimiento para la “cultura libre” que busca alternativas a la creciente comercialización y monetización de todo lo que hacemos, especialmente de todo lo que compartimos a través de Internet -sean fotografías, textos, música, gustos o relaciones personales, y plantea la cuestión de cómo entendemos la producción cultural, en general, hoy, y de rebote, lo que entendemos por propiedad -entre otras cosas. Y no sigo… por hoy.

 

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2 comentarios en “Antropología Abierta”

  1. Que buena reflexión. Yo pienso que el conocimiento debería de estar al alcance de todas. La información extraída de la ciencia no debería estar tan monetarizada. Pero claro tal vez sin ese mercado de información grandes corporaciones no estarían donde estan. Independientemente de si proviene de fondo público o privado.

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