ciencia tranquila

professor

El movimiento Slow Science no es una respuesta resentida al imperativo “publish or perish”, tampoco se trata de volver a la torre de marfil académica, apartada del mundanal ruido, lejos del mundo empresarial y del capitalismo mutante. No niega tampoco el valor de la competitividad en la práctica científica y la gratificación por el trabajo bien hecho. Pero si que de algún modo implica una actitud de resistencia. Resistencia a que la actividad científica sea evaluada exclusivamente con parámetros cuantitativos o que los índices de calidad en su producción se realicen en función de unos ránquings internacionales que no tengan en cuenta la diversidad interna de los ámbitos de conocimiento, las concreciones locales y la pluralidad lingüística. Resistencia a que la producción de conocimiento sea engullida por una política universitaria consistente en potenciar un “star system” que demanda un esfuerzo sobrehumano y que todos seamos como House o Messi, sin aportar además los recursos necesarios para el desarrollo normal de la actividad docente e investigadora. Resistencia a que los objetivos estratégicos individuales o colectivos -conseguir estar en el ranquing internacional de “buenas” universidades, conseguir las horas de docencia y las publicaciones que hacen falta para acreditarse – sean antepuestos a objetivos académicos, que sean las motivaciones principales que orienten nuestras metas. Claro que queremos publicar, claro que hay que ganarse el puesto, claro que hay que colaborar con empresas e instituciones, pero todo eso debería ser una consecuencia de una trayectoria continuada y seria en un campo del saber, no un fin en sí mismo. La metáfora deportiva tiene un límite. Allà las universidades imaginen que són como equipos de futbol compitiendo entre ellas, yo no quiero imaginar que meto un gol cada vez que logro una publicación, en todo caso, si logro un “eureka”! como en el partido de Alemania vs. Grecia de los Monty Phyton. No quiero sentirme culpable por bloggear en vez de estar escribiendo un artículo, gestionando un proyecto, respondiendo a un alumno, preparando una clase, negociando una colaboración, haciendo el balance de los gastos de un congreso o planificando un seminario, porque eso no cuenta para la ANECA, como explica Juan Julián Merelo en su Postear o perecer, de donde he seguido el link al cómic que ilustra este post (y que incluye un artículo trepidante sobre el multitasking del profesor universitario) y al cual he llegado a través de Tiscar. Que me llamen ingenua, o medieval, si quieren, pero abogo por una ciencia tranquila, que me permita echar una canita bloggera al aire.

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2 comentarios en “ciencia tranquila”

  1. en cuanto a lo que dices que los blogs, yo también pido los 5 minutos de blogueo, pero además me has hecho reflexionar de nuevo sobre algo que siempre me vuelve. Hoy en día aceptamos que las empresas que no están en Internet no existen. Que las páginas web que no salen en (las primeras páginas de) Google no existen. Pero me da la sensación de que, para un cierto perfil de profesionales, si no tienes un blog personal no existes. Actualmente casi se exige que tengas un blog donde te proyectes profesionalmente, pero claro, este blog cómo debe ser? Algo muy profesional?, donde escribo lo que hago?, donde expongo mis conocimientos? cuando lo escribo? en horas de trabajo? por la noche? pero además de una ciencia tranquila, también deseo una vida tranquila!!

    donde nos llevan las nuevas “exigencias” tecnológicas? escribir un post, actualizar mi twitter, estar al día con mis amigos en facebook? subir los vídeos del fin de semana al YouTube?…

  2. Tienes razón, David. Además, una cosa es lo que nos piden desde la universidad para poder subir su ranquing y acreditarnos, y otra lo que nos pide nuestra sociedad y nuestra comunidad científica. Quiero con ello decir que hay prácticas que tienen cada vez más sentido para el desarrollo de nuestra profesión aunque institucionalmente no se tengan en cuenta, y una de ellas, es el trabajar en la red y en red. Para mi, el blog es más que echar una cana al aire, es una forma de estar conectada con otras personas interesadas en mis mismos temas, sean académicas o no, trabajen en mi campo o no, y por tanto, forma parte de mi vida social, personal y profesional. Así que seguiré echando canas bloggeras al aire mientras pueda y me apetezca! Y seguiré abogando por una ciencia tranquila, que no desconectada de la vida y de la red… pero de forma tranquila, insisto… solo faltaría que les diera ideas y ahora nos exigieran tener un blog… ay, dios!

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