
Bueno, ya está, ya se hizo la presentación de “La búsqueda de una mirada”. La verdad es que me emocioné y quiero plasmar aquí mi propia crónica personal e intransferible. En la presentación me sentí acompañada por Verena Stolcke, presidenta de l’ICA y una gran persona, cuya fuerza e impulso nos obliga a seguir adelante. Gràcias a Dolors Comas, que se acordaba de mis primeros tientos antropológicos por el camino de la imagen. Me gustó lo que dijo sobre que al leer el libro no podía evitar “mirar doble”, tener presente las dos perspectivas de la antropologia visual: la imagen como método y como objeto de estudio; como práctica antropológica y como una mirada interesada hacia las políticas de la representación, que tanto contribuyen a construir nuestra vida común y a perpetrar nuestros conflictos. Sí, pensaba mientras hablaba, que cada uno de nosotros “inventa” y “crea” su campo, su objeto de estudio. A mí me costó, pero ahora ya no me siento como una pionera abriendo brecha, sino que pienso más en el “networking”, en encontrarnos y compartir. Por suerte el universo de la antropología visual se expande y se transforma, y ahora, con Internet, pienso que será mucho más fácil la distribución del conocimiento audiovisual, que era el gran problema del cine etnográfico, no sólo su pequeña audiencia, sino sus limitadas vías de distribución.
Me gustó a a Jordi Grau le gustara el título del libro. Reconozco que me costó atreverme a usarlo, pero que sus resonancias fueron más fuertes que yo y así salío. Recuerdo cuando empecé el proyecto de mi tesis doctoral, que ahora, después de más de 10 años que se terminó, siento que finaliza. Tenia una frase para empezar, así, en la página en blanco que abre los trabajos y después de la dedicatoria, que inspirada por la lectura de Foucault decía algo como: “Una mirada nunca es inocente, busca mirar atrapada en las relaciones de poder y….”. Pompeu Casanovas me dijo, quita eso del poder, del género, y todas esas cosas, y deja la mirada limpia, como “una mirada que busca mirar”. Y así quedó y esa búsqueda de una mirada me ha seguido desde entonces.
De Josep Maria Català me hizo gracia que recordara la primera vez que me vió dar clases en el Master de Documental Creativo y mi obsesión por desplegar sobre la mesa los libros sobre antropología visual y cine etnográfico que llevaba conmigo, como parte de mi “escenografía” docente. Sí, quería mostrar a los estudiantes la materialidad de la mirada. Que la antropología visual era algo que “existía” y que no me lo inventaba yo. Entonces no existía Amazon, y la distribución de libros tan específicos y sin traducción, era realmente difícil. Así, los estudiantes podían ojear sus hojas y ver qué les podía interesar. Además, me gustaba rodearme de mis fetiches. Y aún lo hago.
Agradezco a todas las personas que vinieron su co-presencia. En estos eventos siempre tienes miedo de que no venga nadie, que todo el mundo está muy ocupado y que una presentación suele ser algo aburrido. Espero que les resultara agradable haber venido, aunque no hubo copa de cava, ni libros, ni nada. No sé que dirá mi maestro blogger sobre este post tan personal, pero agradezco que estuviera allí, y lo mismo digo de mi anti-pasti preferido. Contar con la mirada de Ulises fue una delicia (nunca mejor dicho) y con los colegas de la UOC y con amigos que no veía hacía tiempo, y con mis estudiantes, que espero que, como dice la canción de Lluís Llach, vayan siempre más lejos y tracen sus propios mapas y rutas, y que se acuerden de compartir sus hallazgos.