prohibido usar la cámara

Esta es una reflexión en voz alta sobre el uso de la cámara en antropología a raíz de una conversación distendida con Manel Delgado,  un buen colega que argumentaba, a modo de provocación, que él prohibiría a sus estudiantes  el uso de cualquier cámara durante el trabajo de campo etnográfico, ya que generalmente,  lo único que consiguen son fotografía de dudosa calidad, que además tildan pomposamente de “antropología visual”, y que primero hay que aprender a mirar etnográficamente con el ojo desnudo.  Reconozco que los intentos de hacer antropología visual son muchas veces intentos fallidos, ya que la cámara puede proteger al estudiante del trabajo y  del esfuerzo de formarse en antropología.  De alguna manera,  el argumento se apoya en que no basta hacer fotografías para realizar un buen trabajo etnográfico y que la pasión por la imagen puede enmascarar una mirada vacía o hacer perder de vista la importancia de la lectura teórica y substituir el entrenamiento del ojo por una mirada mecánica, ya que muchos de los aprendices de etnógrafos visuales no tienen nociones de fotografía si quiera.  Al principio tendí a darle la razón, pero su provocación invita a la reflexión crítica.  Yo también experimento cierta desazón al enfrentarme a trabajos visuales que se declaran antropológicos y que me lo parecen poco,  mientras admiro trabajos de cine documental o de ficción que me parecen más logrados aunque no tengan pretensiones antropológicas.  Como antropóloga dedicada a la exploración de lo visual  también me asustan mis propios tientos visuales y me preocupan los logros de mis estudiantes, algunos de ellos, primerizos a la vez en el campo de la antropología y de la fotografía. Pensamos que dominamos la escritura y que la fotografía es algo que se nos escapa. Mejor no distraernos.  Pero no podemos confundir la cultura visual con el cine de Hollywood.

No creo que se deba prohibir el uso de la cámara a los estudiantes de técnicas de investigación etnográfica, sino todo lo contrario.  Hay que fomentar que se utilice y de forma sistemática, no importa que los resultados no sean todo lo buenos que esperamos.  Pueden ser incluso mediocres o francamente malos. Hay que tener paciencia. Es parte del aprendizaje… o es que los ensayos por escrito de los estudiantes son ya artículos dignos de un Lévi-Strauss? Por qué entonces esperar que la calidad de la fotografía etnográfica sea la de un Cartier Bresson? O qué un vídeo etnográfico se asemeje a las películas de John Ford?  Siempre he apostado por la experimentación, aunque no se logre la calidad estética de un producto artístico o comercial. El problema es que hay que aprender y ejercitar la técnica de la fotografía y/o del lenguaje audiovisual a la vez que hay que aprender y ejercitar la técnica etnográfica y la teoría antropológica. Muchas cosas a la vez. Pero no imposible. Así pues, más que prohibir el uso de la cámara en el trabajo de campo, deberíamos incluir en la formación de los y las antropólogas la técnica de la fotografía, como incluimos cursos o talleres de escritura científica, de Atlas.ti, estadística y SPSS e incluso, deberíamos incluir también prácticas de dibujo.  No todos los trabajos de los estudiantes de antropología visual son ya tan buenos que puedan ir a un concurso de fotografía, pero se “ven más” que los tientos etnográficos por escrito.

Así, lo importante en la formación es la experimentación, el proceso, el atrevimiento, prueba y error.  Si no experimentamos con la cámara, si no la introducimos ya en nuestras clases,  estaremos siempre en el principio, y las generaciones que vendrán deberían poder ir más lejos que las que les precedieron.  La cámara debe dejar de ser un fruto prohibido en antropología y ser tan consustancial a ella como el lápiz… o el PC.  No hay que dudar,  sino ir afinando los métodos.

Anuncios

8 comentarios en “prohibido usar la cámara”

  1. Me gusta, concuerdo con usted, y es importante que lo diga un maestro, puesto que pareciera los estudiantes tenemos miedo de usar la cámara.

    Saludos !!!

  2. Es curioso que algunos colegas todavía se espanten con el uso de la cámara en situación de trabajo de campo; aun que es indiscutible que siempre estuvieron allí !!!, no entiendo porque se les niega sistemáticamente su estatus etnográfico o antropológico y se le niega su potencialidad metodológica, no solo descriptiva, prospectiva, proyectiva u evocativa, sino como instrumento-dispositivo epistemológico que construye datos cualitativos, no entiendo por que algunos colegas, tratan de ignorar, subestimar o incluso continúan tratando de invisibilzar la importancia de los dipositivos visuales y audiovisuales en el trabajo etnográfico o antropológico; y emiten generalmente criticas apoyadas en criterios estéticos, narrativos, comunicacionales, o incluso técnicos; argumentando mas o menos que los etnógrafos son malos fotógrafos o cineastas. Creo que estas críticas develan una cierta incomodidad y malestar que provoca la imagen en ciertos colegas antropólogos, que “desconfían” a priori de la imagen (o el video) no solo por un asunto de defender una mayor cientificidad o pulcritud teorica-metodologica de la etnografía escrita; sino que es un asunto de legitimidad, autoridad y poder, porque lo que tal vez incomoda es que el estatus de subordinación de la imagen y las practicas audiovisuales ante el predominio del discurso letrado (lecto-escritura), hoy se ve cuestionado por esta emergencia y proliferación de los discursos audiovisuales y multimediales (plebeyos). Posiblemente estamos como dice Alvaro Cuadra en una especie de transición desde una “cuidad letrada” – centrada en una matriz retencional escrita, con todos sus dispositivos y artefactos (diccionarios, constituciones, actas, papers, etc.) en transición hacia a una “ciudad virtual” apoyada en una matriz mas amplia – audiovisual y multimedial- de múltiples registros. Esta perspectiva da para pensar en este asunto de la historia de la subordinación de las prácticas visuales, audiovisuales, performativas, orales y sensitivas en general, las cuales han quedado sumidas en un mundo – no letrado – , desprovistas de toda autoridad, científica, moderna, y burocrática. Sin duda todavía en los dispositivos letrados reside el poder [ el poder de la letra] Sin embargo es muy interesante asumir el desafío de introducir las cámaras en nuestros trabajos de campo, pero sin relegarlas a ser meros instrumentos para proveernos de imágenes para ilustrar nuestros trabajos; hay que utilizarlas consciente y reflexivamente en esto consiste su valor experimental (experiencial). Hay que sacar a la luz las bitácoras, las reflexiones, los diarios de campo de una cámara-etnógrafo, para explicitar estas reflexiones implícitas, y escribirlas para que esten presente en el texto escrito porque no. Es una tontera solo dedicarse a hacer fotos y videos y desdeñar la escritura. Pero una tontera mayor es desdeñar las potencialidades reflexivas que la metodología audiovisual nos puede brindar dentro del proceso etnográfico. Esto no significa abandonar ni la lectura ni la escritura etnográfica, sino implicar lo audiovisual y lo sensitivo en todo el proceso de conocimiento y complementar los lenguajes y los registros sensitivos. La meta es mas difícil y compleja, pero no creo que sea inabordable, debemos pasar de la experimentación a la sistematización de nuestras experiencias, debemos traer a la luz nuestras reflexiones metodológicas, epistemológicas y teóricas que se han gatillado y desarrollado usando cámaras. Si se prohíben mas ganas dan de usarlas. El próximo paso sería pasar de los experimentos audiovisuales a entregar aportes concretos a programas de investigación etnográficos concretos, es decir aportar al desarrollo de nuevos y viejos problemas; eso si que nos falta. Saludos desde Santiago de Chile.

  3. Gracias, Guillermo por tu aportación, concuerdo contigo en la necesidad de reconocer la cámara como un instrumento para hacer teoría. Siempre me he decantado por aprender haciendo, y por tanto, he defendido que no hace falta ser fotógrafo para usar la cámara en el trabajo de campo, y que en todo caso, es mejor usarla que no usarla. Se debería incluir una formación en técnicas de fotografía y de vídeo en antropología, teniendo en cuenta que el aprendizaje de la técnica debería partir también de una reflexión teórica desde la antropología.

  4. Justamente el aprender haciendo, el camino propio, esa es la experimentación necesaria del etnógrafo audiovisual; para lograr una metodología, lenguaje y estética propia, con sus propios énfasis – la mirada antropológica audiovisual – que se distingue de otras miradas u enfoques audiovisuales (periodisticos,artísticos,cinematógrafos, etc.) Lo único malo de estudiar y aprender de cineastas, audiovisualistas y comunicadores, es que ya tienen formatos (pre-definidos)ya instalados ; retóricas, discursos y estilos de narrar verosímiles,que reproducen una lógica ya definida (posicionada y consolidada); y lo malo es que ellos valoran y juzgan que es bueno y que es malo de acuerdo a sus propios criterios, ajenos a la disciplina antropológica, sin embargo, creo que no esta mal aprender de eso; pero hay que tener cuidado de no perder el norte de nuestras propias necesidades !!! y consolidar nuestra mirada antropológica!!! en términos teóricos y prácticos. Para eso vale nuestro derecho a experimentar, dentro de lo cual creo que se ha hecho bastante con resultados muy diversos y muchos de ellos, han sido intentos fallidos (pero del error se aprende!!!) y si hay que tener paciencia… lo importante es reflexionar sobre estos errores… incentivar la critica y la autocrítica, y después apuntar a consolidar metodologías propias… y mejorar
    la calidad ( y cualidad) de nuestros trabajos… en eso estamos. Un gran saludo colegas!!

  5. Muchas gracias, Elisenda y Guillermo. Me ha encantado leer vuestras reflexiones, sobre todo, porque comparto plenamente el hilo del argumento y vuestro logro o deducción final. En estos momentos estoy en Bardonecchia, en el norte de Italia. Se celebra estos días, Documentary in Europe, una magnífica ocasión para, justamente, comprobar lo que que bien señala Elisenda: el hecho de que haya auténticos antropólog@s trabajando detrás de la cámara, sin saber que tienen grandes dotes de representar con la imagen los entresijos culturales más difíciles de identificar. Entre estas gentes, no soy completamente una extraña, pero mi mirada, procedente del trabajo etnográfico, responde, en cierta medida a unos códigos diferentes. Digamos que sería lo contrario a lo que apunta Manel Delgado. En su trabajo, la imagen es lo primero, el lenguaje audio-visual es su producto final.(la disquisión si es etnográfica o de buena o mala calidad es un gran debate que ya empezaron muchos décadas atrás).El proceso de aprendizaje es fundamental y el incorporarla, no sólo como herramienta, sino como parte importante y cualitativa del proceso etnográfico es fundamental. Solo cuando una sale fuera de España, se da cuenta, del desierto “audiovisual” en Antropología que allí existe. Recuerdo, una anécdota con unos amigos, pintores, de Bellas Artes que una de esas noches de reflexión y pensamiento infinito…cuando no sabes, casi, de dónde partió la primera pregunta, se les ocurrió pensar sobre los molinos de viento. Visitaron unas instalaciones cerca de la costa granadina e intentaron representar tridimensionalmente, tal invento humano. Impresionados por las dimensiones e incorporando el movimiento giratorio del que disponen, pensaron que si en vez de aspas tuviesen un ojo inmenso, si en vez de 180 grados, girasen 360 grados en todas las direcciones, solo entonces, con esa visión de panóptico, estos pintores, concluyeron que ya no se necesitarían más palabras…Reimos y reimos de la conclusión alocada a la que llegamos, pero llevo pensando en esto…mucho tiempo…

    Mil besos y buen verano,
    Marian

  6. Jajajaja! Que bien que os lo pasías, Marian! Espero que vaya muy bien por Italia y ya nos dirás que tal los docus. Si el movimiento documental es cosa bárbara, ahí confluyen directamente nuestras miradas. Un beso desde el invierno limeño… a quien se le ocurre viajar en plena canicula barcelonesa y el dia de la final del mundial, a la húmeda Lima? Pues a mi!

  7. La cámara debe ser una prolongación del cuerpo, nunca un objeto inerte, inconexo con la realidad y situación del antropólogo. La única manera de aprender a hacer fotografías es “haciendo muchas fotografías”. No es suficiente con tener unos conocimientos técnicos del funcionamiento del instrumento, hay que interiorizarlo, uno tiene que saber lo que va a ver por el visor antes incluso de ponérsolo en el ojo ¿Con quien volaría más tranquilo con una persona que se ha leido mil libros sobre como pilotar un avión o con una persona que ha hecho mil horas e vuelo a los mandos?
    Quitar la posibilidad de hacer fotos en una etnografía por muy novato que se sea es truncar la posibilidad de obtener un documento francamente valioso, además de no desarrollar otro medio de comunicación accesible y entendible por una gran cantidad de gente (probablemente más que el documento escrito)
    Es cierto que no se puede construir la casa por el tejado pero la idea no es trabajo etnográfico escrito o trabajo etnográfico visual, sino como dice Elisenda en alguno de sus libros hay qe empezar a darse cuenta que exiten otras formas de ser y de estar en el campo, y una de esas formas incluyen los medios audiovisuales.
    Por otra parte, no hace falta que cada trabajo etnográfico sea digno de estar en un museo o en una sala de exposiciones aunque tampoco tiene nada de malo el que el etnofotógrafo se esfuerce por hacer un buen trabajo de campo y además conseguir imágenes con una calidad artítica relevante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s