Arrebato (en clave bizantina)

Hace unos días pasaron en tv2 la película de Iván Zulueta “Arrebato” (1980) y me arrebató (una vez más). ¡Qué historia de terror tan bien contada… y qué espléndido tratado sobre la imagen… delicioso si se lee en clave bizantina!

la clave procede de la “guerra de los iconos” en la antigua Bizancio y la pugna  entre los iconoclastas y los iconódolos. La iconoclasia es bien conocida por la sistemática destrucción de imágenes en distintas épocas y revueltas, pero  los iconódolos,  han pasado más al olvido, quizás porque ganaron aquellas batallas, quizás porque hoy somos todos un poco iconofilios y un poco iconofobos.

Así, podemos esquematizar el argumento de la obra, siguiendo al personaje de Pedro (Will More),  a partir de la formulación y de cómo se da respuesta a las siguientes preguntas:
– ¿Por qué se arrebata/está arrebatado Pedro?
– Por las imágenes.
– ¿Qué quiere?
– Relacionarse con el mundo a través de ellas.
– ¿Qué le sucede?
– Termina convertido en imagen…

La historia de este arrebato místico por la imagen se arropa con la adicción a la heroína y al sexo. La droga ayuda a concentrarse en la veneración de la imagen y dota a la película de un aire onírico que la hace verosímil.  La exaltación del  sexo es la encarnación de la corporalidad que impide,  frena o desvía el proceso de transformación espiritual (como en la tradición cristiana más clásica:). 

Es precisamente esta idea de abandono, de alejamiento de las realidades mundanas, de exceder los propios límites del cuerpo, o de sustraerse definitivamente a la vida corporal y vegetativa, de lo que Tomás de Aquino habla precisamente en De veritate, q. 13 (De raptu).  Ezequiel Téllez.

Siguiendo la polémica bizantina, esta sería el trasunto de la trama en Arrebato:  la posibilidad de una búsqueda de conocimiento a través de la imagen.   Los iconódolos creen que se puede llegar al conocimiento (de Dios) a través de la imagen…  son aquellos quienes, como Pablo de Tarso o Pseudo Dionisio Areopagita, creen que la vía del conocimiento puede ser per visibilia ad invisibilia.  En cambio, para los iconoclastas este proceso no es fiable porque acaba siempre en idolatría, en el culto a las imágenes por sí mismas. Para los iconoclastas, Pedro se pierde para siempre en sus imágenes. Para los iconódolos, Pedro sigue los pasos lógicos -no sin contratiempos- hasta su último arrebato místico.

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