foto posesión

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Paseándome por lightstalkers un blog de fotógrafos profesionales, me ha llamado la atención el post zen and the art of non photography. he seguido el link y me ha llevado a una propuesta artística: una escultura temporal (calendar sculpture) que consiste en señalar un día para dejar nuestras cámaras en casa, se trata de una performance colectiva para expandir nuestra conciencia. El día de la no-fotografía se propone que sea el 17 de julio. La cuestión que plantea la calendo-artista la hemos estado debatiendo en nuestro grupo de investigación, y es que el fotografiar se ha convertido en una práctica rutinaria y especialmente convulsiva más allá del periodo vacacional y tiempo de ocio.

La observación de esta estudiante de fotografía pienso merece ser reseñada pues atañe a nuestra reflexión sobre la mediación tecnológica en las prácticas cotidianas: “me di cuenta -nos dice- que la gente a mi alrededor interactuaba con el paisaje a través de la mediación de la cámara” (I noticed that the people around me were mediating much of their interaction with this landscape with a camera). La cuestión que plantea es que la mediación de la cámara hace menos auténtica la experiencia vivida. En su intento por capturar el instante, la acción curiosa o el paisaje supremo, están poseídos por la cámara de manera que la mediación tecnológica se convierte en un acto de posesión en el doble sentido: a) fotografiar es un acto de posesión: la cámara los posee y los abstrae del lugar al mediar en la experiencia, haciéndola menos auténtica, como en un trance en el cual un “algo” nos posee llevándonos a experimentar un estado alterado de conciencia, b) tomar fotografías es un acto posesivo, que responde al deseo de poseer el objeto a partir de la captura de su apariencia visible -y este siempre escapa a su representación.

Sin embargo, la idea que planteábamos en nuestras discusiones más bien planteaba la mediación tecnológica de un modo más creativo, en términos de “apropiación“, y las posibilidades que abre de resignificar nuestra experiencia y nuestra relación con el espacio a partir de la manipulación de la imagen.

La foto es de Guate, en Canal Gitano,
romà mothen de ladime, gitanos transmiten desde móviles
Una net-performance participativa de Antoni Abat.

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7 comentarios en “foto posesión”

  1. Es curioso, recuerdo que hace unos años, en Guatemala, estábamos haciendo un documental con mi compa Roberto Levy, en un momento, una puesta de sol espectacular sobre el lago de Atitlán hizo que detuviéramos el auto. nos bajamos corriendo para ver la puesta desde un mirador. Uno de los alumnos que nos acompañaban como asistentes corrió hacia el coche por la cámara, Roberto, viejo lobo de audiovisuales, le dijo, no, “este que quede sólo para nosotros”. Años después, al presentar el documental utilicé la anécdota para decir cómo Roberto en algunas veces encendía el corazón y apagaba la cámara. Cuento la anécdota porque creo que, si bien muchas personas registran cada vez más sus cotidianeidades en formato digital (y me incluyo sin duda), lo mejor de la vida sigue sin poder “capturarse” y, al menos a mi me pasa que, en momentos únicos y deliciosos, ni me acuerdo de sacar la cámara. Por otro lado, una de las cosas que más me gusta de fotografiar es poder compartir con las personas lo que vi en determinado momento y en determinado lugar, es decir, un acto totalmente social. Interesante para discutirlo.

  2. Gracias, Tesista! Tu aportación me parece muy interesante en cuanto aporta un elemento que suele pasarse por alto y es la significación social de la práctica fotográfica. Dicho de otra manera, la pràctica de la fotografía como una práctica social. Se toma una fotografía para algo y para alguien. Mmmmm, además, a veces, la misma práctica de tomar una fotografia es un acto colectivo. A veces, es el mismo momento de tomar la foto que deviene un momento único de sociabilidad, de complicidad entre los actores y la cámara que redefine el contexto y por tanto, el espacio y su significación. De momento, lo dejo ahí.

  3. hummmmmm…
    Leyendo el post he recordado las polémicas sobre la presencia masiva de cámaras (de foto y video) en manifestaciones y otras acciones reivindicativas…
    Por un lado, está la asunción de los propios actores de que, gracias a la tecnología digital y la red, pueden dar un testimonio real y no mediado (o mediado por los propios participantes) de lo que ocurre en la calle, sin necesidad de los mass media.
    Por el otro la extraña sensación que produce que haya tantas cámaras como participantes, y el peligro de la difusión de caras reconocibles. Alguien preguntaba por las redes: “¿protestas o sólo miras?”.
    Desde la tecnofobia, se cae muchas veces en el binomio espiritualidad-humanidad-naturaleza/tecnología, ¡como si no nos fuera el alma en el acto de encuadrar y obturar! ¿Y quien no quiere un recuerdo de ese dia en que…?
    ¿Cuanta tecnología es asumible por nuestra emotividad? Releer una carta manuscrita, con maravillas de la civilización como el lenguaje y el alfabeto; llorar con una película, prodigio técnico de celuloide y estroboscopio; recordar a través de una fotografia digital, con su sensor CCD y su memoria SD…
    Aunque la verdad, me cuesta bastante sacar la cámara y hacer una foto… XP

  4. Sí, antes sólo llevaban cámaras los periodistas, algun manifestante amateur y seguramente algún policía. Ahora es una práctica massiva. Deberíamos analizar en detalle este juego de representaciones y de mútuas vigilancias. Aunque la relación sigue siendo asimétrica y fotografiar a la policía puede acarrear problemas (como en el caso del chico en una manifestación que fue acusado de agresión y se demostró por una filmación de TV3 que sólo intentó hacer una foto a un mosso), la gente va a las manis con su cámara o su móvil e incluso filma el proceso de ir a la mani y luego lo cuelga en youtube, a veces sólo como testimonio o recuerdo, a veces como estrategia alternativa a los mass media. Tomar fotos es no es un acto pasivo de “sólo mirar” sino que entiendo que se ha incorporado a la misma práctica de “manifestarse” y tiene un sentido “activo” de implicación personal para el participante que la utiliza. Pero el hecho que se debata su pertinencia me parece relevante.

    Tomo nota de la aplicación del binomio natural-auténtico/artificial-mediado a la comprensión de la experiencia como parte de un arraigado “sentido común” del cual bebe también la distinción naturaleza/cultura.

    Esta discusión también me recuerda mi propia experiencia estètica. Cuando un paisaje me impresiona sé que la mejor forma de empaparme de lo que me rodea no es tomando una foto, sino aplicar una técnica del tai-chi llamada bu-chi o “abrazar el arbol” y que consiste en una meditación de pie, con las rodillas ligeramente laxas, los brazos en círculo y manteniendo la mirada atenta y vacia a la vez en una exposición que puede durar de unos minutos a media hora. Esta posición es ideal para absorver sensorialmente un paisaje y poderlo evocar a placer, pero además… si tengo la cámara a mano, pues hago una foto!

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