La escritura etnográfica

Repasar los apuntes es algo que me gusta hacer de vez en cuando. En la escritura etnográfica hay que diferenciar entre dos planos: el expresivo y el de la experiencia. Podemos sentir muchas cosas y expresarlas pobremente o sentir pocas pero expresarlas con mucha riqueza. El cuaderno de campo recoge las impresiones y observaciones de campo (impresiones emocionales, juicios de valor, razonamientos lógicos, disposición de objetos, etc.). La descripción etnográfica añade un elemento reflexivo y de distanciamiento con el cuaderno, ya que une en un mismo hilo narrativo memoria, argumentos y evidencias.

Como buen pragmático, Pompeu Casanovas señalaba que al escribir nuestro relato etnográfico debemos tener en cuenta, al menos:

a) el grado de reflexión: las inferencias que hacemos de nuestra impresiones y observaciones. Cómo y qué hacemos decir a nuestros datos.

b) el grado de expresión: el uso de adjetivos que califican aquello que queremos describir. El estilo narrativo puede imponerse al narrador. La utilización de recursos narrativos para recrear en el lector una emoción puede convertirse en un narrarse a sí mismo. El peligro no es la emoción personal, sino el no ser conscientes de los efectos narrativos que utilizamos y dejarnos llevar por ellos.

c) el grado de referencialidad: el carácter descriptivo de la narración nos lleva al testimonio “esto es lo que vimos”, “esto es lo que sentimos”, a la construcción de un referente externo o interno como un todo coherente y acabado.

d) el grado de valoración: el tipo de juicios de valor que acompaña cualquier descripción de los acontecimientos o personas.

e) el grado de creencia: la credibilidad en nuestra propia argumentación. El uso de afirmaciones directas o indirectas (parece que… casi diría que… es posible que… sin lugar a dudas puedo afirmar que…)

f) la identidad del investigador: desde dónde hablamos, que relación establece el narrador con el texto, con sus datos, con su gente, con su audiencia.

Resumiendo, tenemos que tener en cuenta los efectos retóricos y narrativos en nuestra escritura etnográfica para poder controlarlos, no evitarlos, ya que no se pueden evitar. Tendemos a estructurar la narración en función de conceptos teóricos idealmente construidos y olvidamos nuestra capacidad para conocer gradualmente las cosas. No necesitamos situarnos por encima de nuestros sujetos como si tuviéramos una visión más amplia y completa. No necesitamos de esa afectación para hablar de las cosas que nos preocupan.

(Extractos de Etnografía de un aprendizaje)
(Foto: patadeperro: http://imagenaciones.tumblr.com/page/2)

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