mitológicas: El Mesias y Job

Estrenamos año! Y ya hace un año que por navidades empecé este blog. Como motivo navideño y para celebrarlo, quisiera plasmar (aún que no sé muy bien como) la impresión que me causó la audición de El Mesías de Händel en la iglesia de Santa María del Mar. No sé si es por la música o por los sentimientos que evoca, El Mesías sigue siendo un producto cultural de éxito, llenando las salas de conciertos e iglesias, convertidas en el decorado perfecto para la ocasión. La obra presenta, a mi ver, un texto singular, que la acerca a la opera, ya que el libreto está compuesto a partir de citas bíblicas espigadas de aquí y de allá para presentar un complejo emocional clave del cristianismo: el del mesías (quizás vinculado más estrechamente de lo que parece con otro complejo central en nuestra cultura, el de Edipo) . Y para mí, la esencia de la opera, la que me gusta, es esa: la que presenta complejos emocionales a través de la modulación sonora del sentido de las palabras. Cuando el libreto y la escenografía son tan importantes como la música. La lentitud de la ópera, su parsimonia en la descripción de las emociones que entrañan las relaciones, es imprescindible.

Pero, lo que me llamó poderosamente la atención es la vinculación del tono emocional de El Mesías con las pruebas de Job. No lo había percibido antes y quiero sospechar que se trata de una aportación original del libreto de Charles Jennes y uno de los motivos de Händel. Lo curioso es que durante la audición noté claramente como se entrecruzaban ambas historias, sin saber aún que efectivamente, el aria “Yo sé que mi redentor vive” proviene de una cita del libro de Job. Ambas historias tienen puntos de contacto. Tanto Job como el Mesías son sometidos a una dura prueba por parte de la divinidad, tras ser señalados como sus elegidos. Ambos son vilipendiados, objetos de burla y escarnio por mantenerse fieles a sí mismos; contra toda lógica, más allá de la razón y esperanza humanas, perseveran, confían. El dolor es extremo, físico y emocional: torturados, abandonados por la divinidad y ridiculizados por los hombres. Lo pierden todo. Pero el Mesías no es Job, protegido de la muerte. El Mesías muere, y en el último momento, cede a su propio abandono. Ese es el drama íntimo de el Mesías. La resurrección, su promesa.

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