el último reto de la cultura

Sigo con Youtube, está despertando pasiones en un buen número de periodistas que se hacen eco de este “nuevo fenómeno cultural” o social, depende de como se enfoque la cosa. Esta vez es Llàtzer Moix en el artículo de La Revista del domingo 31 de diciembre (que no està online sino es previo pago o micropago, por eso, me remito a un pequeño extracto traducido por profeTIC). Empieza el artículo estableciendo la división que tanto le gusta a Adolfo (jeje) y que hizo trinufar el libro de Sherry Turkle: la vida real/la vida en la pantalla (o delante de la pantalla, el autor del artículo lo equipara, yo no sé si debería). El escrito también se hace eco de la utopía asociada a la vida virtual, pero asociándola a una vida frívola, ya que se aleja de la “vida real”, esa cruda realidad llena de atentados y fanatismos, paralela a la divertida vida en la pantalla. Cito un fragmento del final: “(…) ¿Significa todo ello que hemos alcanzado un grado de desarrollo cultural suficiente como para entregarnos de pleno a la diversión videogáfica? Quizás sí. O quizás no. En el 2006, mientras milones de jóvenes ciudadanos compartían fragmentos de vida virtual en YouTube -o en otros exitosos foros de interrelación visual, como MySpace-, la vida real seguía presentando aristas cortantes (…). La vida virtual crece. Pero la vida real, con todas sus rémoras, con sus deficiencias culturales, se niega a desaparecer.” También nos habla del “retorceso de la palabra escrita, pese a la proliferación de blogs y bloggers”, oponiendo el mundo de la imagen al mundo de la palabra -más culto y sensato, parecería dar a entender, que el “expansivo y atomizado neouniverso de la imagen”-. Y destaca que la revista “Time” haya escogido como persona del año un anónimo “Tú” equivalente a cada uno de los humanos con conexión a Internet. Internet democratiza el control de la información y la producción cultural… pero esta producción cultural parece ser insustancial: futbol, sexo y rockandroll… la impresión al leerlo es que aquí opera otro doblete de contrarios: baja cultura frente a alta cultura; cultura popular versus cultura realizada por los verdaderos profesionales de la cultura. ¿De qué sirve que cualquier persona se convierta en emisor de contenidos audiovisuales a todo el mundo? ¿Qué transformación cultural supone esto? Estoy de acuerdo con Llàtzer Moix de que es un reto para cualquiera intentar dar sentido a este nuevo fenómeno de comunicación de masas. Sin embargo… ¿Cómo hacerlo? ¿De qué herramientas disponemos? ¿Por dónde coger la cosa? ¿Sirve analizarlo en función de su cara positiva -democratización- y su cara negativa -frivolidad-? ¿Son esas sus caras? ¿Hay más? ¿Por qué no aceptar de una vez que los chismorreos son parte también de la cultura -sin distinciones ni altas ni bajas-? Esto me recuerda al artículo de Mayans sobre la banalidad en los chats de Internet. Es cierto que en mi trabajo de campo participé en muchos chats de lo más banal, pero también me ví enfrascada en sesudos debates filosóficos. En la red hay de todo, como en botica, y un análisis de polaridades de este tipo nos soluciona, a mi entender, bien poca cosa. Eso sí, nos deja perplejos (de momento lo dejó aquí).

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